VIF o Violencia Intrafamiliar: buscar ayuda a tiempo

vif

violencia intrafamiliarLa violencia intrafamiliar (vif) es entendida como aquella acción u omisión cometida por uno o varios integrantes de la familia que represente algún tipo de acto violento, ocasionando algún daño físico, psicológico o sexual contra otro u otros que pertenezcan al mismo seno familiar, lo que perjudica su integridad y causa algún daño a su personalidad o a la estabilidad.

Cuando dos personas deciden formar una familia se produce un encuentro de dos historias individuales que van formando una sola. Cada uno llega con sus propios valores y creencias sobre cómo se debe construir la familia. En aquellos momentos en que el equilibrio familiar comienza a fallar, los integrantes actúan de manera desorganizada, lo que da origen a problemas de comunicación que llevan a que los valores y creencias comiencen a ser cuestionado por los mismos. Es aquí cuando comienzan a transgredirse los límites con el otro y en muchas situaciones la tolerancia se ve superada, por lo que solo falta un pequeño paso para que la “crisis” de la familia dé un giro inesperado y la violencia (vif) se haga presente.

Pero, ¿Cuándo se puede hablar de violencia intrafamiliar?

La violencia se puede presentar de múltiples maneras y afecta al grupo familiar incluso en situaciones que ellos mismos no han sido capaces de reconocer:

  • Una de las maneras en la que se presenta es a través de la violencia física, la cual es entendida como toda aplicación de fuerza física no accidental que puede dejar lesiones o marcas visibles con consecuencias graves o leves, incluso puede llegar a producir la muerte de la persona violentada. Este tipo de violencia es la más conocida por las personas, pues aquellas lesiones que producen sensaciones de dolor físico obligan a la persona violentada a darse cuenta de que eso no está bien, pero aun así no se vuelve motivo suficiente para hacer algo al respecto.
  • Otro tipo de agresión que pueden existir en una familia es a través de la violencia psicológica, la cual se entiende como todo tipo de agresión de carácter verbal, utilizado para humillar, ridiculizar, amenazar, excluir, denigrar a la persona agredida, a través de insultos, criticas, descréditos, humillaciones, chantajes. La agresión psicológica va permitiendo la existencia de dominancia hacia los agredidos, afectando de manera negativa en la autoestima de quienes lo sufren.  Este tipo de violencia, si bien no deja ningún tipo de marcas físicas, puede llegar a ser más dolorosas que las agresiones físicas.
  • Además de las agresiones anteriores, también puede estar presente la violencia económica. Esta restringe la libertades, permite el abuso y dominancia mediante la restricción de los recursos económicos y obliga a la familia a depender del agresor.
  • Finalmente, en algunas familias el tipo de violencia puede escalar a la agresión sexual, la cual se reconoce como toda acción voluntaria o involuntaria que vulnera los derechos sexuales de otra persona. Aquí, el agresor se impone contra la voluntad del otro.

Los tipos de violencia intrafamiliar o vif mencionados anteriormente, son realidades presentes en la vida cotidiana de muchas familias que por lo general, tienden a ocultar estos hechos por vergüenza, amenazas de violencia o de muerte, chantajes económicos, amenazas con los hijos o por no reconocer las agresiones que viven.

Una vez reconocidas algunas de las formas de violencia que pueden existir en las familias, ¿Cuáles son las consecuencias de estar en un entorno así? Por lo general, las personas que viven en un contexto de violencia familiar tienden a tener problemas de autoestima, sentido de impotencia, temor en la toma de decisiones, enfermedades ocasionadas por la tensión, insomnio, pérdida de apetito, aislamiento, miedo paralizador.

Es importante señalar que, aunque la violencia intrafamiliar está reconocida como un tipo de violencia ejercido en su mayoría hacia la mujer o los hijos, no quiere decir que esta no pueda estar presente en los hombres. En general, este es un grupo invisibilizado por su condición física, que los define socialmente como “más fuertes”.

