Adicción: una enfermedad de la voluntad

Muchas veces resulta incomprensible, que un ser humano pierda total voluntad de sus actos y que toda su intención esté puesta en conseguir y consumir drogas, más aún cuando no logra responder “adecuadamente” a los mandatos sociales establecidos. De seguro, muchos de nosotros hemos escuchado alguna historia de que fulanito o fulanita dejó o perdió todo por la droga. Seguido a esto, casi de forma inmediata, oímos el juicio de que ¿cómo es posible que no piense en su esposa o esposo, en sus hijos, en sus padres?, o un: ¡no me cabe en la cabeza cómo pudo perder tan buena oportunidad laboral! Ante este escenario, parece común la proliferación del bien intencionado consejo, que le asegura a la persona adicta que “debe ser fuerte”, “tener fuerza de voluntad”, o que “si quiere, puede” salir de su consumo. Sin embargo, la drogodependencia guarda para sí, un escenario bastante más complejo del que quisiéramos.

Desde una mirada analítico existencial, podemos comprender la adicción como una enfermedad de la voluntad:

“desde el punto de vista antropológico se podría decir que se trata de un destronamiento de la persona, el propio yo se aliena, se enajena, se siente dominado por un poder totalitario ejercido por el alcohol, el éxtasis, el trabajo, la sexualidad o la comida” (Längle, 2002, Pág.2)

El ser humano se vive, bajo el dominio de un poder extraño a su propio yo, un objeto externo al que se le otorga, según Acevedo (2009), un “sentido ilusorio” para suprimir la angustia.

De acuerdo con el DSM IV (2002), los síntomas que generalmente se manifiestan en esta enfermedad son: “la tolerancia, la abstinencia y la ingestión compulsiva de la sustancia” (Pág. 183). De este modo, podemos reconocer que el adicto/a busca volver a sentir el placer que inicialmente que le causó una sustancia determinada, al no encontrarlo, aumenta de forma progresiva sus dosis. El aumento de sustancia en la sangre requiere ser mantenido, puesto que al disminuir provoca tan desagradables malestares fisiológicos y cognitivos, que terminan manifestándose en comportamientos desadaptativos – que generalmente se expresan como angustia, ansiedad, irritabilidad, agresividad-. En la adicción, además se experimenta un deseo irresistible e imperioso de consumir la sustancia.

Cuando el consumo se transforma en prioridad

A la sintomatología mencionada, el CIE 10 (1999) agrega, la disminución de la capacidad para controlar el consumo de drogas al comenzarlo o al terminarlo, además del abandono progresivo de otras fuentes de placer o diversiones -el consumo adquiere la máxima prioridad para el sujeto-, la persistencia en el consumo a pesar de sus evidentes consecuencias perjudiciales y la conciencia subjetiva de compulsión cuando intenta frenarse o controlarlo.

Podemos ver entonces, que el comportamiento del adicto/a se vuelve a-personal; contiene un automatismo en el consumo, el sujeto no logra entregar un valor a la sustancia, sólo busca su efecto, se trata sólo de la satisfacción de una necesidad. De este modo, mantiene relaciones – tanto con la sustancia como con el mundo- reduccionista, carente y ciega, comienza a vivir en una constante ambivalencia de lo que quiere y lo que no quiere, se ve atrapado en una extraña incertidumbre frente aquello que le es o no valioso (Längle, 2007). Según Carpio (2005), “La gente sufre una pérdida de coherencia y vive desvinculada de un sistema de valores que le brinde una compresión para sus propias acciones y una razón para estar en el mundo” (Pág. 17). Es producto de esto, que la voluntad sigue un camino que no coincide con el de la persona, debido a que no le es posible la decisión libre.

En este punto es importante reconocer la adicción como una enfermedad, de carácter psicosomático, donde el adicto/a tiene una vivencia simultánea de una fuerza de atracción imperativa de un objeto y de una vivencia deficitaria subjetiva con un muy marcado carácter pulsional. Es decir, si bien la droga posee característica cautivante en sí misma, la adicción no tendría cabida sin una falta, una necesidad, una carencia de elementos fundamentales que impiden tener una buena vida y que conllevan a un vacío insoportable (Längle, 2007).

¿Cómo se puede explicar una adicción?

Desde un aspecto psicodinámico, podemos referir la adicción como un hambre por la vida, una necesidad de vida donde el sujeto quiere vivirla cabalmente e intenta tenerla mediante un sucedáneo de una buena vida, que, en este caso, estaría representada en la sustancia. Ahora bien, este uso de sucedáneo para tener vida, nos muestra un esfuerzo por parte del adicto/a de evitar el estado de sufrimiento que se esconde detrás de toda adicción, pues, lo que decisivamente se busca es la evitación del dolor.

Como hemos revisado, la falta de “voluntad”, de “ganas” o de “querer”, que en generalmente se les reprocha a los adicto/a, es precisamente donde radica el germen de su enfermedad. Por esto, resulta tremendamente doloroso, tanto para el adicto/a como para sus cercanos y/o familia, creer que la salida a este problema, se trata de ganas; al pensarlo así y exigir la salida desde este prisma, se genera el adicto/a un terrible sentimiento de frustración, incapacidad y culpa. Al mismo tiempo, que en el acompañante (esposo, esposa, madre y/o hijos, etc), aparece la profunda tristeza por no sentirse escuchado, considerado, valorado e incluso amado, por la persona adicta. Por esto, es que se hace necesario, que juntos –adicto/a y acompañantes-, puedan trabajar para resignificar los sufrimientos, dolores y recuperar la voluntad enferma.

5.- Referencias Bibliográficas

  1. Acevedo, G. (2009). Logoterapia, una disciplina fundante de un nuevo paradigma. Su aplicación en la praxis de los consumos nefastos. Argentina: GLE Argentina.
  1. Caprio, G. (2009). Aproximaciones para una antropología analítico-existencial. Buenos Aires: CIANAE.
  1. Croquevielle, M. (2010). Análisis existencial: Sus bases epistemológicas y filosóficas. Chile: GLE Chile.
  1. Längle, (2007). Comprensión y terapia de las adicciones. Conferencia pronunciada en la universidad de Aconcagua. Argentina.
  1. Längle, (2004). Análisis existencial (Logoterapia.) Fundamentos. Viena: GLE Internacional.
  1. Traverso, G. (2010). Consideraciones existenciales sobre el ciclo de las Gestalt de la experiencia: Ciclo funcional versus ciclo interpersonal.  Instituto Chileno de Análisis Existencial: Chile.