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Tensión Psicológica, Psicoterapia, y Tiempos Complejos

evaluación personal
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Preámbulo

El motivo para la elaboración de este artículo, surge a partir de la necesidad de comprender y construir sentido a través de la reflexión psicológica en torno al estado actual de pandemia. El fenómeno del coronavirus nos ubica entre algo no muy claro, pero que pareciera estar siendo determinante para la existencia humana. La imagen invisible de la muerte, se hace notar a través del desprendimiento de hechos notables e imaginados, que definen una realidad general y particular del tema covid-19. De la experiencia que transitamos, podemos asumir un proceso de elaboración psicológica partiendo de la enfermedad, que se esparce por el mundo, surgiendo este en nuestra conciencia, como mundo sintomático.

El virus no es la única expresión de este mundo que llega a verse enfermo. Ya los eventos catastróficos que se enmarcan en la historia de la humanidad, confirman los entramados que definen la experiencia de destrucción y muerte a gran escala. Pero el virus sí es una gran manifestación del tiempo presente, trayendo por lo tanto la obertura para un nuevo significado – o significados- en miras al futuro que ya no es el mismo futuro imaginado algunos años atrás. Qué es todo esto? cómo se vive esta situación? Qué pasará más adelante? Estas y otras preguntas afines comienzan a surgir en este proceso de elaboración y adaptación en la experiencia del coronavirus.

Podríamos describir esta expansión que afecta a todos como una gran sombra del mundo sistemático:

arquetipo“Vivimos en lo que parece un mundo de ciencia ficción en este momento, y el desafío es aceptar esto como una realidad y no dejarlo de lado y descartarlo como una fantasía. Ha sucedido tan rápido. El Umbra Mundi invadió nuestro inestable mundo sin previo aviso y en silencio, y amenaza con deshacer el delicado tejido de nuestra vida colectiva a nivel mundial.” (Stein, 2020).

La enfermedad impera en el mundo, como manto negro invisible, ubicándonos en el límite de lo hasta ahora conocido en términos del común saber vivir con estos microorganismos, agentes “al servicio del morir”. El coronavirus viene a deshacer lo vivo humano. Ya sea como hecho intencionado o arma biológica para fines de dominio totalitario por parte de elites mundiales, y/o como derivado de la naturaleza en sus procesos de transformación, este virus a causado un impacto mundial por su gran carácter de afectación, viniendo en el marco de inicio de una nueva década, y afectando todo el movimiento de lo humano hacia afuera, sin promesa de término efectivo en el tiempo…

“No pretendo ser profeta, pero es imposible bosquejar el problema anímico del hombre moderno sin mencionar la nostalgia de sosiego en el estado de desasosiego, ni el deseo de seguridad en la situación de inseguridad. Las meras formas de existencia surgen de la menesterosidad y las necesidades, no de las exigencias ideales ni de los meros deseos. Tampoco es posible en rigor exponer un problema sin indicar al menos la posibilidad de una solución, aunque con ello no se diga nada definitivo. Tal como se presenta hoy el problema, nada hay decidido sobre su futura solución. Hay, igual que siempre, unos que se esfuerzan por retornar resignados a lo anterior mientras las naturalezas optimistas intentan transformar las cosmovisiones y las formas de existencia” (Jung, 1928).

Tensión Psicológica

Todo indica que el contagio a través de este virus es real, pero empiezan a desprenderse muchas dudas por el cómo se van constituyendo los hechos de prevención e intervención en todo el mundo, donde una premisa o versión oficial va dando cabida a múltiples formas de explicación y proyección de causales y pretensiones… Este virus pudo haber sido el resultado de la naturaleza indómita, así como de la síntesis en laboratorios; nada nos extrañaría cual de estos fuera su origen, teniendo en cuenta tanto el poder devastador de la tierra como de la mente oscura del hombre. Lo que en psicología nos compete, más que hacer este tipo de distinciones causales o definitivas, es estar presentes reflexivamente ante lo que se va configurando como la expresión de un mitema o imagen arquetípica -Noche o Sombra del mundo (Stein, 2020)-, que va más allá de las causas personalistas o biologisistas, pero que cierne sus bases en lo propio de la experiencia pandémica, imponiéndose en el todo humano- terreno.

arquetipoBajo este gran evento en el mundo, la tensión psicológica que se empieza a experimentar debido a las medidas de confinamiento tampoco es nueva en sus elementos -psicoafectivos- constitutivos; ya que la angustia, la ansiedad, la sugestión, la depresión y la fragmentación psíquicas, han sido fuentes tanto de sufrimiento como de inspiración a lo largo de la historia del hombre. Lo que define como particular este hecho traumático, se corresponde con el sentido presente y de efecto global-totalitario, conllevando una gran potencia animosa y numinosa que desemboca en estremecimiento y consecuencias significativas en un todo psíquico y material. Con esta cuestión del virus todo se ha puesto en juego, resintiéndose el equilibrio de una conciencia que ya venia con fracturas y deudas respecto a su relación con el mundo anímico – subjetivo- y la tierra sensible.

