El Vacío Existencial

vacío existencial

Una de las metáforas favoritas para Victor Frankl es el vacío existencial. Viktor Emil Frankl, fue un neurólogo y psiquiatra austriaco, fundador de la Logoterapia. Sobrevivió desde 1942 hasta 1945 en varios campos de concentración nazis, incluidos Auschwitz y Dachau. Para Frankl, si el sentido es lo que buscamos, el sin sentido es un agujero, un hueco en tu vida, y en los momentos en que lo sientes, necesitas salir corriendo a llenarlo.

Frankl sugiere que uno de los signos más conspicuos de vacío existencial en nuestra sociedad es el aburrimiento. Puntualiza en cómo las personas con frecuencia, cuando al fin tienen tiempo de hacer lo que quieren, parecen ¡no querer hacer nada!. La gente entra en barrena cuando se jubila; los estudiantes se emborrachan cada fin de semana; nos sumergimos en entretenimientos pasivos cada noche; la neurosis del domingo, le llama.

De manera que intentamos llenar nuestros vacíos existenciales con “cosas” que aunque producen algo de satisfacción, también esperamos que provean de una última gran satisfacción: podemos intentar llenar nuestras vidas con placer, comiendo más allá de nuestras necesidades, teniendo sexo promiscuo, dándonos “la gran vida”.

O podemos llenar nuestras vidas con el trabajo, con la conformidad, con la convencionalidad. También podemos llenar nuestras vidas con ciertos “círculos viciosos” neuróticos, tales como obsesiones con gérmenes y limpieza o con una obsesión guiada por el miedo hacia un objeto fóbico. La cualidad que define a estos círculos viciosos es que, no importa lo que hagamos, nunca será suficiente. Igual que Erich Fromm, Frankl señala que los animales tienen un instinto que les guía. En las sociedades tradicionales, hemos llegado a sustituir bastante bien los instintos con nuestras tradiciones sociales.

En la actualidad, casi ni siquiera eso llegamos a tener. La mayoría de los intentos para lograr una guía dentro de la conformidad y convencionalidad se topan de frente con el hecho de que cada vez es más difícil evitar la libertad que poseemos ahora para llevar a cabo nuestros proyectos en la vida; en definitiva, encontrar nuestro propio sentido.

Entonces, ¿cómo hallamos nuestro sentido?

Frankl nos presenta tres grandes acercamientos: el primero es a través de los valores experienciales, o vivenciar algo o alguien que valoramos. Aquí se podrían incluir las experiencias pico de Maslow y las experiencias estéticas como ver una buena obra de arte o las maravillas naturales. Pero nuestro ejemplo más importante es el de experimentar el valor de otra persona, v.g. a través del amor.

A través de nuestro amor, podemos inducir a nuestro [email protected] a desarrollar un sentido, y así lograr nuestro propio sentido. La segunda forma de hallar nuestro sentido es a través de valores creativos, es como “llevar a cabo un acto”, como dice Frankl. Esta sería la idea existencial tradicional de proveerse a sí mismo con sentido al llevar a cabo los propios proyectos, o mejor dicho, a comprometerse con el proyecto de su propia vida.

Incluye, evidentemente, la creatividad en el arte, música, escritura, invención y demás. También incluye la generatividad de la que Erikson habló: el cuidado de las generaciones futuras. La tercera vía de descubrir el sentido es aquella de la que pocas personas además de Frankl suscriben: los valores actitudinales.

Estos incluyen tales virtudes como la compasión, valentía y un buen sentido del humor, etc. Pero el ejemplo más famoso de Frankl es el logro del sentido a través del sufrimiento. El autor nos brinda un ejemplo de uno de sus pacientes: un doctor cuya esposa había muerto, se sentía muy triste y desolado. Frankl le preguntó, “¿Si usted hubiera muerto antes que ella, cómo habría sido para ella?.

El doctor contestó que hubiera sido extremadamente difícil para ella. Frankl puntualizó que al haber muerto ella primero, se había evitado ese sufrimiento, pero ahora él tenía que pagar un precio por sobrevivirle y llorarle.

La pena es el precio que pagamos por amor.

