¿Las mentiras en los niños muestran algo patológico? Detecta la mitomanía

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En general, una persona recurre a las mentiras de vez en cuando durante la vida adulta para facilitar su tránsito por determinadas situaciones. En la infancia, también se va observando la tendencia a mentir sobre determinadas situaciones en las que el niño quiere evitar ser expuesto o retado por alguna acción inapropiada, sin embargo, los padres y cuidadores quieren infundir en el menor valores apropiados evitando en la medida de lo posible el uso de la mentira.

 

Al respecto, muchos autores destacan que es importante atender a dos componentes de las mentiras para identificar si existe un problema de conducta que deba de ser abordado rápidamente para corregir al menor, estos son la frecuencia con que emplea mentiras y la función que tienen dichas mentiras.

 

¿Por qué comienzan los niños a mentir?

la mitomaníaLas pequeñas mentiras durante los primeros años de vida en que manejamos el uso del lenguaje pueden demostrar incluso la maduración progresiva del niño y cómo es capaz de discernir entre la fantasía y la realidad. Esto se debe a que entre los 3 y 4 años de edad ocurre una etapa transitoria de la catexis del lenguaje donde descubre la posibilidad de no decir todo o de decir cosas que no son e inventar una historia. 

 

Por eso, mientras su percepción para distinguir lo verdadero de lo falso se va desarrollando continúa manteniendo la idea de que su mundo imaginario se encuentra en su interior. Hacia los 6 o 7 años de edad es la edad definitiva en que el niño finalmente podrá integrar los valores sociales y morales, pero desde una corta edad puede comprender entre lo que es real y lo que no. 

 

Las mentiras son parte de la normalidad y la exploración de dicha etapa madurativa, cuando mentir le permite protegerse decir la verdad sólo tiene sentido como una conducta social que refuerza el reconocimiento de otros y la autoestimación para poder preferirlo.

Tipos de mentiras 

Como se ha mencionado anteriormente, algunas mentiras tienen una función protectora, es importante diferenciarlas para determinar cuándo nos podemos referir a un comportamiento anormal. Por lo tanto, diferenciamos las siguientes:

La mentira utilitaria

Este tipo de mentira es la que utilizamos los adultos al mentir con un objetivo, en estos casos es evitar alguna contrariedad o recibir una ventaja. Al respecto es común que los niños digan mentiras blancas que pueden ser descubiertas rápidamente por un adulto como lo son el haber realizado la tarea o mentir sobre las calificaciones escolares. 

 

En estos casos lo que determina la evolución de esta conducta es la respuesta del medio, si son desatentos o crédulos al respecto favorecen el desarrollo, pero al comportarse de manera muy estricta y moralizante fomentará la progresión al impulsarlo a decir otra mentira para justificar la primera. En estos casos lo más sano para el menor es censurar la mentira sin insistir demasiado para demostrarle que es inútil. 

 

También, su percepción de las mentiras depende de cómo se comportan los adultos que le rodean, donde los padres cumplen una posición fundamental. En especial cuando le mienten a los hijos y desvalorizan sus propios principios sin importar el bien que le justifique.

La mentira compensatoria

No implica realmente un beneficio pero mantiene una imagen social a la que la persona considera que no puede acceder o que ha perdido. Por eso en los niños se puede presentar como inventos de que tienen una familia más rica o de influencia social, así como atribuciones propias de logros escolares o en alguna habilidad admirable. Estas ilusiones son normales en la primera infancia cuando utilizan su imaginación para alguno de estos fines y no alcanza un extremo desadaptativo.

 

Cuando los niños colocan una ilusión muy elaborada de manera dominante en la realidad puede requerir atención si tiene más de 6 años de edad. En algunos casos esto se aprecia como la constitución de toda una familia imaginaria o inventarse un doble o hermano que lo acompaña en sus juegos; En estos casos para los niños menores de 6 años se consideran fantasías transicionales de su identidad mientras que para niños mayores puede involucrar inmadurez o el desarrollo de trastornos psicopatológicos más importantes que deben de ser supervisados por un especialista.

La mitomanía 

La mitomanía es un grado excesivo de fantasía fabulatoria, este trastorno en la infancia se identifica cuando un niño o niña miente de forma compulsiva y se divide apenas por una fina línea del delirio de fantasía. Según G. Heuyer los niños viven permanentemente en un mundo de sueños que se relaciona con lo megalomaníaco y este fenómeno tiende a preocupar en gran medida a los padres que no saben cómo afrontarlo o corregirlo y muchas veces tardan en acudir a un psicólogo infantil.

 

Este tipo de mentira patológica en la mayoría de los casos implica que el menor o la persona que lo posee se crea realmente las mentiras que dice y estas tienden a magnificar su realidad, inventan historias, mienten sin funcionalidad y se irritan cuando las personas no les creen, además, su versión de dicha mentira cambia dependiendo de la persona a quien se la cuentan.

Tratamiento y recomendaciones

Para ayudar a un niño a superar esta alteración, es necesario comprender que en su mayoría los niños que mienten de forma compulsiva experimentan ansiedad, miedo emocional o mucha tensión. Por lo tanto, más allá de hacerlos sentir presionados lo mejor es acudir a un profesional de la salud mental que pueda manejar el caso de forma apropiada. Algunas recomendaciones para padres que necesitan enfocar sus esfuerzos en una dirección apropiada son los siguientes:

 

  • Registrar en qué momentos miente y cuántas veces al día será un dato importante y de gran relevancia para el proceso de psicodiagnóstico, por lo tanto, lo mejor es comenzar a tomar nota de la posible causa de la mentira, el estado emocional con el que cuenta al decirla y en qué momento del día lo dijo.

 

  • El tipo de reacción que sus figuras parentales tienen cuando lo hace sí influye, por lo cual, reaccionar con calma es lo más adecuado. Mantener la compostura y no enfadarse es el primer paso para poder mostrarle que no es agradable que mienta y genera descontento en sus padres y allegados.

 

  • Cuando finalmente dice la verdad lo mejor es mostrar una emoción positiva ante su decisión por arrepentirse de su acción y no mentir. Felicitar la verdad alimenta su confianza para que vea que existen soluciones al problema con las que puede evitar ser castigado.

 

  • En relación a lo anterior, hacerse responsable de sus actos sin recibir una reprimenda o castigo es importante para ayudarlo a comprender que la mentira no lo salva de las consecuencias de sus acciones, por lo cual, es indispensable acompañarlo y demostrarle que no sirven para dicha función.

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