La Universidad y la Crisis Vocacional

Jorge tiene  20 años, es un alumno de tercer año de sociología, durante los primeros dos años fue un alumno destacado, sacaba notas nunca inferiores a 5.5, solía eximirse de la mayoría de los ramos y asistía al 90% de las clases durante cada semestre. Le gustaba mucho asistir a la universidad, porque disfrutaba las clases y porque había creado lazos de amistad muy fuertes.

La carrera hasta este momento a Jorge le había parecido interesante, cada semestre iba formando y moldeando un concepto de cómo iba a ser todo una vez que saliera de la universidad, el siguiente paso, el paso al mundo laboral. Jorge siempre se sintió confiado respecto a sus capacidades, a sus metas y todo parecía indicar que iba por buen camino.

Ya solo queda un mes para terminar el primer semestre y hasta el momento Jorge está reprobando 3 ramos, uno de los cuales le significaría atrasarse un año entero, de pronto se siente desganado, ha asistido a la mayoría de las clases pero siente que no entiende, la confianza y las herramientas de antes parecen haberse ido de sopetón,  con total seguridad sabe que reprobará esos ramos, ya no le gusta su carrera y se siente ajeno a todo lo que está pasando en su vida.

“Está pasando por una crisis vocacional” dice la madre de Jorge, con tono molesto, señalando además que su hijo recién en cuarto año se le ocurre decir que no está seguro con la carrera que está estudiando.

Probablemente Jorge tenga la sensación de que todo lo que sintió antes respecto a su carrera no es real, que no es la persona que pensaba.

¿Cómo podemos explicar el cambio?

Jorge vive con sus padres y su hermana, siempre han sido de una situación económica de clase media, son una familia unida. Sus dos padres son profesionales y siempre han trabajado los dos. La hermana tiene 18 años y se supone que este año salga del colegio. Hace un año que al padre de Jorge lo despiden del trabajo, por lo que la madre tiene que empezar a hacerse cargo económicamente de la familia. El padre va de entrevista en entrevista y en ningún lugar lo contratan por ser ya muy mayor. En un comienzo Jorge no le prestaba atención a la situación, ya que pensaba que  eventualmente su padre encontraría un trabajo y que todo volvería a ser como antes.

Poco a poco Jorge se va dando cuenta que la situación no mejora, que las deudas van en aumento, que el sueldo de la madre no alcanza, que el padre se frustra y ahí está él, sin sentirse capaz de ayudar demasiado. Comienza a pensar en el futuro, se da cuenta que el sueldo que él va a ganar cuando se titule es bastante menor a lo que creía, que eligió una carrera poco rentable a su parecer, que lo más probable es que se tengan que ir a vivir a otra parte, que la hermana no va a poder estudiar después de salir de cuarto medio y el mundo tal como lo conocía lo empieza a poner en aprietos y se comienza a sentir exigido por el entorno a que busque una solución sin que nadie le pida nada.  Ya no se puede concentrar, siente culpa de no estar haciendo nada para ayudar a su familia, se siente egoísta de no buscar un trabajo además de la universidad, deja de estudiar para las pruebas, de ir a clases, comienza a sacarse rojos y a empezar a cuestionarse por qué eligió esa carrera.

Jorge está pasando por una crisis vocacional, ya que no está seguro que la carrera que haya elegido sea la correcta para el futuro que alguna vez planeó antes de que despidieran a su padre y se pregunta si acaso debió poner sus energías en una carrera más “rentable”, pensar más en el futuro y si acaso  fue egoísta en elegir una carrera solo por gusto. Todas estas dudas hacen que su rendimiento baje y que la sensación de derrota sea insoportable.

¿Cómo se presentan las crisis vocacionales?

Las crisis vocacionales pueden ocurrir cuando se tiene que elegir una carrera o cuando ya se está cursando una. Es importante poder analizar las causas detrás de dichas crisis y en qué medida se pueden resolver los factores que la provocan.

El contexto chileno hace muy difícil el poder estudiar una carrera universitaria debido a sus altos aranceles y existe la presión de que si no se le va a acertar a la decisión vocacional difícilmente se podrá volver a decidir, sobre todo si ya se está en los últimos años de una carrera.

La carrera que se estudia y que se elige va acompañada de una visión de cómo va a ser el futuro, de cómo ha sido uno, de cómo es uno hoy y va construyendo una identidad, un sentido del sí mismo en relación a una ocupación laboral.

Durante la universidad las personas van creándose un proyecto de sí mismos de forma más manifiesta que en el colegio. Se hace una aproximación más seria al mundo adulto, a un mundo que fomenta más la independencia, la toma de decisiones y la creación de un proyecto en relación a la sociedad (tener hijos, casa, auto, empleo estable, etc).

La vida se presenta como un camino lleno de obstáculos y de cambios, sin embargo, la sociedad en la que vivimos fomenta la construcción de un personaje en relación a una profesión de por vida, la cual debe mantenerse en función del proyecto óptimo del adulto típico.

Muchas crisis vocacionales o cuestionamientos acerca de las decisiones en relación a la dirección de vida que se va a tomar, ocultan situaciones complejas propias del vivir: problemas familiares, económicos, muertes de un cercano, rompimientos de pareja, embarazos, que por supuesto cambian constantemente  la forma en la que el futuro va a ser. Cuando no se van cumpliendo las metas ideales propuestas en un principio pueden aparecer los cuestionamientos (internos o externos), las dudas acerca de las propias capacidades “para terminar lo que empecé”, los deseos de renunciar, la sensación de no poder con la vida.

Justamente la sobre exigencia puede ignorar que los contextos van cambiando todo el tiempo y que incluso nosotros mismos cambiamos y no siempre tenemos las mismas herramientas y aspiraciones.

¿Si todo va cambiando siempre, entonces cómo se puede elegir una carrera que te va a definir de por vida?

La respuesta a la pregunta anterior me parece que idealmente tiene que ser esta: Buscando la opción que más se asimile a tu propia historia.

Lo que no cambia en la vida es que tu historia es tu historia, que lo que te ha acontecido te ha permitido aprender a resolver ciertos problemas, que lo que has aprendido te ha entregado ciertas herramientas, que lo que proyectas a futuro tiene que ver con algo del pasado que se quiere mejorar, pulir o modificar. O sea siempre se es el uno mismo de hoy, movilizándose hacia el futuro a partir de las experiencias pasadas, comprendiendo, sacando conclusiones y aprendiendo constantemente.

El elegir una carrera no puede ser tomado con liviandad y ligereza, no puede ser tomada por que en el momento era la opción menos mala o porque el resto me lo dijo o exigió,
si no existe una claridad respecto de quién soy yo, por qué quiero estudiar, cómo pretendo ser, las probabilidades de éxito son bastante mínimas.

El poder tener una comprensión acabada de cómo se es, para qué se puede ser bueno, pide tener una comprensión más acabada acerca de la historia vivida, implica tener una seguridad respecto de estar en los propios pies al momento de tomar una decisión lo más coherente posible.

Consultar con un terapeuta puede facilitar el poder reconocerse en esa historia y comprender cual es el camino que merece ser construido.