Trastorno Bipolar

El término psicoterapia, se refiere exclusivamente a las intervenciones planificadas, estructuradas o semiestructuradas que tienen el propósito de influir sobre el comportamiento, el humor y patrones cognitivos de reacción a diversos estímulos, a través de medios psicológicos, verbales y no verbales (Campo-Redondo, 2004). Los objetivos fundamentales de la psicoterapia son aumentar la adherencia al tratamiento farmacológico, psicoeducación para que el paciente y su familia detecten de manera precoz una recaída, favorecer que el paciente lleve una vida estructurada (horarios de sueño, alimentación, descanso, actividades, etc.), prevenir las ideaciones o intentos suicidas, y aumentar la conciencia de enfermedad (Pavuluri, 2003), control de síntomas, otorgar habilidades y estrategias para afrontar la enfermedad, entre otras.

En el artículo titulado “Intervenciones Psicosociales para la Prevención de Recaídas en el Trastorno Bipolar” encabezado por Chavez y Benítez (2008), se evidencia el beneficio directo de la intervención psicoterapéutica Cognitivo Conductual (TCC), sin embargo, consideramos que los otros modelos psicoterapéuticos como la Psicoeducación (PE), Terapia Psicodinámica o Psicoanalítica (TSD), la Terapia Humanista Gestáltica (TG), la Terapia Interpersonal y de Ritmos Sociales (IPSRT) y la Terapia Sistémica Familiar (TFS), deben ser igualmente valorados e investigados ya que al ser terapias propiamente tal resultan ser de igual forma coadyuvantes esenciales en el tratamiento. Vemos que se destacan distintos tipos de psicoterapia que se llevan a la práctica de forma ligera y relativamente diferente. A continuación, se presentan los principales modelos de intervención psicológica para el tratamiento actual del trastorno bipolar.

Terapia Cognitivo Conductual (TCC).

Esta terapia es considerada un procedimiento activo, directivo, estructurado y de tiempo limitado, utilizado inicialmente para la depresión unipolar, pero que, gracias al aumento de las investigaciones, hoy es una terapia para tratar distintas alteraciones psiquiátricas, como por ejemplo, la depresión, ansiedad, bipolaridad, fobias, alcohol, etc. Trabaja en base al triangulo de emoción, conducta y pensamiento, donde uno de sus supuestos teóricos es que los efectos y la conducta de un individuo están determinados en gran medida por el modo que tiene dicho individuo de estructurar el mundo (Beck, 1983). El campo de intervención basado en sus objetivos es: el controlar los pensamientos automáticos negativos, identificar la presencia de pensamientos distorsionados, la sustitución de cogniciones por unas más realistas, el trabajo con la triada cognitiva, creencias nucleares, supuestos y esquemas cognitivos. A través, del estudio de diversos ensayos clínicos efectuado por Chávez, Benítez y Ontiveros en México acerca de la utilidad de la TCC se logra evidenciar que, en los primeros seis meses de la práctica empírica, los pacientes que consiguieron solo el tratamiento medicamentoso recayeron en el 50% de los casos y, a lo largo del año la cifra llegó al 75% (p. 115). En cambio, en el caso de los pacientes que recibieron además, la TCC la recidiva significó, en el primer semestre una cifra de 28,3%, y en el año un 43,8%. En general, este tipo de modelo muestra que el 56% (p. 115) de los pacientes manifiesta disminución de síntomas depresivos, lo que amortiguaría el curso del trastorno bipolar en fase melancólica. Cabe destacar que la mayoría de los médicos tratantes de este estudio bajaron las dosis de antidepresivos y estabilizadores.

En suma, se han realizado diversos estudios con la aplicación de la TCC evaluada y analizada en estudios de casos, series de casos o estudios piloto y ensayos clínicos. Los tratamientos incluidos bajo esta denominación han demostrado ser enormemente eficaces, aunque se precisan hacer estudios experimentales más amplios, en especial a la población infanto-juvenil, como al resto de los tratamientos para este trastorno.

Terapia Psicodinámica (TSD).

Este modelo opera bajo la interpretación de las conductas del sujeto en la expresión de la existencia de algún atributo subyacente al mismo, recogiendo pensamientos psicoanalíticos a partir de teorías pioneras del enfoque, por Sigmund Freud y Melanie Klein. El padre del psicoanálisis, denominó inconsciente, a lo que determina en gran parte nuestros actos en la vida cotidiana, lo que a su vez también es utilizado para dar explicación de trastornos mentales. El campo de intervención terapéutico es trabajar en base a los sueños, los mecanismos de defensa, la estructura tripartita de la mente (el ello, el yo y el superyó), las etapas psicosexuales del desarrollo, la neurosis, histeria, traumas, pulsiones, entre otros. Es importante anotar que, a pesar de que el Psicoanálisis nunca haya estado en la vanguardia de la investigación sobre la psicosis maníaco-depresiva, Freud (1924) ya hablaba de la relevancia que tendría la aplicación del Psicoanálisis en la clínica bipolar, pues el método usado por él había conseguido la mejora de diversos pacientes a su cargo. En esa misma dirección, Sergio de Campos (2009) menciona: “El Psicoanálisis busca no solo aclarar, sino rodear a través de lo subjetivo lo que hay de real que pueda desencadenar y mantener la crisis, sea de Manía o de Melancolía”.