¿Por qué Consultar cuando hay vif?

vifPor lo general, aquellas personas que están inmersas en dinámicas familiares violentas miran tales acciones como elementos naturales de la vida, por lo que no existe un cuestionamiento de si esta manera de ser es perjudicial para ellas. El artículo anterior está escrito para aquellos que cuando lo lean, se sientan identificados con algunas de las características mencionadas y puedan reconocer que la manera en cómo están siendo tratados no es sana.

Los invitamos, mediante un proceso terapéutico, a que puedan tener un espacio propio para mirar sus vidas, tomar fuerzas suficientes para liberarse, tomar acciones y lograr salir adelante.

Estrés: síntomas y tratamiento, ¿Cuándo pedir ayuda?

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El estrés es absolutamente necesario para nuestra existencia, pues consiste en un estado de alerta que nos permite dar respuesta a los diversos estímulos que interactúan con nosotros. Por ejemplo, al vivir situaciones de miedo podemos paralizarnos o huir, cuando experimentamos la rabia podemos responder con conductas para defendernos, etc. No obstante, también podemos reconocer un estado de estrés debido a un cansancio generado por la vida cotidiana, en donde un rendimiento superior al que normalmente entregamos genera sensaciones psicológicas desagradables. Nuestro diario vivir es realmente exigente, dentro de éste existen diversas aristas que podrían generarlo:

Estrés laboral

  • Nuevo trabajo: adaptarse a nuevas personas, nuevas tareas, nuevos trayectos, etc.
  • Excesiva carga laboral, que a veces es nueva y debemos aprenderla.
  • Periodos críticos en donde hay que tener informes, cerrar cuentas, etc.
  • Acoso laboral.

Estrés familiar

  • Separación de los padres.
  • Hijos viviendo su adolescencia.
  • Peleas o diferencias importantes dentro del grupo familiar.
  • Enfermedad y cuidado de uno de los miembros de la familia.
  • Muerte de un miembro del grupo  familiar.
  • Violencia intrafamiliar.
  • Cesantía.

Estrés en pareja

  • Peleas o diferencias importantes.
  • Celos y/o desconfianza en el otro.
  • Dificultades en la vida sexual: disfunción sexual, baja del deseo, anorgasmia, etc.
  • Autoexigencia en términos económicos
  • Miedo a que la relación se acabe
  • Búsqueda de concebir un hijo.

Estrés de desarrollo personal

  • Dificultad de conseguir el éxito deseado.
  • Crisis existencial o de algún hito propio del ciclo vital.
  • ¿Quién soy, qué quiero, para dónde voy?
  • Cesantía, endeudamiento y dificultad para pagar las cuentas.
  • Insatisfacción con la imagen corporal o monitoreo constante del cuerpo.
  • Sentir que “nunca es suficiente”.

Síntomas del Estrés: ¿Cuáles son sus características?

estrésEl estrés generado por  la vida cotidiana, como el trabajo, la universidad, escuela, hijos, dificultades  en el grupo familiar, peleas, o experiencia de cambios importantes para la persona etc.,  puede manifestarse de diversas formas: sensación de pesadez corporal, dolor de cuello y hombros, sueño, caída del cabello, irritabilidad, dolores y problemas estomacales, entre otros.

Es importante que consideres que los síntomas señalados, corresponden a respuestas normales de nuestra corporalidad, pues al consistir en una alteración de nuestro organismo, éste necesita manifestarse. No obstante, sabemos que dichas manifestaciones son bastante desagradables y que generan un círculo vicioso, ya que al vivir una situación o situaciones estresantes, podríamos sentir que las respuestas que damos incrementan dicho estrés inicial: por ejemplo, sufrimos una pelea dentro de nuestra familia, dicha pelea no nos deja dormir bien y al día siguiente nos sentimos preocupados, más cansados de lo normal y con dolores musculares; aquellas sensaciones nos podrían enfrentar a la vida cotidiana con una actitud negativa, lo cual en consecuencia podría afectar en el trabajo sintiéndonos exigidos a cumplir, luego del trabajo vamos a la casa repitiendo el patrón, pudiendo llegar a una secuencia de acontecimientos bastante tediosos e incluso insufribles.

