Los Idiotas y los Anormales

Este artículo es una pequeña reflexión sobre la película “Los Idiotas y los Anormales”, contextualizado en algunos argumentos de Foucault, para quién el poder no sólo regula, sino que PRODUCE realidad. Es una forma de apropiación del otro, o de otra cosa. Cuando nos preguntamos por la posibilidad de la diferencia en un contexto social determinado no necesariamente estamos hablando de una dialéctica entre una clase dominante y otra dominada, no necesariamente estamos hablando de los procesos materiales que sitúan a unos como represores y a otros como reprimidos, sino que vemos que el ejercicio del poder se plasma en la realidad como consecuencia de un saber que a menudo constituye a lo “natural” como aquello que le es operativo a un determinado orden social.

En este sentido “ser distinto”, “ser idiota”, no se alinea con lo que puede resultar útil a la sociedad burguesa que se muestra en la película, donde el patrón común es otro. Lo único que se puede hacer ante tal anomalía es entonces normalizar, para lo cual esa diferencia se sanciona, por ejemplo, con discriminación y postergación.
Sin embargo la película también articula un modo intencionado de hacer frente a la uniformidad que plantea el orden social mencionado, o tal como señala Stoffer: “En la edad de piedra los idiotas morían. Hoy es un privilegio ser idiota. Los idiotas son el futuro“.

A pesar de esto, constituirse como otro trae grandes tensiones, que quedan ilustradas en las estrategias de normalización que Foucault refiere en el texto a propósito de la sociedad disciplinaria. Para ello acude al imaginario de 3 figuras: el monstruo humano, el onanista y el incorregible.

Lo otro como amenazante de lo establecido

A partir del “monstruo humano” (caracterizado por un hermafrodita) Foucault viene a representar aquello que trastorna las leyes de cualquier orden (genéticas, psíquicas o jurídicas), a fin de dar cuenta, mediante una exageración a la excepción de la regla, de aquello que se opone a lo socialmente “correcto” y “deseable”. De modo análogo, en la película “Los idiotas” el hecho de fingir una condición de “debilitamiento mental”, que escapa a un modo de ser “normal”, genera una serie de problemas con el entorno, los cuales se asocian a la condición de supuesta idiotez de los individuos que comparten la casa. Esto queda demostrado cuando el municipio les ofrece dinero a la comunidad de Stoffer si toman en cuenta cambiarse de lugar.

También se podría relacionar la figura del “onanista” (o masturbador) con el “indisciplinado en el cuerpo” que representa cada idiota. Tal como en la película se observan varias escenas de sexo explícito que tienen lugar durante los momentos de idiotez de los participantes, las cuales por lo demás son escenas de sexo grupal, sin restricciones, la figura del onanista que Foucault plantea es una figura que representa el exceso, el uso del cuerpo para el placer, en oposición a lo que la sociedad disciplinaria pretende al vigilar y controlar la limpieza, la higiene, y en definitiva todo lo que implica la disciplina de lo humano.

Por último, la figura del “Incorregible” que plantea Foucault en el texto viene a hacer visible el atasco de las técnicas disciplinarias. Es interesante destacar en este punto que si bien por un lado la sociedad disciplinaria contaría con nuevas y reformuladas técnicas de reencausamiento o reinserción, hacia el final de la película son cada uno de los supuestos “idiotas” los que no pueden llevar hasta sus propios contextos su condición. Cuando realizan el juego de la botella y aparece señalado un integrante, finalmente este no se atreve a llevar a cabo la idiotez a su vida. Quizá la diferencia la marcaría Karen, quien hacia la última escena comienza a fingir idiotez frente a su marido, recibiendo una drástica sanción por parte de este (golpe en la cara).

Una “condición de ser” que comienza a producir  efectos no deseados

En el contexto de la película, la condición de idiotez claramente es una burla contra la sociedad burguesa y represora, pues constituye un quiebre a sus patrones de conducta tradicionales y, en este sentido, las tensiones que se muestran producto de la supuesta “idiotez” de los participantes son derivadas de la necesidad por lograr sumisión y producir un determinado sujeto que se encuentre normalizado para dicha sociedad, lo cual se expresa en la postergación social, la discriminación y el rechazo que sufre cualquiera que se constituya como un “otro diferente”, a pesar que esa diferencia ni siquiera responda a una “esencia” o “forma de ser natural” sino incluso a una condición intencionalmente creada, como muestra la película.

Siendo así lo que cabe suponer es que la sanción que recibe el ser distinto no es una casualidad, sino que se relaciona profundamente con lo que le es útil a quien emite la sanción, en este caso el orden social del sistema burgués.