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Higiene emocional : ¿Cómo cuidar tus emociones para vivir mejor?

Higiene emocional

Nuestras emociones son respuestas adaptativas que, de alguna forma, nos sirven para comunicar un conjunto de respuestas frente a diversos estímulos.

Como tal, merecen ser revisadas y atendidas con cierto mimo, pues ellas son nuestra conexión con los más instintivo y forman parte muy importante de lo que nos permite relacionarnos con otras personas.

Si le dedicamos momentos de higiene a nuestro cuerpo, también deberíamos hacerlo con nuestro mundo emocional. A continuación descubriremos en qué consiste esta propuesta y cómo hacer para que nuestras emociones reciban los cuidados pertinentes.

¿Qué es la higiene emocional?

La higiene emocional es un conjunto de acciones y hábitos que ejercemos para cuidar nuestra salud psicológica. Esto lo logramos monitoreando nuestras emociones y tratando las heridas psicológicas que nos causan sufrimiento.

La idea de ver a las emociones como algo de lo que deberíamos hacer cargo a través de la “higiene”, proviene de la idea de la forma en que abordamos nuestras heridas físicas.

Imagina que un día estás picando vegetales en tu cocina y, por accidente, te cortas con el cuchillo.

Lejos de seguir picando como si nada, te tomas el tiempo y los cuidados necesarios para, al menos, detener la hemorragia.

Luego, según como cada quien se trate, implementará otras acciones como ponerse alguna crema y vendarse.

Con una herida física, tal tarea es mucho más evidente y, según lo que creemos, urgente. Pareciera que con las emocionales no es así. Si sentimos miedo, rabia o tristeza, simplemente “dejamos que pasen”.

Por supuesto, algunas emociones o momentos no siempre pasan sin dejar huella y son estas las que, no atendidas a tiempo, terminan por afectar nuestra vida de forma negativa.

Además, como no son cuidadas y tratadas como se lo merecen, nunca cierran y siempre reaparecen de algún modo, aun cuando la persona con la que nos relacionemos sea otra o el contexto en el que vivamos sea distinto.

higiene emocional
Los niños expresan libremente sus emociones, pero cuando crecen, producto de los frenos sociales a que se someten, pueden empezar a reprimirlas, lo cual no es sano.

Formas de practicar una sana higiene emocional

Así como las heridas físicas tienen un protocolo básico para ser atendidas, las emocionales también.

Algunas prácticas que te serán de mucha utilidad son las siguientes:

1. Reconoce y acepta tu dolor emocional

Algunas personas experimentan dolor emocional y prefieren disfrazarlo con comida, alcohol, sexo o cualquier otra actividad que las distraiga de lo que están sintiendo.

Aunque sea algo incómodo, tómate un tiempo para indagar en qué es lo que estás sintiendo. ¿Es rabia? ¿Es alegría? ¿Miedo, frustración o tristeza?

¿Qué sientes y qué fue lo que detonó esa emoción?

Una vez que lo tengas más claro, lejos de querer ocultar o distraerte de lo que sientes, convérsalo con alguien que esté dispuesto a escucharte, preferiblemente con alguien especializado como un psicólogo.

Del mismo modo en el que vas al traumatólogo cuando sufres una lesión en algún músculo o hueso, el médico de la salud emocional es fundamental para que sanes de verdad y para que aprendas a tener una correcta higiene emocional.

higiene emocional
Una de las razones por las que muchas personas no hablan de las emociones es porque temen descontrolarse. La clave no está en suprimir la conversación, sino en aprender a mostrar lo que sienten de forma sana.

2. En la compasión contigo mismo está la clave

Es paradójico como, a veces, nos mostramos más compasivos con los demás de lo que lo hacemos con nosotros mismos.

Tal parece que no se nos enseña que este es un pilar fundamental de nuestra relación personal y, por el contrario, se nos insiste en ser autocríticos e, incluso, duros para ser mejores.

En este trayecto, por decirlo de algún modo, se nos esfuma la autoestima. En lugar de vernos como personas valiosas, es como si, el poco o mucho reconocimiento que merecemos, debe venir de otras personas porque la posibilidad de que la fuente principal venga de nuestra parte está anulada.

Cuando te equivoques, piensa que esto es parte de tu naturaleza humana y no de alguna situación que solo tiene que ver contigo. Gran parte de la idea de la autocompasión está sustentada sobre la filosofía de no tomárselo todo personal.

3. Evita los pensamientos rumiativos

Este tipo de pensamientos se denominan así a partir de la forma en que lo rumiantes mastican una y otra vez sus alimentos. Muchos de nosotros hacemos esto mientras pensamos que servirá de algo mantenernos ahí repitiéndonos hasta la saciedad ideas que nos torturan.

Una salida a este mecanismo de autosabotaje es el cambio de foco apenas aparezca el pensamiento en cuestión. Por ejemplo, frente a la idea: “lo que sucedió esta mañana es mi culpa. Soy un tonto por haber actuado así”, una forma distinta de actuar es reflexionar y asumir que el pasado no se puede cambiar, pero que sí se puede trabajar desde el presente para que ese tipo de situaciones no se vuelvan a repetir o su incidencia disminuya drásticamente.

Actividades de entretenimiento que sean de tu agrado y que te cambien el foco también son útiles, por ejemplo, la práctica de tu deporte preferido, un hobby, armar un rompecabezas o cualquier otra que te permite romper el circuito repetitivo en el que estás.

Conclusión

Las emociones están en nosotros para algo y, por lo tanto, debemos honrarlas atendiéndolas con la suficiente dedicación como para aprovecharlas y tener una mejor vida.

No se trata de desestimarlas ni de luchar contra ellas. No es ese el camino. Si algo nos molesta o inquieta durante mucho tiempo, tal vez es que no las atendimos en el momento preciso y ahora estamos viviendo las consecuencias de esa forma de gestionarlas.

Si este es tu caso, nunca es tarde para experimentar el bienestar que te mereces.

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