Ahora bien, a lo largo de nuestras vidas experimentamos situaciones  dramáticas y tan potentes cuya vivencia genera consecuencias psicológicas que impiden o dificultan excesivamente nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, el vivir o ver un accidente, la violencia intrafamiliar o de cualquier otra persona, abuso sexual, violación, amenazas, una catástrofe, una muerte violenta de un ser querido, enfermedad fulminante, etc.

Trastorno de estrés postraumático

Como se señala más arriba, algunas situaciones abruptas y agresivas pasan a lo largo de nuestras vidas o somos testigos de ellas. Dichas vivencias pueden generar alteraciones altamente significativas en nuestro diario vivir. El trastorno postraumático puede provocar pesadillas relativas al evento, recuerdos involuntarios, dificultad de evocar los detalles del suceso sintiendo “lagunas de memoria”, altos niveles de ansiedad y angustia, respuestas con sobresaltos; síntomas de crisis de pánico como aumento de la frecuencia cardiaca, sudoración corporal, entumecimiento, sensación de parálisis, sentir que se vive una situación de irrealidad, habitar un lugar cotidiano y sentir que es nuevo, sentir que no se es uno mismo, sensación de distancia, etc.; siendo todas manifestaciones que no ocurrían normalmente. Los síntomas pueden aparecer inmediatamente luego del acontecimiento, o bien hasta varios años después.

¿Cómo prevenir que este problema se vuelva patológico?

Es importante dar un espacio cotidiano que puede variar desde algunos minutos a un par de horas, en donde te permitas sentir lo que estás viviendo. La aceptación de las emociones es el primer paso, y sí, a veces nos enojamos con quienes más queremos, o la vida cotidiana se nos está yendo cuesta arriba; por tanto el encontrarnos con nuestro mundo privado nos permite conocer lo que nos afecta y el cómo nos afecta. Si bien, puede ser una acción bastante desagradable, la necesitamos para que no nos ocurra la bola de nieve de la sensación de vivir una serie de acontecimientos que significamos como negativos. La idea es poder tomar la(s) bolita(s) de nieve y no cargar con una que puede hasta quebrar nuestras columna, no?

¡Realiza actividades extraprogramáticas!, elige una actividad que sea de tu interés y ponla en práctica, es necesario tener un tiempo en nuestra semana para dedicarla a nosotros mismos. Por ejemplo, deporte, danza, alguna expresión artística, caminar, visitas a museos o actividades culturales, etc., ésta es tu oportunidad para darte un regalo.

Conversa: es importante que agotes esa experiencia emocional que te agobia, convérsala, quizás hay otra persona que haya pasado por lo mismo o esté en la misma situación que tú, a veces dividir las sensaciones de dificultad permite descargar lo displacentero y encontrarnos con un otro semejante a nosotros.

En cuanto al trastorno postraumático, deberías consultar una vez que percibes que una situación se vuelve agresiva u otra persona te está advirtiendo que alguien está siendo agresivo contigo, por ejemplo. Lamentablemente hay otras situaciones traumáticas que no podemos prever que nos sucedan, sin embargo, cuando ocurren debes consultar de inmediato para disminuir la posibilidad de desarrollar un cuadro agudo. A veces, podemos darnos cuenta que ello sucede sólo cuando los síntomas se han mostrado, en ese momento también debes acudir a un profesional que te brinde un tratamiento.

¿Cuándo consultar con un especialista?

Si bien puedes consultar a un psicólogo cuando quieras sin necesidad que estés viviendo una gran dificultad o un gran problema, hay un momento en el que los síntomas de estrés postraumático lo hacen imperativo. Por ejemplo, cuando sientes que todo se viene cuesta arriba, cuando te sientes solo o que no hay otra persona que entienda lo que sientes, cuando estás viviendo un peligro como situaciones de violencia o abuso o cuando sientas cualquiera de la sintomatología anteriormente presentada.