Para este doctor, esto dio sentido a su muerte y su dolor, lo que le permitió luego lidiar con ello. Su sufrimiento dio un paso adelante: con un sentido, el sufrimiento puede soportarse con la dignidad.

Frank también señaló que de forma poco frecuente se les brinda la oportunidad de sufrir con valentía a las personas enfermas gravemente, y así por tanto, mantener cierto grado de dignidad. ¡Anímate!, decimos, ¡Sé optimista!. Están hechos para sentirse avergonzados de su dolor y su infelicidad. No obstante, al final, estos valores actitudinales, experienciales y creativos son meras manifestaciones superficiales de algo mucho más fundamental, el suprasentido.

Aquí podemos percibir la faceta más religiosa de Frankl: el supra-sentido es la idea de que, de hecho, existe un sentido último en la vida; sentido que no depende de otros, ni de nuestros proyectos o incluso de nuestra dignidad. Es una clara referencia a Dios y al sentido espiritual de la vida. Esta postura sitúa al existencialismo de Frankl en un lugar diferente, digamos, del existencialismo de Jean Paul Sartre.

Este último, así como otros existencialistas ateos, sugieren que la vida en su fin carece de sentido, y debemos afrontar ese sin sentido con coraje. Sartre dice que debemos aprender a soportar esta falta de sentido; Frankl, por el contrario, dice que lo que necesitamos es aprender a soportar nuestra inhabilidad para comprender en su totalidad el gran sentido último.

Frankl también utiliza la palabra griega noös, que significa mente o espíritu. Sugiere que en psicología tradicional, nos centramos en la “psicodinámica” o la búsqueda de las personas para reducir su monto de tensión. En vez de centrarnos en eso; o más bien, además de lo anterior, debemos prestar atención a la noödinámica, la cual considera que la tensión es necesaria para la salud, al menos cuando tiene que ver con el sentido.

¡A las personas les gusta sentir la tensión que envuelve el esfuerzo de un meta valiosa que conseguir!. No obstante, el esfuerzo puesto al servicio de un sentido puede ser frustrante, la cual puede llevar a la neurosis, especialmente a aquella llamada neurosis noogénica, o lo que otros suelen llamar neurosis existencial o espiritual.

Más que nunca, las personas actuales están experimentando sus vidas como vacías, faltas de sentido, sin propósito, sin objetivo alguno…, y perece ser que responden a estas experiencias con comportamientos inusuales que les daña a sí mismos, a otros, a la sociedad o a los tres.

Infancia: Los Límites Físicos Transgredidos

transgresión

Transgredir sugiere traspasar, ir más allá, infringir, entre otras definiciones, pero cuando se transgrede físicamente, ¿qué es lo que permite que exista esa transgresión?, ¿existe una responsabilidad del transgredido?, el que transgrede, ¿tiene como propósito transgredir?

Los límites corporales, no solo se encuentran tipificados o concebidos en base a lo que cada cuerpo privado señala de sí mismo, sino que también se encuentra tipificado en las leyes, por lo que a partir de ese hecho no es una instancia privada de pensamiento o reflexión, sino que una instancia de relación pública de nuestros cuerpos en el entorno privado y en lo público.

En lo que respecta al ámbito público, un hecho ocurrido en el ambiente privado, se vuelve legítimamente público, cuando infringe no sólo los límites privados de las personas, sino que transgrede lo señalado ante la Ley, como es el caso de la violencia intrafamiliar y el abuso sexual de los niños, niñas, jóvenes y adultos en general.

En lo que respecta al ámbito privado, cada cual, con su historia de desarrollo vital, construye sus límites corporales y emotivos, modula su emotividad y afectividad, y significa su experiencia relacional en base a sus propias herramientas personales y sus relaciones sociales. No obstante, existen experiencias transgresoras, en el ámbito físico, como es el caso del abuso sexual o las violaciones, que pueden generar no solo cambios físicos, en nuestra manera de relacionarnos con el mundo, sino que también provocar cambios o modificaciones emocionales, cognitivas y psicológicas, sobre nosotros mismo y sobre las relaciones con los otros. Por lo que no se trata sólo sobre el traspasar los límites corporales, sino que además de modificaciones vitales.