En suma, a pesar de la escasa información al respecto, el enfoque psicodinámico, teniendo en cuenta los principales postulados, si podría constituir una intervención terapéutica de gran ayuda para el paciente tratando la estructura inconsciente del sujeto con trastorno bipolar.

Terapia Familiar Sistémica (TFS).

La terapia sistémica estudia la importancia del poder curativo que la familia pueda influenciar en el paciente, las tensiones y las relaciones en el grupo familiar. Por otro lado, también está la familia como mantenimiento, es decir, el soporte al momento del diagnóstico y al desarrollo del tratamiento y, por último, los factores predisponentes que hacen referencia a las familias que han sido disfuncionales desde un principio (García y Blanco, 2013). Por ende, es esencial mantener tratamientos ligados a la familia, sosteniendo el conocimiento ante factores disfuncionales y protectores para que el desarrollo del yo en pacientes con TAB no se vea influenciado de manera negativa. Principalmente, los objetivos de esta terapia serían: esbozar de manera conjunta nuevos caminos de solución para los conflictos familiares; controlar el estrés que suele experimentar la familia; descubrir los recursos familiares, fortaleciendo, desplegando y desarrollando estos recursos; afianzar las pautas de interacción y de los axiomas comunicativos. Pues bien, los trastornos muchas veces sólo logran ser comprendidos cuando se descubre y analiza el contexto, las relaciones e interacciones que operan en el entorno.

Terapia Humanista Gestáltica (TG).

Según Carl Rogers (Kindersey, 2011), la terapia centrada en la persona dentro del enfoque humanista o gestáltico basa su objetivo en establecer una relación cercana entre terapeuta y paciente, en donde exista empatía, comprensión y escucha activa de parte del terapeuta con la finalidad de que el individuo conozca su mundo interno. El campo de intervención de esta terapia es el trabajo con la pirámide de necesidades impuestas por Maslow, la búsqueda de sentido propuesto por Frankl, la visión de la Fenomenología y el Existencialismo, las autointerrupciones de Perls (mecanismos de defensa), la vivencia subjetiva, el lenguaje corporal, pero principalmente la aceptación incondicional del TAB por parte del paciente como percepción de desafío y no de catástrofe.

Terapia interpersonal y de ritmos sociales (IPSRT).

La terapia interpersonal y de ritmo social se plantea como una adaptación de la psicoterapia interpersonal para la depresión y deriva de dos enunciados importantes, el primero es que el trastorno bipolar es asociado a un pobre funcionamiento interpersonal, especialmente durante las fases depresivas; y segundo, que las alteraciones de los ciclos de sueño y vigilia pueden alterar al sujeto y precipita los episodios maniacos (Miklowitz, 2010). Dicho estilo de terapia tiene dos objetivos, que son resolver los problemas personales de las personas que le cause algún sentimiento negativo o molestia, ya sea controversias, conflictos interpersonales o tristeza; y por otro lado estabilizar los ritmos sociales del paciente, es decir, horarios, rutinas, ejercicios y/o vida social (Becoña, 2001), véase apartado de actividades complementarias. Este estilo de terapia es altamente favorable para los pacientes y así lo expresa la revista Toxicomanías en un artículo del año 2010, donde se expresa que las personas que recibieron terapia interpersonal y de ritmo social durante fases agudas tuvieron largos periodos de bienestar y también tuvo efecto sobre “las recurrencias depresivas y un efecto ligeramente significativo sobre los intentos de suicidio”. (Miklowitz, 2010, p. 13).

Psicoeducación.

Una herramienta muy eficaz por su efecto es la intervención psicoeducativa, que consiste en un abordaje global del individuo y su familia, enseñando en que consiste el trastorno, qué características tiene y que se puede hacer durante el tratamiento. Generalmente, se lleva a cabo por el psicólogo y se adecua al entendimiento, comprensión, nivel sociocultural del paciente y su familia, además, del desarrollo, de la personalidad y de las características de la persona, (Pino, Lozano, San Miguel y Aldana, 2008). En la psicoeducación individual se busca que los pacientes aprendan sobre su enfermedad con información didáctica que pueda reducir el estigma asociado al trastorno, que desarrollen planes de prevención y de adherencia al tratamiento, además de estrategias de manejo de la enfermedad. Por otro lado, la psicoeducación en grupo ejerce un papel importante en cuanto a conciencia de enfermedad, detección precoz, intervención sobre los síntomas prodrómicos, cumplimiento de la medicación, regulación del estilo de vida, además de lecturas en grupo (Miklowitz, 2010).