Vigorexia: la peligrosa obsesión por tener el cuerpo “perfecto”

vigorexia

Hay personas para quienes nunca es suficiente. No importa de lo que se trate: placer, comida, videojuegos, etc.

Lo que para muchos es difícil de creer es que haya quien tenga este tipo de conductas en el mundo del fisicoculturismo y del deporte.

A este trastorno se le llama vigorexia y, lamentablemente, sus cifras van en aumento.

Si quieres conocer a mayor profundidad qué es la vigorexia y determinar si pudieras estar sufriéndola, entonces lee este artículo hasta el final. Seguro que te será muy útil.

Definición de vigorexia

A esta también se le conoce como dismorfia muscular y el rasgo principal de quien lo tiene es que constantemente está pensando en desarrollar los músculos de su cuerpo.

Da igual que estos sean grandes y estén definidos, nunca será suficiente.

Si los músculos no son grandes, entonces existe una preocupación por verse débil.

La vigorexia aparece dentro del Manual de Diagnóstico y Estadística (DSM-5) y se le clasifica dentro de los trastornos dismórficos corporales por lo que guarda relación con la anorexia.

Si la explicamos en conductas, entonces podemos decir que alguien puede pasar muchas horas en el gimnasio, aun cuando ya esté extenuado.

Tal patrón se repite de forma frecuente (incluso diaria).

Además de esto, las dietas extremas son parte de su día a día. La misión de estas es sumar todo el músculo que se pueda.

Otra conducta reiterativa es la obsesión por verse en el espejo, aun cuando esté en las situaciones menos apropiadas para ello.

vigorexia
La forma en que nos vemos es vital para evitar los trastornos dismórficos.

Perfil psicológico de una persona con vigorexia

En el fondo, una persona vigoréxica siente inseguridad. Su meta es ser reconocido por los miembros de su comunidad.

Normalmente, el deseo de representar un elemento de atracción sexual para los demás es un gran motivador.

De este modo, la vigorexia tiene a la fuerza de la sexualidad como una gran detonadora.

Por tanto, es una forma de reafirmar la masculinidad, sin importar que sea hetero u homosexual en su interrelación con otras parejas.

La simbología que se oculta detrás de esta conducta es la de la fuerza, el vigor y la potencia.

A partir de esto se desprende un peligro sustancial: el de creer que una persona que se ejercita en exceso es alguien sano.

El exceso de ejercicio, sin importar el que sea, no equivale a salud. Todo lo contrario.

Por una parte, el riesgo de lesiones aumenta considerablemente y por otra se comenten una serie de actos que ponen en riesgo la salud como la ingesta excesiva de suplementos o el consumo de sustancias químicas dañinas como esteroides.

También es común que recurra constantemente a las comparaciones con personas que hagan vida pública en redes sociales.

Su obsesión por lograr el cuerpo “perfecto” y con gran cantidad de músculos no le permite darse cuenta del daño que se hace.

En su forma de verse a sí mismo, nunca se es tan grande como debería ser según su modelo de ver el mundo.

 

¿Cuáles son los factores de riesgo para desarrollar la vigorexia?

Aunque no se tiene conocimiento a ciencia cierta sobre quienes son las personas con mayor tendencia a desarrollar la vigorexia, hay algunos factores que son predominantes en ellos. Por ejemplo:

  • Las experiencias negativas durante la niñez como los casos de bullying o acoso escolar.
  • Comentarios negativos acerca de su tamaño o de su contextura.
  • Personas que han competido a un alto nivel en deportes como el fisicoculturismo.
  • Personas con tendencia a recibir la aprobación constante de los demás, lo cual puede conducir a la competencia desmedida.

 

¿Cómo prevenir la vigorexia?

Muchos de los elementos que detonan este trastorno dismórfico pueden ser atendidos desde mucho antes de que se sucedan.

Algunas formas de prevenirla son:

1. Psicoeducación

Este aspecto es importante si se realiza desde las etapas tempranas de vida.

La niñez, la preadolescencia y adolescencia son momentos en los que, lejos de hacer comentarios críticos acerca del cuerpo que no es “atlético”, deberíamos fomentar la aceptación de las particularidades propias de cada uno.

Si algún propósito debería guiar la preocupación por ciertos hábitos alimentarios o el sedentarismo ese es la búsqueda de la salud, no de un estereotipo corporal.

El bullying en las etapas tempranas de la vida puede ser determinante para la aparición de la vigorexia en la adolescencia y adultez.

2.Límites sanos al ejercicio

Sí al ejercicio responsable, pero no al abuso del cuerpo.

Quien abusa de su cuerpo sometiéndolo a agotadoras jornadas de ejercicio está abusando de sí mismo.

Un tiempo prudencial para ejercitarse con pesas y máquina va desde los 30 minutos hasta 1 hora al día.

A menos que seas un atleta de alta competencia, pasarte de este tiempo es contraproducente.

3.Cuidado con las aplicaciones que cuentan calorías

Una vez más, a menos que te dediques a la alta competencia, no tienes por qué someterte a la “vigilancia” continua de este tipo de aplicaciones.

Si estas no son gestionadas de la forma correcta, el riesgo que se corre es el de obsesionarse con cada alimento que se ingiera, bien porque se coma en muy poca cantidades o bien porque se termine comiendo, pero con culpa.

4. Asesoría de un especialista en materia de suplementación

La idea de consumir esteroides seduce a muchos de quienes obtener resultados rápidos.

Esta es una mala idea porque, aunque permite alcanzar rápidamente la meta de crecimiento muscular, el precio que se paga es muy alto.

Las consecuencias incluyen problemas en el corazón, riñones, hígado y otros órganos vitales.

Si vas a consumir proteínas en polvo y otros suplementos, hazte asesorar con un verdadero profesional. Cuidado con aquellas personas que te asesoran y te venden el producto al mismo tiempo.

 

Conclusión acerca de la vigorexia

La vigorexia es solo la punta del iceberg.

Comenzar por aceptarse es una buena forma de prevenir y abordar este trastorno.

El problema radica en que es más fácil decirlo que hacerlo porque una vez que se tiene la conducta, hay algún tipo de ganancia que impide dejarla: reconocimiento, fama, sensación de fortaleza, etc.

Si tienes problemas para gestionar tu relación con el ejercicio y la alimentación, es deseable que busques ayuda profesional.

Las consecuencias de no hacerlo pasan por diversas dolencias físicas, algunas de ellas realmente graves.

 

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