En cuanto a la violencia intrafamiliar, se comprende en la amplitud de la definición, en cuanto violencia física, sexual, económica, verbal, psicológica, entre otras, que buscan mantener a la persona transgredida bajo el control del transgresor, utilizando diversos mecanismos coercitivos de control.

A pesar de haber hecho la distinción en lo que respecta al abuso sexual y la violencia intrafamiliar, es loable sostener que ambas mantienen a la base experiencias abusivas, el silencio como mecanismo de culpa y miedo, el ejercicio del control y del poder sobre la víctima.

La edad en la cual ocurre la transgresión y cómo lo enfrentan los adultos responsables o las personas significativas, conlleva una facilitación o un obstáculo a la hora de enfrentar aquella transgresión, de verbalizarla, de permitir la apertura o el cierre a los procesos reparatorios.

Reparar algo que alguna vez se rompió

Reparar involucra reconocer que algo en nosotros se rompió, se transgredió, y que ello debe ser reparado a modo de re-construir nuestra vida y re-significar la experiencia traumática, cuyos objetivos deben apuntar a sanar aquello, pero no a olvidar lo vivido, pues ello, ha significado una etapa y una experiencia, muchas veces dolorosa en cada uno y en los que nos rodea, además de un cambio en la manera de relacionarnos con el mundo y de reconocernos a nosotros mismos.

Muchas personas, cuando enfrentan una o más experiencias transgresoras, tienden a vivirse en la culpa, porque no sólo se consideran sufridores de dolor provocado por otra persona, sino que, con su experiencia, tienen la percepción que provocarán dolor, pena, rabia o desconfianza en los integrantes de su grupo familiar, en los adultos responsables o en las figuras significativas, por no haberlos protegido o cuidado o por no haber percibido el peligro en la o las acciones en las que iba a incurrir el/a agresor/a. Sumado a un posible quiebre relacional entre los integrantes del grupo familiar, debido a que,  generalmente, los/as transgresores/as se encuentran en el círculo de la familia, razón por lo cual, conlleva una alta emotividad. Además, un alto porcentaje de las personas transgredidas poseen en primera instancia la percepción de haber propiciado las condiciones para haber sufrido esa transgresión, por la vestimenta, por donde iban caminando en la noche, por haber estado solo o sola de paseo, por no haber aceptado lo que el conyugue o la pareja decía, entre otras circunstancias, que se ven reforzadas, por distintos dispositivos sociales, que propician el silencio de las experiencias transgresoras.

A partir de ello, se puede sostener que no existe una responsabilidad en el vivir la experiencia traumática o transgresora, sino que existe responsabilidad en el qué se hace con ella: se obvia, se reproduce lo que se vive por miedo a que se le señale a la persona que “es tonta por haber aguantado tanto”, se guarda silencio por qué “es mi experiencia, es mi vida y yo sé qué hago con ella”, a modo que la propia persona supone que es capaz de hacerse cargo por sí sola, o se busca ayuda para reparar.

Y si la intencionalidad de la persona que transgrede es traspasar los límites o no de las personas transgredidas, es una respuesta que tiene varias aristas como la historia vital de la persona, la historia familiar de la misma, el cómo aprendió a relacionarse, las formas de apego, el nivel cultural, que no es lo mismo que el nivel educacional, los mitos familiares, la capacidad económica, el autoconocimiento, entre otras, las que por cierto no justifican el violentar a otro ser vivo ni el provocar cambios en el nivel relacional de las personas transgredidas.

¿Cómo aprender de las experiencias de transgresión?

El haber sufrido experiencias transgresoras, nos llama a abrirnos al diálogo, en un contexto de confianza y de escucha, hace un llamado a la reflexión acerca de cómo enfrentamos los procesos traumatizantes. Y nos hace un llamado acerca de cómo se les señala la protección a los niños, a las niñas y a los adolescentes, en temáticas de vulneración, es decir, cuanta confianza señalamos en nuestros discursos protectores, cómo entregamos la confianza, cómo devolvemos las narraciones que los niños, las niñas y los adolescentes señalan cómo importantes.

