Cuando los hijos hacen su propio hogar: Síndrome del nido vacío

Síndrome del nido vacío

La vida está llena de etapas y procesos a los que nos vamos enfrentando mientras nos desarrollamos, forjamos una identidad y vivimos rodeados de otros individuos con quienes interactuamos según ciertos roles. Pasada la etapa de la adultez, usualmente en la adultez media o mayor, ocurre un fenómeno psicológico relacionado con sentimientos de tristeza y pérdida que ocurren cuando el último hijo se va de casa, este se denomina “síndrome del nido vacío” y te explicamos por qué no se trata de un diagnóstico clínico y cómo puede gestionarse correctamente.

¿Cómo se manifiesta el síndrome del nido vacío?

Síndrome del nido vacíoLas familias cursan por un ciclo de evolución que pasa por ciertos puntos críticos, en este aspecto, el periodo de la adultez media (o adultez mayor en algunos casos) en que los hijos van saliendo del hogar familiar que denominamos el “nido” es la separación que realizan para hacer su vida independiente, muchas veces con su pareja para formar una familia. Al darse el proceso de la salida del último hijo los padres que se mantienen unidos se convierten de nuevo en una pareja tras décadas dedicados a la crianza y el cuidado de sus hijos. 

 

Este suceso es algo tardío en la actualidad, coincidiendo típicamente con cambios en la vida de los padres como la jubilación, cambios hormonales de la menopausia en las mujeres, la muerte de los abuelos o la aparición de enfermedades crónicas. En tanto, se pueden manifestar ciertos síntomas mediante los cuales es posible identificar dicho malestar emocional.

Síntomas 

 

A continuación se presentan las manifestaciones claves del síndrome del nido vacío:

  • Sentimiento de tristeza, malestar y desasosiego asociado a la soledad y un vacío interior  o aburrimiento asociado a la ausencia de sus hijos en casa.

 

  • Añoranza respecto a los recuerdos del pasado (la infancia de los hijos) sintiendo que nunca volverán a ser más felices. 

 

  • Aunado a lo anterior, surge la necesidad de hablar constantemente de ellos a otros.

 

  • Llanto fácil y frecuente y durante un tiempo amplio que puede alargarse a 6 meses sin ser necesariamente patológico.

 

  • Sensación de que su vida se encuentra escasa de sentido y desesperanza.

 

  • Puede incluir síntomas somáticos como dolores de cabeza no asociados a otras causas. 

 

  • Alteraciones del sueño como insomnio.

Recomendaciones para gestionarlo

El síndrome del nido vacío transcurre en circunstancias normales durante un máximo de seis meses, durante los cuales se presenta el malestar emocional que ha sido mencionado. Para gestionar del mejor modo posible esta etapa existen pequeñas acciones que se pueden tomar, evitando su prolongación y trastornos afectivos cuando aún no se requiere atención psicológica. 

 

Anticiparse 

Cuando los hijos se encuentran en casa pero han llegado al cumplimiento de sus metas académicas y/o profesionales, encaminándose a su emancipación, anticiparse a su partida como un hecho puede prevenir el síndrome y experimentaría su traslado con mayor aceptación el nido vacío. 

 

Después de todo, los hijos deben independizarse para su propio crecimiento siendo este un proceso normal de la vida que ocurre en la adultez joven y no tiene una edad predilecta. Es más fácil adaptarse al reconocer este hecho.

 

Enfocarse en la pareja o en sí mismo

 

Cuando el matrimonio o la pareja, se encuentra unida, apoyarse y acompañarse el uno al otro puede tanto evitar como ayudar a superar el síndrome. Esto es posible al disfrutar el tiempo en pareja como quizás no habían considerado hacer en mucho tiempo, después de todo son compañeros de vida y han compartido muchas experiencias.

 

Por otra parte, las personas separadas, madres o padres, pueden enfocarse en sí mismos y sus hobbies o proyectos personales que quizás habían quedado olvidados por las ocupaciones del hogar y la crianza.                                                                                                                                    

 

Cambios de rutina

Además de integrar hobbies individuales o en pareja, modificar el día a día haciendo cambios permanentes a tu rutina ocupando el tiempo libre para vivir nuevas experiencias puede facilitar la visión positiva de la vida y sus posibilidades. Incluir actividad física, entretenimiento y self care es una forma de potenciar el amor propio. 

Desahogarse con personas cercanas

Contar con redes de apoyo nos proporciona un lugar seguro para ser escuchados y sentir que no estamos solos. Además, hablar con amigos y familiares que nos animen y compartan sus propias experiencias y puntos de vista puede aliviar nuestras cargas. Así pues, hablar para desahogarse al hablar con otros también hace que la tristeza se vuelva ligera.

 

Nutrir la comunicación

En estos tiempos, la tecnología acorta las distancias y mantener el contacto con los hijos tanto por mensajería rápida y llamadas, como al planificar reuniones familiares puede combatir o minimizar esa sensación de nostalgia y ayudar al proceso de adaptación. Después de todo, el afecto y el vínculo no tienen por qué debilitarse.

El nido vacío en padres y madres

En la literatura psicológica el síndrome comenzó refiriéndose a las mujeres, ya que se le ha asignado a la madre el rol de la crianza y cuidado parental asumiéndose que serían quienes lo viven con mayor estrés. No obstante, la evidencia empírica de los últimos años de investigación no ha arrojado datos exactos, indicando que para muchos padres se trata de un evento positivo pero otros viven un tiempo de conflicto al tener que dejar marchar y abandonar el rol parental. 

Algunos estudios aceptan que tanto el padre como la madre pueden presentar este sentimiento de ambivalencia entre tristeza y alivio al atravesar el nido vacío (sin darse necesariamente el síndrome). De este modo, se reconoce que ambos progenitores experimentan este sentimiento de pérdida, aunque también puede ser un momento de satisfacción y oportunidades enriquecedoras.

Al contrario, la presencia del “síndrome” puede afectar negativamente la calidad de vida dado el dolor emocional y los casos más graves pueden desencadenar alcoholismo, trastorno depresivo, merma del apetito, dependencia emocional, malestar corporal y trastornos de ansiedad; Siendo necesaria la intervención psicoterapéutica en torno a este motivo de consulta, tratando las ideas irracionales y emociones suprimidas que generan tal malestar. Igualmente, si el malestar percibido es incapacitante para su día a día es necesario que acuda a un psicoterapeuta calificado.

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