Haciendo un duelo: ¿Cómo afrontar la muerte de un ser querido?

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Sin lugar a dudas, la muerte de un ser querido es un evento que nos marca de por vida. Una vez que nos enfrentamos a  un suceso de esta naturaleza, nos vemos en la obligación de conducir nuestra vida de una manera distinta a la que estábamos habituados hasta el momento de la perdida. La muerte es un evento drástico, literalmente una persona deja de estar con nosotros, y al mismo tiempo, deseamos que esta nueva realidad sea sólo parte de un mal sueño.

En ciertas ocasiones las condiciones nos permiten despedirnos de nuestro ser querido, siendo la muerte el resultado de un largo y doloroso proceso, sin embargo, en otras oportunidades la muerte se presenta ante nosotros de manera violenta y abrupta, confrontándonos de golpe ante el dolor- muchas veces- insostenible de perder a alguien. Cada persona vive el proceso de  duelo de una forma única y particular, no existen reglas establecidas que nos aseguren encarar esta experiencia como un hecho que nos faculte para continuar con nuestra vida de un modo normal.

La muerte desde el punto de vista de la Psicología

muerteDesde la psicología, variedad de escuelas y un sin número de autores han desarrollado publicaciones sobre la temática de la muerte, el duelo y el luto. En gran parte de ellas, es posible descubrir un elemento común. Existe un “consenso”, el cual explicaría que el duelo se compone de distintas etapas. Tomando en consideración una de estas miradas, el duelo se dividiría en: 1.-Crisis 2.-Negacion 3.-Enojo 4.-Depresion 5.-Aceptacion 6.-Aprendizaje. Es decir, el duelo consta de una estructura que apunta hacia el fin último de la aceptación de la muerte, o, en otras palabras, a la reorganización y re significación de la experiencia.

Cada una de estas fases cuenta con características específicas, pero no debemos olvidar que independiente de este hecho, cada persona siente la muerte de una forma exclusiva, la cual está directamente influida por distintos factores, tales como su personalidad, su contexto e historia de vida, sistema valórico, creencias, etc. Si bien podríamos considerar el duelo como un componente “natural” e inherente al ser humano,  no debemos dejar de entregar la debida atención, sobretodo si ha transcurrido un tiempo considerable (años) y  el duelo  aún no ha sido  resuelto, ya que podríamos estar  frente a un evento que se ha vuelto traumático,  consignado como “duelo patológico”.  Esta figura debe adquirir una especial relevancia, ya que las consecuencias de no intervenir a tiempo pueden abarcar desde lo emocional (depresión) hasta enfermedades físicas. Un duelo no resuelto no es un problema sencillo, ya que puede transformarse en un padecimiento importante que puede deteriorar de forma considerable nuestra salud psíquica.

Dentro de los síntomas existen algunos a los que debemos prestar atención, y son los siguientes:

  • Intensa sensación de culpa
  • Ideaciones suicidas
  • Desesperación extrema
  • Deterioro laboral y/o social
  • Consumo problemático de alcohol y drogas

Podríamos decir que, en ciertas oportunidades, el duelo se vive como una  verdadera crisis existencial. Por una parte existe la posibilidad de que este pueda detonar en un debilitamiento general, al punto de “enfermarnos”, no obstante, coexiste una gran probabilidad de “crecer”  y  aliviar parte de ese sufrimiento recurriendo a terapia. Ante este contexto, debemos considerar permanentemente el escucharnos, ya que somos nosotros mismos quienes daremos el grito de auxilio ante la imposibilidad de soportar y superar la muerte.

¿Es un problema insuperable?

Si bien la pérdida de un ser querido es irreversible, existe la posibilidad de darle solución a un duelo que se ha tornado “patológico”. Lo que se busca en el  trabajo clínico, es que el paciente logre desarrollar nuevos significados en torno a la pérdida, consiguiendo edificar  un nuevo proyecto personal, integrando esta experiencia a su psiquismo. Es, por así decirlo, un proceso que marcará “un antes y un después” en nuestra historia.

 

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