Tratamiento del Estrés

A veces los tratamientos elegidos son los fármacos, pero no te van a curar, sólo calmarán hasta cierto punto la manifestación sintomatológica. La cura está en la palabra dada y la que emerge durante la conversación rica en narrativas que transforman tu realidad.

El tratamiento más efectivo es a través de la psicoterapia, pues ésta permite encontrarte con tus emociones, con tu historia, con tus narrativas, con tu identidad. Si bien el ir a un psicólogo es en ocasiones difícil, a veces requerimos de una visión de un profesional que te muestre diversas formas de significar tu experiencia, de alguien que te brinde un espacio de expresión afectiva sin juicios, de un lugar seguro en donde puedes ser tú. Una de las manifestaciones del estrés es estar viendo una situación bajo sólo un punto de vista, como si existiera sólo un camino, sin embargo, un psicoterapeuta te puede enseñar varios, tú eliges cuál es el que te hace verdadero sentido.

Insomnio: ¿Cómo manejar los trastornos del sueño?

insomnio

Hablemos de Insomnio. De seguro alguna vez a lo largo de tu vida has pasado alguna que otra noche recostado en tu cama, mirando el techo con los ojos bien abiertos o dando vueltas de un lado a otro sin la posibilidad de encontrar una posición cómoda, ansioso por conciliar el sueño lo más pronto posible para lograr llegar a un número razonable de horas de descanso antes de comenzar un nuevo día. Sin embargo, a pesar de tus numerosos intentos por conseguirlo, has fallado en la tarea logrando dormir tan solo un par de horas, ya sean continuas o interrumpidas, despertándote con la sensación de no haber descansado nada, o de haber amanecido con el doble de cansancio. Probablemente, esta situación ha repercutido de manera negativa en las diferentes actividades que planeabas realizar para ese día; trabajar, estudiar, realizar algún deporte, salir, etc. Además, también es probable que haya incidido en tu estado anímico; te habrás sentido más irritable, desmotivado o incluso nervioso y ansioso.

Entonces podrías estar sufriendo de insomnio. Esto puede suceder si nos sentimos estresados, si estamos preocupados por algo, si tenemos alguna evaluación o situación importante al otro día, si estamos ansiosos o tensos. Puede también, estar asociado a ciertos medicamentos (p. ej. antidepresivos, corticoesteroides, entre otros), drogas estimulantes como la cocaína o el tabaco, o a otras enfermedades o síntomas (como dolor, tos, enfermedades cardíacas, depresión, entre otras). Incluso, puede estar asociado a una mala higiene del sueño, lo que se traduce en hábitos y comportamientos que favorecen el buen dormir (como una alimentación adecuada, ejercicio, comodidad, etc).

Sin embargo, ¿cuándo debemos preocuparnos por esta condición?, es totalmente normal sentirnos nerviosos o ansiosos por algo y que esto incurra en nuestras horas de sueño, pero si eliminamos todas las variables que estén a nuestro alcance por alcanzar un mejor descanso, y aún así esto se convierte en una problemática para nosotros, sería bueno consultar con un especialista. Todos podemos pasar por situaciones aisladas que nos lleven a este problema de manera esporádica, pero cuando esto se transforma en una constante, es motivo de alerta (podría ser una de las principales alertas que nuestro cuerpo nos entrega para saber que algo no anda del todo bien).

Entonces, ¿qué es el insomnio?

insomnioEsta experiencia está dentro de los trastornos del sueño-vigilia, caracterizándose por una insatisfacción por la cantidad y/o calidad del sueño, la cual se puede expresar en tres momentos de la etapa de descanso; problemas en la conciliación o inicio del sueño, problemas en su mantención (despertarse varias veces en la noche por un tiempo considerable), o un despertar precoz en las mañanas con dificultad para volver a conciliarlo. Como lo ejemplificamos en el primer párrafo, el insomnio causa un malestar bastante significativo en la vida cotidiana, pudiendo afectar en la esfera social, laboral, académica, anímica o de comportamiento de la persona que padece esta sintomatología. Para que esto suceda, el malestar debe presentarse de manera continua, varias noches a la semana y durante algunos meses, a pesar de las condiciones y hábitos favorables para dormir, y a pesar de no estar relacionado con la ingesta de medicamentos, drogas u otras sustancias.

