9 causas de la resistencia al cambio que están paralizándote

causas de la resistencia al cambio

La mayoría de personas tiene o ha tenido algún grado de resistencia al cambio.

Contrario a lo que se dice en el mundo del desarrollo personal, esta es una actitud normal.

Si te cuesta cambiar no tienes por qué avergonzarte de ello ni pensar que se trata de un problema.

Es la propia inercia de ser humanos la que nos hace aferrarnos a eso que conocemos porque, sobre todo, implica un ahorro en energía y los cambios muchas veces cansan, son incómodos.

Veamos a continuación cuáles son las causas comunes de la resistencia al cambio para que determines con cuál te identificas y puedas abordarla con mayor efectividad.

Causas de la resistencia al cambio que más notamos en terapia

1. Miedo de perder el control

Estar de frente a nuevas situaciones en las cuales no tenemos puntos de orientación, en las que todo es desconocido, puede hacer que nos sintamos “sin piso”, como si la tierra que nos sostiene estuviera moviéndose.

De algún modo, nuestros sentidos de supervivencia y nuestra autonomía se afectan y nos da miedo perder el control. Esa sensación de seguridad es muy tranquilizante, pero en muchas ocasiones representa un freno.

Si te fijas en tu historia, recordarás casos en los que permaneciste en situaciones que no te agradaban solo porque eran conocidas.

Incluso puede que te esté pasando ahora mismo.

Si esta es la causa de la resistencia, ten en cuenta que el control es una ilusión. Creemos que controlamos mucho, pero eso no es cierto.

La verdad es que estamos expuestos a tantas fuerzas ajenas a nuestro control que cualquier situación tiene muchos componentes que no están bajo nuestro dominio.

 

2. Exceso de incertidumbre

Es normal que muchos cambios nos hagan sentir como si estuviéramos dentro de una cueva a oscuras.

La sensación es de no saber qué vendrá, qué situaciones aparecerán en el camino.

En casos como estos, claro que es normal resistirse el cambio. Tanto así es que tenemos una frase para identificar este fenómeno:

“Mejor malo conocido que bueno por conocer”.

Tal situación amerita un grado de certeza, de seguridad y esto te lo puede dar un plan.

Si bien puede que este no suceda en un 100% como lo planifiques, sí te dará una hoja de ruta que te facilitará el cambio.

 

Causas de la resistencia al cambio
En la naturaleza, la mayoría de cambios sucede de forma gradual. Este es un ejemplo que podemos tomar si los cambios drásticos nos cuestan.

 

3. Sorpresa

Las situaciones que no esperamos pueden desencadenar una respuesta de rechazo.

Para habituarnos a ellas hace falta un poco de tiempo y actitud de aceptación.

En este apartado es importante diferenciar que la resignación no es aceptación.

Al menos no en el sentido estricto de la palabra.

La aceptación conduce a la paz, al no “conflicto”, pero deja abiertas las puertas para que las cosas puedan cambiar, bien sea con otras personas o en otros contextos.

La resignación es una fuerza inmovilizadora en la que nada cambia.

 

4. Que los cambios sean muy radicales

Cualquier cambio trae algo distinto a tu vida. La pregunta que muchos se hacen es “¿qué tan distinto?”.

Visto que somos seres de hábitos, las rutinas nos dan seguridad y hacen nuestra vida más predecible, lo cual no es del todo negativo.

A veces es mejor que los cambios sean graduales, que se hagan por etapas y no de golpe.

Esto aplica para casos como los de aquellas personas que quieren emprender un proyecto de empresa y que están pensando en dejar su empleo formal.

En lugar de forzarse a empezar completamente de cero, un periodo en el que coexistan ambas realidades: la del empleo y la del emprendimiento, pueden convertirse en el gatillador del cambio que están esperando.

 

5. Falta de confianza

¿Eres de quienes tiene un cambio en el plan, pero cree que no podrá con él?

Puede que te falte confianza para hacer frente a los cambios que estén por llegar.

Algunos también puede que se sientan viejos para volver a comenzar desde cero.

Otros pueden dudar de su capacidad para relacionarse en nuevos ambientes y con nuevas personas.