Al respecto, para finalizar, es relevante reflexionar en cuanto a ¿cómo me gustaría que se comportaran conmigo ante una situación de transgresión a mi persona?; cuestionarnos acerca de nuestros discursos insertados a nivel familiar o social, como cuando algunos señalan que “si te pasa algo yo me muero”, “si te hacen algo, yo lo mato”, “¿estás seguro/a acerca de lo que me estás diciendo?” o “¿sabes cuánto daño puedes provocar si tú estás mintiendo?”. Son alguna de las cuestiones que me permito instalar a modo de discursos que nos llaman a la reflexión, pues no generan confianza, ya que provoca culpa frente a la experiencia, provoca posibilidad de pérdida frente a la experiencia, y provoca duda acerca del propio discurso y acerca de la propia vivencia, llegando a insinuarse en ocasiones, en la persona transgredida, como fantasía o instalándose la categoría de mentiroso o mentirosa desde los receptores, por la retractación que existe frente a esta duda.

Infancia: Nacimiento del cuerpo, el mundo y los otros

triste

En la actualidad, la mujer y el hombre post-moderno se caracterizan por estar centrados en el contexto, a través del cual estructuran su propio sentido de sí mismos. Esto implica que siempre se necesita a un otro para llegar a uno mismo. Se habla del hombre desencarnado, centrado en un universo cognitivo; sin embargo lo cierto es que desde el nacimiento, los seres humanos conocemos el mundo a través del cuerpo, por lo tanto, lo que el mundo adulto post-moderno conoce como mundo externo, para el niño y su cuerpo es pertenecer y a la vez ser ese mundo: Son un mismo.

En el niño emergen al mismo tiempo el mundo y el cuerpo, por lo que cuando distinguen una situación (ej: un niño ve una pelea entre perros) se correlaciona inmediatamente con el cuerpo (ej: el niño se asusta) y a la vez esta reacción es siempre una expresión de cómo yo soy (ej: soy un niño que le asustan los perros). Es decir, el modo en que los niños perciben las cosas ya son un significado y por lo tanto, el cuerpo propio de ellos consiste en estar relacionado a un mundo y a otras personas, principalmente a sus cuidadores. Por esta razón, es imprescindible entender la importancia que tiene el estimular constantemente a los niños en cuanto al aprendizaje corporal puesto que, es a través de este medio que ellos tienen la experiencia de conocer el mundo y a los otros.

Nuestro cuerpo revela el mundo respecto a nuestras posibles dimensiones, es decir, la visión descubre los seres visuales, el tacto los seres táctiles, y así sucesivamente. Estas distintas dimensiones que poseemos para vivir en el mundo, emergen sobre un fondo emotivo que hace posible nuestro actuar, es decir, gracias al modo en que conocemos el mundo, es posible que nos emocionemos. Por lo tanto, la situación emotiva emerge con la manifestación del cuerpo y dicha emoción confirma entonces que ese cuerpo que se expresa (a través del llanto, la risa, etc.) me pertenece, es mío, soy yo. Esto nos indica que toda vivencia emocional que experimenta el niño, permite la conformación de una identidad y a su vez constituye su forma de ser en el mundo.

En la infancia se conforman los cimientos de los significados personales

Así como resulta importante las vivencias emocionales para la conformación de la identidad personal del niño, también es fundamental comprender que cada acción, percepción y comportamiento está inscrito en un flujo de espontaneidad que refiere al niño y que le organiza la experiencia en términos de un antes y un después. Esto quiere decir que, lo que el niño experimenta, conoce y aprende con el cuerpo está siendo inmediatamente vivenciado en el presente pero a la vez es organizado en términos de temporalidad. De este modo, en la infancia se conforman los cimientos de los significados personales ordenados en un pasado, presente y fututo, lo que permitirá la conformación de la propia historia del niño y por ende, su identidad.

Sin embargo, nada de este esfuerzo por estimular al niño en todos los aspectos mencionados anteriormente será fructífero si los adultos responsables no acompañan dicha experiencia con el reconocimiento de la vivencia del menor. Por ejemplo, los cuidadores pueden llenar la habitación del niño con juguetes y diversos materiales sensoriales pero si no reconocen el aprendizaje que éste va realizando, todo conocimiento del mundo y de los otros será desvalorizado, confuso e incluso anulado.