Padecer síntomas de insomnio es algo cada vez más común. Se estima que alrededor del 26% de la población chilena presenta alguna alteración del sueño, aumentando este porcentaje a medida que va avanzando la edad, y presentando una mayor prevalencia en el género femenino. Es mucho más probable que padezcas insomnio si has estado expuesto a una situación estresante o traumática recientemente, tales como separaciones, enfermedades, accidentes etc. Sin embargo, también es probable que lo padezcas en caso de estar expuesto a un estrés diario menos grave pero crónico, como insatisfacción laboral, problemas de pareja, problemas en la familia, preocupaciones económicas, entre muchas. En estos casos, la mayoría de las personas que sufren insomnio dejan de tener esta sintomatología una vez cesan los estresores, pero también puede suceder que aún así continúe.

Factores que nos dificultan dormir tranquilos

Algunos estilos de personalidad con tendencia a la ansiedad y a la preocupación o la tendencia a reprimir emociones pueden aumentar la vulnerabilidad al insomnio. Factores ambientales también pueden incidir, tales como una luz poco adecuada, temperaturas extremas, la contaminación acústica, etc. La mala higiene del sueño también afecta el descanso, como por ejemplo el consumo de mucha cafeína, horarios desordenados para dormir, etc. Frente a los riesgos mencionados, es interesante analizar cuáles son nuestras estrategias de afrontamiento para disminuir estas molestias. Es común que frente a la imposibilidad de dormir, generemos un estado de hiper-consciencia a la hora de acostarnos, en el cual nos sintamos excesivamente alertas a la posibilidad de poder dormir bien, la cual al no poder concretarse, va generando mayor ansiedad al respecto y mayor frustración, y a la larga puede ir generando un miedo o ansiedad anticipatoria frente a la situación de descanso, formando un círculo vicioso a nivel fisiológico, emocional y psicológico, afectando nuestra manera de experienciar del sueño. Estaríamos hablando entonces de mecanismos perpetuantes del insomnio.

Lo anterior incide directamente en nuestro funcionamiento diurno, con mayores posibilidades de sentirnos fatigados, cansados, irritados, ansiosos, con dificultad para concentrarnos y para poner atención, afectando nuestra memoria y desempeño constante.

Podemos comprender entonces, la relevancia de tener un buen descanso, un sueño reparador. Si esto se ve mermado, con el tiempo comenzará a afectar nuestro bienestar, lo cual puede incluso llevar a otras patologías como trastornos de ansiedad o depresiones. Es muy común que el insomnio se dé en conjunto con otras patologías, a lo que llamamos comorbilidad.

Por otro lado, es interesante poner atención a que si estás experimentando sintomatología relacionada con el mal dormir, esta a su vez podría ser una alerta de que hay otras problemáticas en tu día a día, que al momento no han encontrado solución posible, forjando la sensación de estancamiento y por lo tanto pensamientos reiterativos al respecto, preocupaciones o angustia. Muchas veces, este tipo de experiencias suelen ser difíciles de percibir, y podemos preguntarnos por qué es que entonces nos cuesta tanto dormir. Lo cierto es que quizás, estés viviendo una experiencia que es incongruente con la manera en que te experiencias a ti mismo y a los demás, quizás, ha habido una ruptura en tu experiencia personal, que no permite articular tu experiencia de la vida actual. Si has experimentado algo en tu vida que no ha podido ser transformado en un sentido propio de ti mismo, tu experiencia no puede ser autorreferida y por lo tanto tienes distintas formas de expresar esta ruptura, dentro de las cuales podría existir el insomnio como síntoma, y más adelante como trastorno.

