Bienestar Subjetivo y Crisis en la Vida

El primer día de escuela; los primeros amigos; cambios de colegio; primeras relaciones amorosas; la elección de una carrera; el primer trabajo; la búsqueda de una estabilidad laboral o emocional; el proyecto de familia; la jubilación y cambio de ocupación; y un largo etc… No cabe duda que a lo largo de la vida nos enfrentamos a diferentes acontecimientos que traen consigo desafíos, que muchas veces no sólo implica desafíos en cuanto a competencias (como puede ser por ejemplo el iniciar un nuevo trabajo o incursionar en una nueva área de desarrollo), sino que también emocionales y circunstancias vitales.

Si bien existe literatura en torno a la categorización de las diferentes etapas de la vida en donde se suelen señalar a modo de generalización desafíos a los que las personas se ven enfrentadas, sin negar la utilidad de ello en términos por ejemplo investigativos y para el desarrollo de los conocimientos, cuando hablamos de casos particulares (o sea, la vida concreta de una persona en un periodo determinado), es evidente que las generalizaciones no bastan para dar cuenta de cómo ésta se encuentra enfrentando este momento, ni cuáles serán las características particulares del caso.

Cambios vitales. ¿Es normal sentirme así?

Pareciera ser conocido el hecho de que los cambios a los que nos iremos enfrentando traerán consigo desafíos y dificultades, lo que puede a momentos causarnos cierto malestar, como puede ser por ejemplo el encontrarnos más irritables en periodos de exámenes finales, o ansiosos frente a las primeras entrevistas laborales o al reflexionar en torno a nuestra jubilación. Sin embargo, suele no ser claro la línea que delimita cuándo esto puede ser algo “normal” o parece es algo que se me está escapando de las manos.

En una sociedad que con la rapidez de la vida y tecnologías se vuelve más individualista y donde tenemos más fuentes desde donde encontrarnos con diferentes “ideales” o modos de hacer vida (las redes sociales pueden ser un buen ejemplo de ello), pareciera es menos aceptado el reconocer que se está pasando un mal momento (o incluso identificar cuándo estamos pasando por uno), o encontrar instancias donde podamos compartir las cosas que nos ocurren realmente y de un modo profundo. Frente a ello, para algunos se hace difícil tomar la decisión de realizar algún cambio en el modo en que está llevando la vida (p.e., tomar la decisión de dejar un trabajo que no me hace feliz), y pueden encontrarse luego sintiéndose atrapados en una situación que parece no tiene muchas opciones a optar para salir. Parece es este el punto en donde comienza el malestar…

Si bien “es normal” que en determinados momentos los desafíos a los que nos veremos enfrentados puedan causarnos ansiedad, irritabilidad, preocupación, entre otros, esto no significa que no sea algo que mirar, ya que puede ser un llamado a replantearnos los caminos que estamos tomando, u observar cuán coherente me es lo que estoy haciendo respecto a lo que deseo o a mis proyectos.

Cuando nos encontramos ya, sin embargo, que el malestar sentido ya no me deja realizar mis actividades cotidianas con normalidad, la preocupación y ansiedad me están dificultando dormir, siento que tengo que pelear conmigo para cumplir mis responsabilidades porque ya no tengo deseos de hacer nada, o estos u otros sentimientos están afectando mi relación con mis seres queridos o cercanos, se hace más imperativo el consultar y pedir ayuda. Esto más sobre todo cuando nos encontramos con situaciones que pueden traernos un malestar que puede extenderse en el tiempo, como puede ser el diagnóstico de una enfermedad médica como un cáncer, o cuando nos damos cuenta que los síntomas que percibíamos se comienzan a sentir con mayor intensidad, pudiendo derivar a otro tipo de diagnóstico (como por ejemplo presentar una crisis de pánico).

Es evidente que no todas las personas se enfrentarán de un mismo modo a diferentes acontecimientos en la vida, como puede ser el elegir una carrera para estudiar, un divorcio o la jubilación, pudiendo haber personas que frente a estos no presenten sintomatología alguna, que presenten cierto malestar que todavía no implique un desmedro de su actividad cotidiana, sintiéndose preocupados o nerviosos pero pudiendo todavía enfrentar la situación, o que se encuentren con que efectivamente la vida ha perdido la continuidad sentida y parece que no puede seguir avanzando con fluidez, y presenten alguno de los síntomas mencionados u otros. El cómo nos enfrentemos a ello tiene relación con elementos relacionados con nuestra historia personal, características de personalidad, proyectos y deseos, cultura, entre otros, siendo de gran importancia revisar el caso a caso y rescatar en cada uno los aspectos particulares de la vida para comprender el síntoma. No todos somos iguales, por lo cual las generalizaciones al hablar de la vida de alguien particular si bien son de utilidad para dar cuenta e identificar cierto criterio, como puede ser el diagnóstico, en el trabajo a realizar, proceso a llevar y tiempo que tomará a la persona dependerá de cada quién, de lo que le ocurra en determinado momento y también del desafío a enfrentar (¿qué cambios o condiciones nuevas implica la situación a la que me enfrento en la actualidad para mí y mis proyectos?)

¿Cuándo consultar?

Para concluir, si bien frente a cambios vitales es normal sentir cierto nerviosismo, preocupación, y encontrarnos a momentos inseguros respecto a las posibles consecuencias, esto no significa que puede ser un momento donde sea importante solicitar el apoyo de un otro que permita observarse en ello. Si bien nos enfrentaremos en nuestra vida a dudas en torno a nuestra profesión o trabajo, proyectos de pareja y quiebres de ésta, o enfrentarnos al momento del cese laboral y los temores que eso trae, siempre que para uno tenga sentido, es momento de poder revisar nuestra vida e historia para encontrar modos de enfrentarnos a esto más coherentes con nosotros mismos.

Cuando el malestar ya comienza a afectar el modo en que me desenvuelvo en mi vida cotidiana afectando mi trabajo, mi relación con mis cercanos, o mis estudios,  y comienza a extenderse en el tiempo (ya no son algunos días… son semanas… meses), se hace importante el solicitar apoyo para ello, de modo de iniciar un proceso de acompañamiento y revisar los modos en los cuales hemos venido desenvolviéndonos y las decisiones que hemos tomado, de modo de encontrarnos nuevamente y poder continuar nuestra historia y que nuestra vida pueda seguir adelante.

Como ya se dijo, cada persona es diferente y tiene modos particulares de hacer frente a los cambios a los que se verá enfrentado en la vida, por lo cual es importante ser capaces de escucharnos y observar estas señales que nos indican que algo está pasando, que es momento de replantearnos el camino tomado o aceptarnos en nuevas condiciones vitales.