El vínculo en las relaciones sociales

“¿Cómo estás?, ¿Bien y tú?, Bien también…”
 La frase anterior es el diálogo común que compartimos cuando nos encontramos con un amigo, colega, conocido o con el tío lejano que solo vemos para el cumpleaños de un familiar. Sin embargo, la respuesta es única y conocida por todos… “Bien”.

Sería un mundo ideal si es que efectivamente todos estuvieran “bien” cuando les preguntan cómo estas, ya que todos tenemos momentos buenos y malos a lo largo de nuestra vida. Entonces, ¿Qué nos hace responder de esa manera y no con la verdad?
Existe una gama de posibles respuestas para esta pregunta; simple norma social, no querer hablar de nuestros problemas o simplemente, la falta de confianza en el otro. Es en esta última razón donde me centraré.

La falta de confianza que tenemos con el otro, es lo que nos hace posicionarnos a través de una máscara de “que las cosas siempre están bien”. El no tener una relación o ataduras con quien pregunta, nos entrega esta facilidad de poder mentir sin culpa y a su vez poder hablar de nuestras vidas sin exponernos sobre cómo nos sentimos realmente en ese momento.

La confianza y el vínculo humano

confianzaAhora bien, si quien nos hace esta pregunta es una persona en la que confiamos, nuestras respuestas se tornan sinceras sobre nuestro bienestar, pues nos sentimos en un espacio y entorno cómodo y seguro en el cual podemos mostrarnos de manera real.

La aproximación que existe en una relación, es conocida como vínculo. Este se entiende como un lazo que una persona forma con otra, lazo que perdura con el tiempo y los encadena afectivamente, siendo específicamente aquella atadura la que va definiendo el nivel de autenticidad con la que se involucran los dos actores.

El vínculo es un fenómeno que se da en todas las relaciones posibles, pues va marcando nuestras alianzas con los demás, y también va definiendo el tipo de unión que la persona va forjando con los demás. De esta manera, es muy diferente el vínculo forjado con alguien que acabamos de conocer en comparación al creado a través del tiempo con los amigos, la pareja o la familia.

A medida que el lazo que exista entre dos personas sea más fuerte, los comentarios, decisiones, opiniones o insultos que haga uno respecto del otro serán más significativos e incidirán de mayor manera en su vida. Es por esto que cuando se forjan redes vinculares con otros, si son lo suficientemente fuertes y genuinos, las personas son capaces de apoyarse en ellas en los momentos que lo necesiten y ayudarse así, a superar las dificultades de sus vidas.

El vínculo en psicoterapia

Ya hemos visto la importancia del vínculo y cómo este fenómeno está presente en todas las relaciones que forjamos.  Entonces cuando vamos a terapia por primera vez, ¿Cómo somos capaces de exponer nuestros problemas a una persona que no conocemos y que no sabemos de qué manera nos ayudará?

En este caso, se da la situación de que quién consulta tiene la necesidad de buscar ayuda de un especialista en salud mental y debe dar un “salto de fe”, pues no sabe nada del especialista y sin embargo tendrá que confiar en él.  Es en este sentido donde el terapeuta juega un rol esencial. Este debe ser alguien auténtico, sincero, competente en la terapia y por sobre todo, debe asegurar confidencialidad, lo que permitirá construir un lazo real de confianza que admitirá un buen trabajo a lo largo del proceso psicoterapéutico.

La relación que se va forjando entre estos dos agentes, donde ambos objetivos se complementan por el mismo fin que es la cura, permite sedimentar un vínculo que entre más auténtico sea, genera un espacio donde la persona se sentirá más segura y libre de revelar su vida sin el temor de ser juzgado por quien la escucha.

Si nos sentimos seguros con el otro, somos capaces de entregar nuestra confianza. Esto quiere decir que somos capaces de presentarnos en las miras de otro sin aquella máscara que usamos en el diario vivir.