Un caso práctico

Analicemos un ejemplo: Juan (nombre ficticio), de 58 años,  siente que todo en su vida va bastante bien; ha logrado numerosos estudios, tiene un trabajo en el cual le va bastante bien, está casado y feliz con su pareja, una casa propia en donde viven sus dos hijos sanos con quienes mantiene una excelente relación, tiene un círculo social cercano junto a su señora a quienes frecuentan constantemente.

Sin embargo, Juan lleva tres meses con insomnio y no sabe por qué. Se ha realizado exámenes médicos y todos indican que no hay problema alguno, por lo que no se puede explicar su falta de sueño, la cual ha ido incrementando con el tiempo y ha dado paso a mayor sintomatología ansiosa; dolor en el pecho en diversas ocasiones, colon irritable y cefaleas.

Su doctor lo deriva a un psicólogo para una evaluación, por lo que Juan comienza a frecuentar terapia psicológica. Juan, al comienzo, se siente bastante escéptico, ya que nunca antes había tenido problemas de salud, las veces que había ido al médico era por cosas puntuales, por lo que menos motivación tiene de comenzar a hablar en detalle de su propia vida con un desconocido. Sin embargo, Juan se mantiene constante, y poco a poco se va dando cuenta, de que el hecho de vivir una vida socialmente impuesta, en donde sin darse cuenta fue haciendo “ticket” a los logros esperables para cada etapa de su vida (los estudios, el trabajo, la casa, la familia, el auto, etc), no era todo lo que él anhelaba lograr a lo largo de su vida. Sin antes haber hecho una asociación corporal, ahora Juan puede distinguir su insomnio y su ansiedad como una sintomatología que surge ante el vacío que siente por no haber dado tiempo a desarrollar sus anhelos más profundos, relacionados con llevar una vida un poco más relajada, fuera de la ciudad, en donde pudiera cultivar sus intereses personales.

Juan, antes era incapaz de ver esto dado que frente a los ojos de muchas otras personas era una persona bastante afortunada; lo tenía todo. Sin embargo, ante los ojos del mismo Juan, para sí mismo, en algún punto de su vida hubo un quiebre entre sus aspiraciones personales y lo que a él le hacía sentido, dejándose llevar por logros y metas establecidos socialmente, viviendo automáticamente a lo largo de su desarrollo vital, hasta el punto en el que ya tenía todo lo esperado, pero aún así se sentía vacío. Al llevar una vida poco consciente de esto, era más difícil conectar aquello con la sintomatología actual de Juan, de índole ansiosa, en donde encontramos al insomnio. Una vez desmantelado, Juan puede ver que nuevas posibilidades de ser se abren frente a sus ojos, y Juan vuelve a transformarse en el protagonista de su propia historia, posibilitándolo entonces a tomar una decisión que cambie su condición actual relacionada con la ansiedad y su sensación de vacío, y probablemente, su insomnio.

El ejemplo anterior es una de las muchas posibilidades que cada ser humano tiene de vivenciar una ruptura en el sentido de sí mismo a lo largo de la vida. Como las infinitas posibilidades de experimentarlo, al ser cada persona única, existen también variadas formas de expresarse a nivel de sintomatología; el insomnio es solamente una de ellas.

Conclusiones

No hay una fórmula ni una causalidad para establecer a partir de un síntoma que puede tocar de infinitas maneras a cada una de las infinitas existencias que lo puedan experimentar. Sin embargo, como vemos que el insomnio va siendo cada vez más común en la población, es importante darle una mirada comprensiva para que de esta manera podamos tener un mayor acceso a nosotros mismos, y así, en caso de padecerlo, podamos también comprender el cómo es que nos va sucediendo. Justamente esto es lo que se intenta hacer en la terapia psicológica, una co-construcción entre el terapeuta y el paciente que vaya facilitando esta conexión con nuestra propia experiencia, que muchas veces, y sobre todo en el entorno social en el que nos movemos hoy en día, se torna ajena a nosotros mismos.

La intención de este artículo es justamente generar una conciencia más amplia en torno a padecimientos que se manifiestan de índole corporal, e intentar unificarlo con la experiencia completa del existir humano. Tratar de superar la división cartesiana entre mente y cuerpo, e insistir en que uno experimenta las cosas en su totalidad. Por lo tanto, un síntoma tan común como el insomnio, nos puede decir mucho más de nosotros mismos.