En conclusión, es importante que todo cuidador sepa y comprenda:

  • El cuerpo es protagonista en la conformación de la persona, puesto que nuestra existencia es a partir y se genera con el cuerpo.
  • Cada uno de nosotros lleva adelante, en el curso del ciclo de vida, un mundo hecho de distinciones significativas inseparable de la condición de ser un cuerpo.
  • Para el niño y futuro adulto, existe una real unicidad entre el cuerpo, el mundo y los otros. Esta condición, al mismo tiempo, otorga el fluir espontáneo sobre un fondo emotivo, desde donde emerge el significado personal.
  • Los cuidadores o adultos responsables significan un espejo para el reconocimiento de la experiencia de los niños, por lo tanto, es fundamental que formen parte activa y comunicativa con éstos durante todo el proceso de desarrollo del mismo.

1Este articulo fue escrito desde las reflexiones de Giampiero Arciero que se pueden encontrar en su texto “Estudios y Diálogos sobre la Identidad Personal, capitulo V”.

Adicción: una enfermedad de la voluntad

adiccion

Muchas veces resulta incomprensible, que un ser humano pierda total voluntad de sus actos y que toda su intención esté puesta en conseguir y consumir drogas, más aún cuando no logra responder “adecuadamente” a los mandatos sociales establecidos. De seguro, muchos de nosotros hemos escuchado alguna historia de que fulanito o fulanita dejó o perdió todo por la droga. Seguido a esto, casi de forma inmediata, oímos el juicio de que ¿cómo es posible que no piense en su esposa o esposo, en sus hijos, en sus padres?, o un: ¡no me cabe en la cabeza cómo pudo perder tan buena oportunidad laboral! Ante este escenario, parece común la proliferación del bien intencionado consejo, que le asegura a la persona adicta que “debe ser fuerte”, “tener fuerza de voluntad”, o que “si quiere, puede” salir de su consumo. Sin embargo, la drogodependencia guarda para sí, un escenario bastante más complejo del que quisiéramos.

Desde una mirada analítico existencial, podemos comprender la adicción como una enfermedad de la voluntad:

“desde el punto de vista antropológico se podría decir que se trata de un destronamiento de la persona, el propio yo se aliena, se enajena, se siente dominado por un poder totalitario ejercido por el alcohol, el éxtasis, el trabajo, la sexualidad o la comida” (Längle, 2002, Pág.2)

El ser humano se vive, bajo el dominio de un poder extraño a su propio yo, un objeto externo al que se le otorga, según Acevedo (2009), un “sentido ilusorio” para suprimir la angustia.

De acuerdo con el DSM IV (2002), los síntomas que generalmente se manifiestan en esta enfermedad son: “la tolerancia, la abstinencia y la ingestión compulsiva de la sustancia” (Pág. 183). De este modo, podemos reconocer que el adicto/a busca volver a sentir el placer que inicialmente que le causó una sustancia determinada, al no encontrarlo, aumenta de forma progresiva sus dosis. El aumento de sustancia en la sangre requiere ser mantenido, puesto que al disminuir provoca tan desagradables malestares fisiológicos y cognitivos, que terminan manifestándose en comportamientos desadaptativos – que generalmente se expresan como angustia, ansiedad, irritabilidad, agresividad-. En la adicción, además se experimenta un deseo irresistible e imperioso de consumir la sustancia.

Cuando el consumo se transforma en prioridad

A la sintomatología mencionada, el CIE 10 (1999) agrega, la disminución de la capacidad para controlar el consumo de drogas al comenzarlo o al terminarlo, además del abandono progresivo de otras fuentes de placer o diversiones -el consumo adquiere la máxima prioridad para el sujeto-, la persistencia en el consumo a pesar de sus evidentes consecuencias perjudiciales y la conciencia subjetiva de compulsión cuando intenta frenarse o controlarlo.