Esta es una de las causas de la resistencia al cambio que se pueden gestionar con la información del punto anterior.

En lugar de cambios radicales, los cambios graduales te pueden dar la confianza que buscas.

Piensa en que todo lo que aprendemos bien lo aprendemos así, desde hablar, leer, caminar y hasta la profesión u oficio que sepamos.

6. Miedo a las consecuencias

Cambiar no es como abrir la ventana y dejar que entre aire fresco.

Los cambios traen consecuencias distintas a las que estamos obteniendo con el modo de hacer las cosas en la actualidad.

Cambiar, nos guste o no, es complejo.

Por eso es que esta es una de las causas de la resistencia al cambio. Lo que sucede es que no sabemos cómo gestionar las consecuencias y la verdad es que no lo sabremos del todo hasta que las estemos viviendo.

Incluso cuando sepamos que un cambio específico es mejor que la situación actual, incluso así, este miedo es muy común.

Si este es tu caso, dedícale tiempo a evaluar diversos escenarios y acciones específicas para cada uno de ellos.

Esto no solo reducirá tu miedo, sino que te permitirá tener un plan previsto para cada caso.

Causas de la resistencia al cambio
Algunos cambios pueden dejarnos exhaustos. En estos casos lo mejor es tomarse un tiempo, evaluar y reformular el plan para que sea más llevadero.

 

7. Miedo al rechazo

La aprobación de los demás nos importa. Y mucho.

Algunas personas no cambian algo con lo que no estén satisfechos solo por temor a que sus amigos o círculo cercano no estén de acuerdo con su decisión.

Esta es una de las causas de la resistencia al cambio más comunes y que más preocupación generan.

Es el miedo a separarse del grupo con el que nos identificamos, el que nos da protección y seguridad.

En este caso bien vale la pena que pienses en el escenario que te espera en un futuro cercano, mediano y largo si no implementas el cambio.

También es conveniente que valores cuán importantes son estas personas en tu vida.

Muchos lo hacen y se consiguen con la sorpresa de que en realidad con comodines para no sentir soledad o para tener alguien con quien pasar el tiempo, pero no son personas con quienes aman compartir.

 

8. Trauma del pasado

El pasado y sus fantasmas pueden estar al acecho. Mientras que todo está en calma, ellos parecen estar tranquilos, pero cuando algo nuevo llega, aparecen y entran en acción.

Por decirlo de algún modo, el cambio puede abrir viejas heridas, activar resentimientos no atendidos o recordarnos viejos “fracasos”.

En este caso te sugerimos el apoyo psicoterapéutico profesional como primera vía de atención.

Además, también puedes encontrar compañeros o compañeras de proyecto que hayan pasado por una situación similar y que hayan logrado hacerse cargo de estos miedos.

Es necesario que antes de proyectarte hacia el futuro, trabajes en tu pasado.

Eso sí, debes darte el tiempo para sanar y abrazar el cambio. Si te resistes, puede obtener resultados opuestos a los que buscas.

 

9. Cansancio

Hay momentos en la vida en los que estamos saturados de pensamientos y situaciones, tanto así que, cualquier cambio, por pequeño que sea, representa un gran esfuerzo.

Si a ese gran esfuerzo le sumamos la variable cansancio, estrés, ansiedad, etc., entonces el cambio se dificulta.

A veces es mejor postergar el cambio hasta haberse atendido el mundo emocional y psicológico, sobre todo cuando estos cambios representan una alta cuota de tensión.

Después que esto suceda, podrás afrontar el cambio con otra actitud y esto facilitará el éxito de lo que sea que decidas cambiar.

 

Conclusión acerca de las principales causas de la resistencia al cambio

El cambio es inevitable. Desde que nacemos vivimos en un cambio permanente.

Cambio de expectativas, cambios físicos, de pareja, de amigos, de compañeros de trabajo.

Si bien es cierto que muchas personas y situaciones permanecen en nuestra vida, no lo hacen de forma intacta.

Ellos también cambian, aunque no nos demos cuenta.

Tal vez, el mejor recurso para implementar cambios en nuestra vida sea ese: el conocimiento de que estamos cambiando, aunque nos parezca que no.

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