El vínculo en las relaciones sociales

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“¿Cómo estás?, ¿Bien y tú?, Bien también…”
 La frase anterior es el diálogo común que compartimos cuando nos encontramos con un amigo, colega, conocido o con el tío lejano que solo vemos para el cumpleaños de un familiar. Sin embargo, la respuesta es única y conocida por todos… “Bien”.

Sería un mundo ideal si es que efectivamente todos estuvieran “bien” cuando les preguntan cómo estas, ya que todos tenemos momentos buenos y malos a lo largo de nuestra vida. Entonces, ¿Qué nos hace responder de esa manera y no con la verdad?
Existe una gama de posibles respuestas para esta pregunta; simple norma social, no querer hablar de nuestros problemas o simplemente, la falta de confianza en el otro. Es en esta última razón donde me centraré.

La falta de confianza que tenemos con el otro, es lo que nos hace posicionarnos a través de una máscara de “que las cosas siempre están bien”. El no tener una relación o ataduras con quien pregunta, nos entrega esta facilidad de poder mentir sin culpa y a su vez poder hablar de nuestras vidas sin exponernos sobre cómo nos sentimos realmente en ese momento.

La confianza y el vínculo humano

confianzaAhora bien, si quien nos hace esta pregunta es una persona en la que confiamos, nuestras respuestas se tornan sinceras sobre nuestro bienestar, pues nos sentimos en un espacio y entorno cómodo y seguro en el cual podemos mostrarnos de manera real.

La aproximación que existe en una relación, es conocida como vínculo. Este se entiende como un lazo que una persona forma con otra, lazo que perdura con el tiempo y los encadena afectivamente, siendo específicamente aquella atadura la que va definiendo el nivel de autenticidad con la que se involucran los dos actores.

El vínculo es un fenómeno que se da en todas las relaciones posibles, pues va marcando nuestras alianzas con los demás, y también va definiendo el tipo de unión que la persona va forjando con los demás. De esta manera, es muy diferente el vínculo forjado con alguien que acabamos de conocer en comparación al creado a través del tiempo con los amigos, la pareja o la familia.

A medida que el lazo que exista entre dos personas sea más fuerte, los comentarios, decisiones, opiniones o insultos que haga uno respecto del otro serán más significativos e incidirán de mayor manera en su vida. Es por esto que cuando se forjan redes vinculares con otros, si son lo suficientemente fuertes y genuinos, las personas son capaces de apoyarse en ellas en los momentos que lo necesiten y ayudarse así, a superar las dificultades de sus vidas.

El vínculo en psicoterapia

Ya hemos visto la importancia del vínculo y cómo este fenómeno está presente en todas las relaciones que forjamos.  Entonces cuando vamos a terapia por primera vez, ¿Cómo somos capaces de exponer nuestros problemas a una persona que no conocemos y que no sabemos de qué manera nos ayudará?

En este caso, se da la situación de que quién consulta tiene la necesidad de buscar ayuda de un especialista en salud mental y debe dar un “salto de fe”, pues no sabe nada del especialista y sin embargo tendrá que confiar en él.  Es en este sentido donde el terapeuta juega un rol esencial. Este debe ser alguien auténtico, sincero, competente en la terapia y por sobre todo, debe asegurar confidencialidad, lo que permitirá construir un lazo real de confianza que admitirá un buen trabajo a lo largo del proceso psicoterapéutico.

La relación que se va forjando entre estos dos agentes, donde ambos objetivos se complementan por el mismo fin que es la cura, permite sedimentar un vínculo que entre más auténtico sea, genera un espacio donde la persona se sentirá más segura y libre de revelar su vida sin el temor de ser juzgado por quien la escucha.

Si nos sentimos seguros con el otro, somos capaces de entregar nuestra confianza. Esto quiere decir que somos capaces de presentarnos en las miras de otro sin aquella máscara que usamos en el diario vivir.