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Cómo aprender a perdonar [ 7 claves para el perdón]

Cómo aprender a perdonar

Hay dolores emocionales que compiten perfectamente con los dolores físicos.

Por ejemplo, cuando alguien nos ofende, cuando nos traiciona o acusa de forma injustificada, en esos momentos, las vías para el resentimiento y la ira están dadas.

Aferrarse a ellas duele y causa sufrimiento. ¿Qué hacer entonces?

Aunque para muchos es un camino difícil de abordar, el perdón aparece como la forma más expedita de dejar de avanzar y liberarse del dolor.

La pregunta clave es: ¿cómo se perdona? ¿cómo se aprende si nunca antes nos lo han enseñado?

Lee hasta el final y descubre nuestras 8 claves preferidas para que lo logres.

 

1. Reconoce el perdón y comprende su importancia

 

Muchas veces, se asocia la idea de perdón con personas iluminadas, con grandes maestros espirituales capaces de hacer acciones que otros humanos no pueden.

Este es un error, pues perdonar es algo que está al alcance de todos, por supuesto, siempre y cuando haya un trabajo de fondo para que este sea sincero.

El perdón es la aceptación de que lo que sucedió es fruto de un conjunto de factores, no necesariamente, ligados a la intención de alguien. Y aun cuando así fuera, cuando el daño es intencional, no hay nada que se pueda hacer para cambiar el curso de lo pasado.

En el pasado no hay nada que podamos hacer, pero en el presente sí. El perdón es, pues, un acto de liberación en el que alguien decide salir de la cárcel en la que está porque comprende que es mejor estar fuera de ella.

Quien perdona, por cliché que suene, no solo está haciendo algo por quien cometió la falta, sino por él o ella misma.

Aprender a perdonar implica también aprender a sanar.

 

2. Entrena el perdón desde adentro

A veces, nosotros mismos somos nuestros propios inquisidores. Aprender a mirarse con ojos de compasión a sí mismos es una forma de practicar el perdón y de hacerlo como si se tratara de una actividad rutinaria.

Si hoy cometes un error en la cocina, lejos de llamarte “tonto”, “estúpida” o cualquier tipo de calificativo similar, acepta que eres un ser humano y que no puedes hacerlo todo de manera perfecta.

¿Cuántas veces eres capaz de perdonarte durante el día? Piénsalo

 

3. Reconoce tu dolor interior

¿Quién te fue la persona que te hizo daño y qué fue exactamente lo que te hizo?

En ocasiones, creemos que los demás nos hacen daño de forma intencional y el asunto es que ellos, con su forma natural de ser, ejercen acciones que nosotros interpretamos como dañinas.

Reconocer el dolor interior es tomarse un tiempo valioso para analizar si lo que alguien hizo fue en realidad un agravio en nuestra contra o si es algo que realmente nos duela basándonos en nuestra experiencia o basándonos en lo que otros opinan que es un agravio.

Imaginemos por un momento que uno de los integrantes de una pareja olvida su aniversario y la otra se ofende. ¿Qué rodeó ese olvido? ¿Qué hay detrás de ello? ¿Fue hecho con la intención de agraviar a la pareja?

 

4. Desarrolla tu empatía

Ser empático es algo más difícil de hacer que de decir, pero es ahí en donde está una de las claves más poderosas para el perdón y para la vida en bienestar.

Un ejercicio muy efectivo para desarrollar este valor es imaginarse al otro como un niño.

  • ¿Qué le pasó a ese niño o niña durante la escuela?
  • ¿Cómo aprendió lo que sabe de la vida?
  • ¿Fue amado por sus padres o fue sometido a situaciones que minaron su autoconcepto?
  • ¿Cómo fue su relación consigo mismo en las etapas más tempranas de su vida?

Preguntas de este tipo nos ubican en un espacio de compasión desde el que ver al otro es un acto mucho más humano, menos severo.

 

5. Dale un propósito a lo que te pasa

Esto no es sencillo de lograr, pero es muy significativo una vez que lo haces.

Cuando conseguimos un propósito en lo que nos sucede, el alivio al sufrimiento es grande. Las malas acciones de los demás no son siempre actos planificados ni nacidos de intenciones oscuras.

Además, muchas veces, esas acciones que otros cometen en nuestra contra son lecciones de vida que nos hacen mejores personas.

Por ejemplo, que alguien nos haya agredido de forma reiterada sin que nosotros hayamos hecho algo para evitarlo es una forma de enseñarnos el poder de la dignidad y de expresar a tiempo nuestra molestia para con esas situaciones que no nos hacen bien.

Cuando haya una situación que te duela, aunque sea incómodo, pregúntate: ¿qué lección puedo sacar de esto?

6. Haz tu inventario de fortalezas adicionales

Para alguien que esté resentido, la palabra perdón puede ser hasta ofensiva.

A quienes les cuesta perdonar, por lo general, pedirle o sugerirle esto puede ser un auténtico motivo de confrontación.

Si este es tu caso, piensa en cuáles otras fortalezas posees que te permitan gestionar tu situación, incluso puedes pensar y trabajar en otras que requieran atención.

Por ejemplo, ¿cómo es tu paciencia? ¿cómo es tu disciplina o cómo está tu capacidad de empatía?

Un trabajo en un valor tangencial puede desencadenar que el perdón se dé por sí solo. Trabajar la empatía puede te hará ser más compasivo o compasiva. Trabajar tu disciplina y darte cuenta de que es difícil, puede hacerte ver lo mucho que al otro también le cuesta.

 

7. Perdónate a ti mismo

¿Por qué comenzar a perdonar a alguien más si no te has perdonado antes a ti? Si supiéramos que una buena parte de aquello que queremos darle a los demás, antes deberíamos dárnoslo a nosotros mismos, las cosas tal vez serían muy diferentes.

Si tienes dificultades sobre cómo aprender a perdonar, piensa en cómo eres perdonándote a ti misma o a ti mismo. Tal vez descubras que te tratas con particular dureza y que eso es lo que también le das a los demás.

 

Conclusión acerca de cómo aprender a perdonar

Qué fácil es decirle a alguien que perdone a quien le causó un agravio, pero qué difícil es hacerlo. No nos mintamos. A algunos les arde la piel de solo intentarlo.

Si te sucede esto, toma en consideración que el perdón es también un acto de dignidad personal que te hace la vida llevadera. La elección del perdón le resta puntos a una situación que haya sido dolorosa y te predispone para vivir con mayor liviandad.

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