Muchos síntomas, cuya raíz es el prístimo miedo a la aniquilación, irán derivando del estrés en el encierro y bajo la incertidumbre ante el devenir financiero, señalando un movimiento anímico que emerge como necesidad de readaptación y autoregulación. No basta con exponer aquí una serie de síntomas derivados de la cuarentena que van siendo más o menos reconocidos y expuestos por muchas personas; vale considerar más bien que estaremos siempre “en compañia” de la angustia, o algo que va tomando forma de esta, en la mente y el cuerpo, según como los meses transcurran con este tema-problema. Lo “normal” es que exista la tensión entre consciencia e inconsciencia, como un llamado de atención, en el sentido de la reflexión, sobre lo que somos como individuos y lo que somos y hacemos en comunidad. Los cambios en el estado regular del ánimo son los primeros indicadores de que algo pasa no solo en los cuerpos, y las manifestaciones psicosomáticas por igual indican de una identificación inconsciente con el mundo enfermo, especialmente en personalidades tendientes al control y perfeccionismo afuera.

En esta crisis podemos observar algunas orientaciones como modo de afrontamiento, que contienen implícita esta gran tensión entre consciente e inconsciente: (1) Muchas personas se orientan desde una postura de indiferencia, negación o resistencia, con una leve consideración de la crisis y sus efectos en sí y en otros; esto engendra un potencial peligro para el sentido de seguridad y continuidad consciente, ya que conlleva una regresión en dirección naturalmente inconsciente, a-crítica, soluble hasta desaparecer el individuo; esta postura es como una rendición sin reflexión, como un suicidio, o como una negación de la realidad con prepotencia.
(2) Otros semejantes tienen un motivo válido o valeroso para darse en lucha sin dejar morir la orientación consciente y la creatividad; no me refiero solo a los pensadores, contemplativos y artístas, sino además, al personal médico y sanitario, a los agricultores, transportistas, técnicos y administrativos, que, además de exponerse, son los que mantienen el circuito básico de abastecimiento y atención en temas de primera necesidad. (3) Hay quienes sienten y significan esta situación como un mismo continuo de lo que ya llevaban como estilo de vida anterior, solo que de forma empeorada; sus trabajos y rutinas han cambiado solo en lo virtual, y esperan que

todo esto pase, teniendo que haber aprendido alguna lección de todo esto, si es qué…; esta no deja de ser una postura defensiva, ya que entrama ese sufrir sin sentido, en una eterna tensión consciente e inconsciente sin posibilidad de trascendencia o fruto simbólico.

Atención Psicológica y Psicoterapia

psiqueEn sesiones virtuales con pacientes adultos, entre los 19 y 50 años, he podido notar como para algunos resulta oportuno el estado de confinamiento, sin negar las molestias o el estrés que esto conlleva y sin olvidar seguir haciendo sus vidas. Algunos han podido descansar del movimiento extravertido del mundo, logrando ellos mismos vincular con sus procesos subjetivos complejos, de una manera mas cercana a su verdad individual y ser completo en términos de personalidad. Gracias a la psicoterapia, las personas van vinculando, de una manera incluso algo dolorosa pero paciente, aspectos indiferenciados o conflictivos de la totalidad psiquica, procurando un sentido de autorregulación día a día, en medio de la crisis, pudiendo reconocerse en su legitimidad, incluso en el miedo real y en la sensación de vulnerabilidad. Algunos han contrastado una vida externa que de una u otra manera cristalizaba la energía psíquica en pro de figuraciones narcisistas exigentes, excesivas y distónicas para con la verdad del ser. Es paradójico entonces como la cuarentena además de prevenir un contagio literal que viene del afuera, absorta en el procurar alivio y arreglo psíquico en la dimensión intrínseca del ser, a través de la confrontación con las imágenes de lo inconsciente, con las ideas secretas, los afectos irresolutos y los anhelos asfixiados. Lo que algo nos viene a entregar esta situación tiene que ver justamente con ver más allá de lo aparente, con el fin de tratar con el tema arquetípico de la muerte.

Negar la angustia que conlleva esta situación del mundo, sería ahogar la expresión legítima de lucha por la sobrevivencia, trayendo impotencia, ansiedad y depresión. Por otro lado, quedar presa de la angustia, sin ninguna forma de trato o elaboración de sus aspectos profundos, acarrearía una desorientación o desintegración de la consciencia, terminando en autodestrucción. Obviamente estas son dos orientaciones complementarias, pero que pueden hacerse extremadamente defensivas o unilaterales perpetrando enfermedad. La psicoterapia favorece la flexibilización de posturas, pero entreviendo los límites justos que gestan el porvenir de lo otro, de lo nuevo; permitíendose un vinculo simbólico entre consciente-inconsciente, yo- otro, síntoma-sentido.

