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Qué es ser bicurioso y cómo abordar la bicuriosidad

Qué es ser bicurioso y cómo abordar la bicuriosidad

El abanico de las tendencias sexuales se amplía.

Y no lo hace por simple decreto, sino como una respuesta a gustos y preferencias que pasaron solapados en tiempos pasados debido a las restricciones morales y religiosas que se imponían.

Ahora, como una sociedad más abierta a este tipo de asuntos aparecen palabras cuyo trasfondo merece la pena ser analizado.

Ese es el caso de la palabra bicurioso y aquella que se refiere a la preferencia en sí: la bicuriosidad.

Veamos entonces qué significa cada una de ellas y otros aspectos importantes que pueden ayudarte aclarar tus dudas.

 

¿ Qué es ser bicurioso ?

Aunque algunas personas confunden la bi curiosidad con la bisexualidad hay que aclarar la diferencia en los matices.

El o la bicuriosa es aquella persona que está explorando sí es bisexual o no.

De ahí, a que efectivamente, se tengan relaciones íntimas con personas de ambos sexos hay una distancia larga.

En ese caso, es importante mencionar que la bisexualidad es la atracción directa hacia personas con géneros similares y diferentes al suyo.

La bicuriosidad implica que alguien está haciéndose preguntas acerca de su sexualidad, que está explorando qué es lo que siente incluso cuando no tenga todavía respuestas.

Entonces pensar en bicuriosidad conlleva una gran carga de temporalidad.

Por tanto, ser bicurioso no es para siempre. En algún momento de la persona cuando ayuda asumirá una postura, aun cuando sea abierta será una postura al fin.

qué es ser bicurioso
Cualquiera, sin importar su orientación sexual, puede ser bicurioso.

¿Cuál es la relación entre la Q de las siglas LGBTQ+ y la bicuriosidad?

La Q en este conjunto de siglas se refiere a la palabra “queer”.

A su vez, esta se refiere a aquellas personas que nos identifican con los roles de género.

Frente a esta situación es común que muchas personas asocien la bicuriosidad con la palabra “queer”, pero esto no es del todo así.

Para avanzar, antes debemos comprender qué las definiciones de “bicuriosidad” y “queer” no son sinónimos exactos.

En tal sentido, ser bicurioso no se refiere a la sexualidad, así que tampoco se puede emplear como un identificador de género.

Debemos recordar que la persona bicuriosa tiene la inquietud acerca de cuál es su preferencia, pero ello no necesariamente implica la práctica sexual.

En cambio, el término queer sí es clara frente a la idea de tener una identidad, la cual es, justamente, no tener una identidad de género según los estándares comunes.

La palabra queer habla de una forma de concebir la sexualidad distinta a la heterosexual y a la cisgénero.

De ese modo en el ser queer se describe una orientación sexual, en el ser bicurioso, no.

 

¿Cuál es la diferencia entre bisexualidad y la bicuriosidad?

Aunque actualmente hay personas qué consideran que la palabra bisexualidad debería incluir la categoría bicuriosidad, otros están a favor de la postura opuesta.

Recapitulemos: una persona bicuriosa puede ser heterosexual o incluso no haber tenido ninguna práctica sexual, tal como se ve en el caso de la adolescencia.

En la bisexualidad hay seguridad, hay alguien que sabe que se siente atraída por personas de géneros similares al suyo, pero también de géneros distintos.

Cuando alguien se declara bicurioso, en realidad está declarando su duda, su incertidumbre al respecto de lo que considera como atractivo en el ámbito sexual.

 

¿Cuál es son las rasgos principales de una persona bicuriosa?

Aunque dar respuesta a esta pregunta no es imposible, tampoco es algo que se pueda hacer con total precisión.

Comencemos por decir que cualquier persona puede serlo.

De hecho, no hay una edad específica para vivir la bicuriosidad.

Ciertamente, en la etapa de la pre adolescencia y de la adolescencia, es más factible que se den las dudas acerca de la sexualidad.

Sin embargo, pensemos también en qué para que surja una duda lo que la hace falta es cuestionarse las certezas.

Alguien heterosexual fue llegar a un punto específico de su vida, por ejemplo, en la adultez, en el que se cuestione su sexualidad, sin necesidad de declarar otras preferencias sexuales distintas a las que tenga actualmente.

Lo mismo podemos ir acerca de una persona homosexual o lesbiana.

Ellos también pueden ser bicuriosos.

El trasfondo de la bicuriosidad es el de las personas que explora la atracción por género similares y distintos al suyo.

 

¿Por qué se genera tanta polémica detrás de esta distinción?

Una de las primeras respuesta que aparece frente a esta pregunta es la presunción de promiscuidad.

Algunos equivalen las dudas acerca de la sexualidad a la búsqueda constante de nuevas parejas.

Y esto no es así.

Por otra parte, algunas personas de la comunidad LGBTQ+ temen salir perjudicadas y ver afectadas las distintas reivindicaciones que han logrado.

Incluso, temen que esta curiosidad termine por involucrarlos en relaciones con personas que, en sus ganas de experimentar qué es lo que sienten, opten por salir con ellos a medias.

Por último, no podemos dejar por fuera la inquietud que sienten muchas personas por la forma en la que los demás consiben su sexualidad, sobre todo, aquellos que se declaran tradicionales.

¿La bicuriosidad requiere atención psicológica?

No. Al menos en primera instancia no.

La bicuriosidad no es en sí misma un trastorno ni una condición.

En todo caso, es un estado de duda temporal que, si no se atiende a tiempo, si puede convertirse en un problema.

Son más bien las consecuencias de cómo interfiera tal situación en su vida cotidiana las que pueden requerir apoyo psicológico.

Es la no aceptación de la duda, la permanencia constante en ella o las consecuencias de entrar en relaciones sin la debida madurez, las que puede necesitar de un psicólogo especializado.

 

Conclusión

Si estás en un proceso de duda conoces a alguien que lo esté, toma en consideración que ser bicurioso no es algo por lo que los demás deban juzgarte como si se tratara de un problema.

Dudar de los gustos y preferencias es algo natural que muchas veces se nos coarta por ese afán de etiquetarnos de una forma.

Además, en las culturas con predominancia machista, dudar de la sexualidad no está bien visto.

Se supone que cada quien debe estar plenamente seguro de lo que es y asumir su rol sin chistar.

En esta forma de pensar hay bastante de imposición, incluso cuando se apele a ámbitos como la religión o la genética.

Si tienes dudas y después de leer este artículo te consideras bicurioso o bicuriosa, vívelas con responsabilidad.

Si no sabes cómo hacerlo, pide ayuda y orientación profesional.

 

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