Podemos ver entonces, que el comportamiento del adicto/a se vuelve a-personal; contiene un automatismo en el consumo, el sujeto no logra entregar un valor a la sustancia, sólo busca su efecto, se trata sólo de la satisfacción de una necesidad. De este modo, mantiene relaciones – tanto con la sustancia como con el mundo- reduccionista, carente y ciega, comienza a vivir en una constante ambivalencia de lo que quiere y lo que no quiere, se ve atrapado en una extraña incertidumbre frente aquello que le es o no valioso (Längle, 2007). Según Carpio (2005), “La gente sufre una pérdida de coherencia y vive desvinculada de un sistema de valores que le brinde una compresión para sus propias acciones y una razón para estar en el mundo” (Pág. 17). Es producto de esto, que la voluntad sigue un camino que no coincide con el de la persona, debido a que no le es posible la decisión libre.

En este punto es importante reconocer la adicción como una enfermedad, de carácter psicosomático, donde el adicto/a tiene una vivencia simultánea de una fuerza de atracción imperativa de un objeto y de una vivencia deficitaria subjetiva con un muy marcado carácter pulsional. Es decir, si bien la droga posee característica cautivante en sí misma, la adicción no tendría cabida sin una falta, una necesidad, una carencia de elementos fundamentales que impiden tener una buena vida y que conllevan a un vacío insoportable (Längle, 2007).

¿Cómo se puede explicar una adicción?

Desde un aspecto psicodinámico, podemos referir la adicción como un hambre por la vida, una necesidad de vida donde el sujeto quiere vivirla cabalmente e intenta tenerla mediante un sucedáneo de una buena vida, que, en este caso, estaría representada en la sustancia. Ahora bien, este uso de sucedáneo para tener vida, nos muestra un esfuerzo por parte del adicto/a de evitar el estado de sufrimiento que se esconde detrás de toda adicción, pues, lo que decisivamente se busca es la evitación del dolor.

Como hemos revisado, la falta de “voluntad”, de “ganas” o de “querer”, que en generalmente se les reprocha a los adicto/a, es precisamente donde radica el germen de su enfermedad. Por esto, resulta tremendamente doloroso, tanto para el adicto/a como para sus cercanos y/o familia, creer que la salida a este problema, se trata de ganas; al pensarlo así y exigir la salida desde este prisma, se genera el adicto/a un terrible sentimiento de frustración, incapacidad y culpa. Al mismo tiempo, que en el acompañante (esposo, esposa, madre y/o hijos, etc), aparece la profunda tristeza por no sentirse escuchado, considerado, valorado e incluso amado, por la persona adicta. Por esto, es que se hace necesario, que juntos –adicto/a y acompañantes-, puedan trabajar para resignificar los sufrimientos, dolores y recuperar la voluntad enferma.

¿Crees tener un consumo bajo, moderado o problemático? Averígualo aquí

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5.- Referencias Bibliográficas

  1. Acevedo, G. (2009). Logoterapia, una disciplina fundante de un nuevo paradigma. Su aplicación en la praxis de los consumos nefastos. Argentina: GLE Argentina.
  1. Caprio, G. (2009). Aproximaciones para una antropología analítico-existencial. Buenos Aires: CIANAE.
  1. Croquevielle, M. (2010). Análisis existencial: Sus bases epistemológicas y filosóficas. Chile: GLE Chile.
  1. Längle, (2007). Comprensión y terapia de las adicciones. Conferencia pronunciada en la universidad de Aconcagua. Argentina.
  1. Längle, (2004). Análisis existencial (Logoterapia.) Fundamentos. Viena: GLE Internacional.
  1. Traverso, G. (2010). Consideraciones existenciales sobre el ciclo de las Gestalt de la experiencia: Ciclo funcional versus ciclo interpersonal.  Instituto Chileno de Análisis Existencial: Chile.

Cuestionario Historia Sexual

historia sexual

Este cuestionario fue presentado por Joseph Lo piccolo y Julia Heiman en su libro “Para alcanzar el orgasmo” Originalmente fue diseñado para mujeres y posteriormente se adaptó también para hombres. Su objetivo es reflexionar sobre los acontecimientos vitales que han influido en los sentimientos y actitudes que cada uno tiene hacia lo sexual. Al contestarlo la idea es tomarse tiempo para cada pregunta y responder lo más honesta y reflexivamente.

 

Influencias religiosas.