Psique y Catástrofe

En los intentos de elaboración de este gran símbolo de la muerte, las visiones que a nivel colectivo surgen, van desde lo angelical-estelar a lo científico-comercial, atravesando por perspectivas geopolíticas. Al manifestarse como un motivo invisible pero que esta en todas partes, este fenómeno ensancha la consciencia, en vías imaginarias que van correspondiendo con lo que se va expresando día a día a nivel local y mundial a través de los medios, calando como fenómeno energético en lo profundo de todos, en la experiencia interior y exterior, en lo subjetivo que cada uno es y en relación con los otros como somos. El que sean vías de expresión imaginaria no les quita un sentido real, ya que desde tantas imágenes que este detenimiento del mundo va generando como formas de asimilación, es desde donde se está actuado, representando y viviendo lo que viene a ser una relación con un gran nuevo enemigo entre todos nosotros.

Quizás nos llega un eco de esa dimensión de la vida terrena, que ya limita con “la sombra del valle de la muerte” (Stein, 2020). Podemos constatar el virus en contexto, en el ecosistema, entre nosotros, en su dinámica replicante que conlleva la verdad del morir, de la destrucción, y

entrever un “propósito” arcaico que nos vincula o nos vuelve a vincular con esa dimensión tan primaria de agentes patógenos, con la enfermedad y lo vulnerable que también somos.

“Estos virus que son ancestrales, que existen antes que nosotros, que no han evolucionado, salvo algunas mutaciones, y que muchos científicos los consideran “desechos” de una genética más compleja, son seres que permanecen en tanto dependientes. Ellos sólo pueden vivir si se alimentan de otros, y lo hacen con prepotencia, porque no los hemos elegido, no los hemos creado, pero nos traen sufrimiento, dolor, y muerte. Pero ellos tienen algo en común con nosotros, emergen de la naturaleza, son una expresión o un lenguaje de la naturaleza, del océano primordial, de la madre tierra, o como sea, ellos habitan en lado oscuro de la vida.” (Grez & Saiz, 2020)

psiqueEl virus se hace ahora metáfora igualmente de la sombra colectiva, viniendo a mostrar de un modo más realista la dualidad que subyace en la naturaleza misma de las relaciones con el mundo y entre nosotros mismos, siendo emisario esta ves de la realidad de la muerte, del sentido de la destrucción masiva. Justo cuando los recursos humanos y materiales se orientan racional y prepotentemente, a través de la exploración y la explotación del mundo vivo, en función del progreso técnico para la obtención de lucro; justo cuando lo soñado como propósito en la vida obedece ha aspiraciones hedonistas, a la obtención de cosas materiales y posiciones de poder; justo en esta medida y en este momento, emerge lo que relativiza todas estas intenciones, lo que desde la penumbra de la vida, viene a quebrantar la forma humana hasta ahora conocida. En definitiva, un suceso en la tierra que impone desafíos en miras a replantearnos dentro de la totalidad, “devolviéndonos” la consciencia al espectro paradógico de la naturaleza, que nos refleja desde la madre negra, que nos detiene y nos suspende, dirigiéndonos al hogar, al refugio, siendo dependientes pero a la ves agentes sintientes y pensantes, ahora constructores y guías entre nosotros, entre uno mismo con el mundo en sí.

Así como se precisa de una atención sanitaria que enfatiza en el cuidado propio y de la comunidad en términos prácticos y visibles, también emerge la consecuencia, la forma en que lo vamos viviendo, el cómo experimentamos y comprendemos esto desde la dimensión anímica y cultural. Vivimos un suspenso, donde las palabras angustia e incertidumbre se escuchan reiteradamente cuando se alude al impacto psicológico que esta situación empieza a acarrear. La psique se trasluce entre los dominios de grandes paradojas, reflejando en negativo la vida, trayendo la certeza de la muerte, llamando la atención respecto a lo insondable interno en cada uno y en el mundo, engendrando la reflexión en torno a lo vital y significativo.

Desde una perspectiva arquetípica, el caos o la catástrofe nos asiste, a través de psique-tierra- sombra, a la reunión con el valor supremo olvidado del Amor:

“El primer Eros expresa un impulso en el universo. Así como Tierra surgió de Abertura [Caos], de Tierra va a brotar lo que contiene en las profundidades. Aquello que se encontraba mezclado en su seno será expulsado al exterior: ella lo pare sin necesidad de unirse con nadie. Lo que Tierra engendra y descubre es aquello que moraba en la oscuridad de su seno” (Vernant, 1999).

Este artículo fue escrito por:
Juan Alejandro Bohorquez S.
Psicoterapeuta Adultos, Orientación Analítica
Santiago de Chile, Junio de 2020

Referencias

Una Sombra Mundial: COVID 19. Una entrevista con Murray Stein
(Una entrevista con el Dr. Murray Stein, Ph.D. por el Rev. Dr. Robert S. Henderson) https:// porunbuencamino.blogspot.com/2020/04/una-sombra-mundial-covid-19-una.html
2020-04-12

Jung CG, El Problema Anímico del Hombre Moderno (1928). En: CG Jung, Obra Completa Vol 10, Madrid: Trotta, 2001-2014.

Grez C, Saiz ME, Reflexiones Junguianas sobre el Pandêmon. Individuación y Conciencia Colectiva. Trabajo presentado en la Asociación Peruana de Psicología Analítica, abril de 2020, Lima, Perú.

Vernant J-P, Érase una vez…El Universo, Los Dioses, Los Hombres. Buenos Aires: FCE, 1999.

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