¿Qué es la emoción y cuál es la importancia de elaborarlas?

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Las emociones son parte de nuestro diario vivir, estamos constantemente expuestos a diversos estímulos que provocan una respuesta emocional en cada uno de nosotros. Estos estímulos pueden ser internos como externos, es decir, pueden provenir desde nuestro interior como sentimientos, pensamientos o desde del ambiente que nos rodea, ya sean situaciones o personas.

¿Qué es la emoción?

Fisiológicamente las emociones se caracterizan por ser impulsos que llevan a cada uno a una determinada acción. Si nos volcamos al origen de la palabra emoción, podemos encontrar que esta refiere a un “movimiento hacia”, por lo que podríamos comprender que cada emoción dirige nuestro accionar en pos de los estímulos que presenta el ambiente, entiendo que esta acción no es en muchas ocasiones voluntaria, sino que una respuesta instintiva, como una predisposición biológica.

Las emociones tienen un valor adaptativo para los seres humanos, puesto que permiten que nos enfrentemos a las demandas que nos presentan el ambiente. Las respuestas emocionales van a variar en intensidad dependiendo de cada uno de nosotros, puesto que se viven de forma subjetiva. También, la respuesta va a depender de la emoción que sintamos en un momento determinado, porque cada emoción provoca una modificación en el estado del cuerpo distinta y particular.

que es la emocionEntonces cada emoción tiene una función particular  en nuestro organismo, gatilla una determinada acción necesaria en el momento. Por ejemplo cuando sentimos miedo, nuestro organismo envía sangre a las piernas, preparándonos para huir. Sin embargo, solemos categorizar nuestras emociones entre aquellas que nos causan placer y aquellas que provocan displacer en nosotros, queriendo eliminar o negar las emociones desagradables de nuestras vidas y exagerar aquellas otras que nos provocan un agrado, olvidando por completo o en muchos casos ignorando que todas las emociones cumplen una función muy importante para la adaptación.

Hoy en día vivimos en la época de la inmediatez, vivimos de manera acelerada, corriendo de un lado para otro, donde todo debe ser al instante. Solo necesitamos hacer un click desde nuestro celular y tenemos comida en un par de minutos, ya no es necesario salir de compras, buscar la mejor oferta, sino que podemos obtener todo en la puerta de nuestro hogar.

Con el avance de la tecnología todo se ha acelerado, incluso nosotros como seres humanos, el tiempo parece estar en nuestra contra, por lo que implícitamente se nos está prohibido el descansar, el parar a reflexionar, sino que somos pequeños computadores que van al compás de la época.

Con esta misma inmediatez, ahora inscrita en nuestro ADN, muchas veces solemos eliminar todo aquello que nos causa displacer de manera inmediata, en una búsqueda implacable de la felicidad y del bienestar. Entonces cada vez que sentimos emociones displacenteras no nos permitimos sentirlas, e intentamos apagarlas de alguna manera. Lo cual es entendible, porque culturalmente hemos aprendido que es malo sentir rabia, tristeza, enojo, confundiendo las emociones, que son respuestas momentáneas por sentimientos. Creemos que si nos permitimos sentir tristeza, esta se instalará en nuestras vidas y no podremos salir de ese estado. Olvidando la importancia de sentir cada una de nuestras emociones, incluso aquellas que nos desagradan.

La tendencia a evitar las emociones

En este intento de eliminar las emociones “malas” de nuestro abanico de emociones, pretendemos borrar también todas las experiencias que no nos agradan, de manera inmediata, sin una elaboración previa de lo que estamos sintiendo. Nos decimos a nosotros mismos que “estamos muy bien”, “no nos sucede nada”, “estoy feliz”, “siempre debo estar contento”, cuando quizás sean otras las emociones que estamos sintiendo en ese momento, creemos que el negar lo que sentimos hará que esa emoción o sentimiento desaparezca,  cuando este accionar provoca todo lo contrario.

Nos podríamos preguntar, ¿cómo podremos sentirnos mejor si no sabemos qué nos sucede? Si no aceptamos sensaciones desagradables es imposible que cambie la situación que nos está provocando esto, no podemos solucionar o mejorar aquello que ignoramos, si no acepto que tengo tristeza o miedo, no me puedo sentir mejor, porque para provocar un cambio primero debo aceptar que algo no anda bien, que algo me sucede. Debo conectarme con mis emociones, permitirme sentir, explorar aquello que no causa displacer, para posteriormente avanzar, sanarnos.

El cambio parte por la aceptación, primero debemos admitir que estamos tristes, para así aprender a manejar la tristeza. Escuchar qué me están diciendo las emociones, quizás algo no anda bien, nos ayudan a conocernos mejor, saber que ciertas situaciones nos harán reaccionar y sentir de una manera particular.

Al querer resolver instantáneamente todo, hemos olvidado el valor de procesar y elaborar todas nuestras emociones, un proceso más largo y lento pero con mayores resultados y cambios concretos.

Debemos comprender que el bienestar o salud mental no significa estar siempre contentos, felices, negando emociones displacenteras, sino que en aceptar y permitirnos sentir, incluso aquello que nos desagrada.

Se trata de conectarnos con nuestro interior, con lo que sentimos. Debemos aceptar los conflictos, para así poder trabajar en ellos y resolverlos, sino nos veremos  en una constante repetición, siempre haciendo lo mismo, repitiendo patrones, como una compulsión a la repetición.

También implica el responsabilizarnos de nuestras vidas. Aceptamos para poder sentir y sentimos para poder curar. Tomar decisiones sobre nuestra salud mental, y nuestro ambiente, hacer las cosas de otra manera, generar cambios.

Autor: Jezreel Painemil

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