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Qué es la gamofobia y cómo saber si la tienes

qué es la gamofobia

El matrimonio es un evento muy importante en la vida de cualquier persona, así que es normal pensárselo bien antes de dar un paso como este.

Sin embargo, hay personas a quienes no les basta con pensar en ello, incluso, sienten un miedo tan profundo a casarse que ni siquiera lo contemplan entre sus opciones.

Existe una explicación para este fenómeno y es la que te describiremos a continuación. Comencemos por entender el concepto en el que se sustenta tal miedo.

¿Qué es la gamofobia?

Es un miedo excesivo al compromiso y al matrimonio. Al respecto, es importante diferenciar el compromiso como actitud frente a una situación específica del compromiso como acto en sí que, normalmente, va previo al matrimonio.

Queda claro entonces que la gamofobia es también el miedo a comprometerse, pero no con un proyecto o una relación.

La gamofobia, como cualquier fobia, tiene como característica principal un miedo fuera de proporción, el cual se gatilla por una percepción de peligro que, aunque no es real, esa persona no puede procesar como tal.

¿Cuáles son los síntomas de la gamofobia?

Lo más obvio de la gamofobia es el miedo al compromiso o al matrimonio. Sin embargo, más allá de esto, hay otra serie de síntomas físicos evidentes que son señales a las que prestar atención.

Estos son:

  • Sensación de ahogo o falta de aire.
  • Mareos.
  • Hiperventilación.
  • Ataque de pánico o sensación de muerte
  • Sudoración fría
  • Temblores

Además de estos síntomas, la gamofobia también provoca otros físicos, emocionales y conductuales que están acompañados de pensamientos negativos.

qué es la gamofobia
La gamofobia puede traer muchos inconvenientes en la dinámica de la pareja, incluso el fin de la misma.

Causas de la gamofobia

Como sucede con cualquier fobia, no hay solo un factor determinante para su aparición.

Entre los que más destacan están los siguientes:

Estilos de apego inseguros

John Bowlby, psicólogo británico, se dio cuenta de la importancia de la madre o de una figura segura cuando estamos en los primeros años de nuestras vidas.

Si las experiencias de los niños eran negativas porque no sentían cubiertas sus necesidades emocionales o de cuidado, cuando estos crecían, tenían un miedo intenso al rechazo o al abandono. A partir de esto, las relaciones, sobre todo, las de pareja, se hacían traumáticas.

Un niño o niña que se haya sentido seguro en sus primeros años de crianza, tenía un apego seguro que le permitía relacionarse con otras personas desde la confianza en sí mismos.

Lo mismo no sucede con los apegos inseguros, pues estos viven con la angustia de que sus parejas terminen la relación y les haga experimentar de nuevo aquellas sensaciones primarias de la infancia. Por supuesto, esto no es necesariamente consciente, lo cual hace más difícil su tratamiento.

Experiencias negativas

Nos guste o no, el pasado nos condiciona. A algunos más, a otros menos, pero tal condicionamiento es inevitable.

Por ejemplo, los niños que crecieron en hogares disfuncionales, cuando son adultos, es probable que eviten entablar relaciones profundas, pues el modelo de pareja que aprendieron no es precisamente el más atractivo.

Si alguien aprende que la vida es pareja está llena de conflictos y problemas, ¿para qué tener pareja entonces?

¿Cómo se diagnostica la gamofobia?

El término gamofobia ni sus síntomas aparecen en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5).

Por tanto, esta no es una condición que tenga diagnóstico clínico, por lo que el terapeuta debe abordarla a partir de otros criterios similares, por ejemplo, como los que describen otras fobias o la ansiedad.

De cualquier modo, algunas evidencias como una respuesta de ansiedad frente al estímulo, en este caso, el compromiso o la idea de matrimonio, son señales frente a las que hay que buscar ayuda.

Además, la respuesta debe ser consistente en el tiempo y no estar circunscrita a un momento específico como una ruptura de pareja ni a algún trastorno como el Trastorno Obsesivo Compulsivo.

El diagnóstico, más allá de servir como una etiqueta para presentar una solución de manual, debe servir para un primer acercamiento en el abordaje, de modo que el paciente comprenda con mayor precisión lo que le sucede.

¿Qué hacer con la gamofobia?

Como con cualquier miedo, el solo acto de reconocerlo es un primer avance. Posterior a esto, hay una serie de acciones, todas muy útiles, que te ayudarán a cambiar la reacción que tienes acerca del compromiso y el matrimonio. Esta son:

Revisa tu historia

¿Cómo han sido tus relaciones anteriores? ¿Es común que termines por alejar a la gente, incluidas tus parejas? ¿Te sucede que, aunque la relación vaya bien, te autosaboteas y comienzas a buscar hasta el detalle más pequeño para magnificarlo y tener la justificación de alejarte?

Reflexionar acerca de la crianza y de cómo fueron atendidas tus necesidades emocionales en la infancia es una buena forma de seguir explorando este camino.

Piensa en lo que quieres realmente

Muchas personas se ven sometidas a la presión social y procuran corresponder a ella comprometiéndose y casándose. ¿Qué pasa si eso no es lo que quieres en realidad? El miedo es también una respuesta adaptativa y productiva depende de cómo se gestione.

Haz alguna actividad que te relaje

Dedicarte tiempo de calidad es vital, sobre todo si este tiempo contribuye a tu paz y tranquilidad. Esto no cambiará significativamente tu miedo, pero te permitirá pensar con más claridad y tomar mejores decisiones al respecto.

Lleva un diario

La gran ventaja de llevar un diario y registrar en él lo que sientes y piensas es que esto te posibilita el descubrimiento personal y la toma de consciencia acerca de lo que estás viviendo.

Además, si este trabajo está acompañado de un psicoterapeuta especializado, su efecto se potencia.

Pide ayuda profesional

Querer resolver este tipo de asuntos por tu propia cuenta puede ser contraproducente en el momento en que te encuentres con dificultades, pues sentirás frustración y puede pensar que el cambio no es posible. Déjate guiar por alguien que sepa cómo ayudarte, que pueda pararse en la montaña de en frente y decirte lo que ve en la tuya, pero que además sepa cómo impulsarte hasta la cima.

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