  1. ¿Fue la religión un factor activo en su niñez? (escuela, catecismo, etc) ¿Qué importancia tuvo para usted y su familia?
  2. ¿Cómo influyó su educación religiosa en sus actitudes hacia lo sexual?
  3. ¿cómo influyen actualmente sus creencias religiosas en su actitud hacia lo sexual?

 

Formación de género.

  1. que significaba en su familia ser hombre (privilegios, responsabilidades, restricciones)
  2. que significaba en su familia ser mujer (privilegios, responsabilidades, restricciones)

 

Mientras usted crecía.

  1. ¿le permitían hacer preguntas sobre temas sexuales o hablar sobre ellos?
  2. ¿Había demostraciones de afecto físico entre sus padres? ¿cómo eran de afectuosos entre si?
  3. Sus padres, ¿eran verbal o físicamente afectuosos con usted?
  4. ¿ Cúal era en su casa la actitud hacia la desnudez (o el pudor)?
  5. ¿Qué actitudes cree usted que tenían sus padres:

a)      entre sí:

b)      Hacia la creciente sexualidad de usted.

  1. Respecto a las diferencias entre los miembros varones y mujeres de la familia.

¿cúal era la actitud de su familia hacia la homosexualidad?

¿qué influencia tuvieron sus hermanos o amigos sobre lo que pensaba usted entonces sobre el tema sexual?

a)      ¿lo habló alguna vez con amigos o hermanos?

b)      ¿Era tema de chistes que lo avergonzaran?

c)      ¿lo consideraban “sucio”?

  1. ¿Recuerda haber jugado de niño (a) algún juego con contenido sexual? (por ejemplo al Doctor)
  2. ¿A qué edad recuerda haber tenido las primeras sensaciones genitales? ¿Eran placenteras o excitantes?
  3. ¿a qué edad hizo sus primeros experimentos de masturbación (o de cualquier otra actividad solitaria que le produjera sensación de placer genital.?

a)      ¿cómo y donde lo hacía, y con que frecuencia?

b)      ¿cómo se sentía haciéndolo?

c)      ¿lo (a) descubrieron alguna vez en esa actividad?

d)     ¿De qué manera se canalizaba su curiosidad y afán de exploración de su propia sexualidad?

  1. Recuerda alguna experiencia perturbadora que haya tenido relación con lo sexual, ocurrida durante su niñez?
  2. ¿cuándo supo por primera vez de donde vienen los niños y cómo son concebidos?

a)      ¿Cómo lo supo?

b)      ¿Cómo reaccionó al saberlo?

  1. En caso de ser mujer.

¿A qué edad empezó a menstruar?

a)      le habían hablado antes de la menstruación? ¿cómo y quién?

b)      ¿se hablaba del tema entre sus amigas? ¿Qué términos usaban para referirse a él?

c)      ¿con que sentimientos preveía usted a la menstruación?

d)     ¿cómo se sintió una vez que hubo empezado?

e)      ¿Cómo recuerda que influyo sobre su estilo de vida?

f)       ¿de qué maneras se sentía diferente frente a si misma y a su cuerpo?

g)      ¿ Qué tipo de dificultades menstruales tuvo, si las tuvo?

 

  1. En caso de ser hombre.

¿a que edad fue su primera polución nocturna o sueño humedo?

  1. le habían hablado antes de la eyaculación? ¿cómo y quién?
  2. ¿se hablaba del tema entre sus amigos? ¿Qué términos usaban para referirse a él?
  3. ¿cómo se sintió una vez que hubo empezado?
  4. ¿Cómo recuerda que influyo sobre su estilo de vida?
  5. ¿de qué maneras se sentía diferente frente a si mismo y a su cuerpo?

 

  1. En cuanto a intimidad y respeto ¿cómo se sentía hacia su padre? ¿Y hacia su madre?

 

Salidas en pareja.
  1. ¿a qué edad empezó a salir en pareja?
    1. en grupos?
    2. Solo (a) con su pareja?
  2. que le interesaba más de las salidas en pareja? (la popularidad, la seguridad, el afecto, el aspecto sexual, la compañía, otros)

 

Caricias sin llegar al coito.
  1. ¿qué tipo de caricias practicaba?
  2. ¿Dónde y en que circunstancias se producía comúnmente ese tipo de contacto sexual?
  3. ¿Como parte de él, ¿había exploración o manipulación genital?
  4. ¿Cómo reaccionaba usted sexualmente ante esos contactos?
  5. ¿Cómo se sentía al participar en ellos? ¿qué encontraba de placentero y que de desagradable en ellos?
  6. ¿Cómo habrían reaccionado sus padres si lo hubieran sabido? ¿que actitudes tenían ellos hacia las caricias y otros contactos sexuales no genitales?

 

 

Coito.

  1. ¿Intentó alguna vez el coito antes de casarse? Si lo hizo, ¿cómo fue la primera vez?
  2. ¿Cuándo y donde se producía generalmente el contacto?
  3. ¿Cómo reaccionaba usted sexualmente? (se excitaba? ¿tenía orgasmos? Su compañero (a) demostraba tener alguna dificultad sexual?)
  4. Sus padres, ¿hablaron con usted alguna vez del coito? ¿y de anticonceptivos?  ¿qué sensaciones y sentimientos acompañaban generalmente al coito?
  5. ¿alguna vez lo vigilaron o sorprendieron?
  6. ¿ha tenido alguna vez problemas con enfermedades de transmisión sexual, como clamidia, gonorrea o sífilis?
  7. Si usa anticonceptivos, ¿cuáles? ¿Quién los usa? ¿usted o su pareja? ¿tiene algún problema relacionado con el tipo de anticonceptivo que usa?
  8. ¿Ha sentido alguna vez dolor durante el coito? ¿tiene infecciones genitales frecuentes?¿e infecciones uretrales?
  9. ¿ha tenido alguna vez dificultades con la penetración?¿la tensión de los músculos vaginales hace imposible la introducción del pene en la vagina?

 

Otras experiencias.

  1. ¿tuvo alguna vez fantasías sexuales concomitantes con la masturbación, las caricias o el coito? En caso afirmativo, ¿hay temas o imágenes que se repitan?
  2. ¿recuerda algún contacto sexual con personas de su mismo sexo? ¿alguna vez se sintió sexualmente atraído (a) por personas de su mismo sexo? En caso afirmativo, ¿cómo reacciono ante esos sentimientos?
  3. ¿Le ha tentado alguna vez la posibilidad de una aventura sexual? ¿le ha sucedido? ¿De qué manera le benefició o le hizo daño, a usted o a su relación?
  4. ¿Recuerda haber visto a algún exhibicionista o a alguien que se masturbase en público? ¿cómo reaccionó?
  5. ¿Tuvo alguna vez experiencias desagradables en las que hubiera excesiva intimidad física con extraños, familiares o amigos?

 

Comportamiento prematrimonial con el futuro esposo o esposa.

  1. ¿qué actividades sexuales practicó con su esposo (a) antes de casarse?
  2. Describa la calidad de esas experiencias sexuales. ¿Cómo reaccionaba usted sexualmente? ¿se sentía excitado (a), tenía orgasmos, estaba incómodo (a), enfadado (a), tenso (a) o asustado (a)?

 

Actitudes y creencias actuales.

1.  ¿Cuál es su actitud hacia lo sexual en general? ¿Qué actividades específicas encuentra placenteras? ¿se siente alguna vez inhibido (a), avergonzado (a) o culpable, frente a algún aspecto de lo sexual?

2.  Si su vida sexual es satisfactoria, ¿Qué le dice a usted eso sobre la calidad de su relación en general? ¿ qué pasa si el contacto sexual no es satisfactorio? ¿dé donde provienen estas creencias?

3. ¿son positivos, negativos o neutrales sus sentimientos hacia:

a) sus genitales?

b) la masturbación?

c) los contactos bucogenitales?

d) el juego erótico?

e) el coito?

f) los orgasmos obtenidos por medios distintos que el coito?

g) la literatura erótica?

h) las películas pornográficas?

i) las fantasías sexuales?

 

4. Al repasar su historia sexual personal, ¿Qué cambios introduciría si pudiera? ¿por qué lo haría (o no lo haría)?

 

 

 

Revisar como fue la experiencia de contestar este cuestionario, que emociones les despertó, si fue cómodo o incómodo y que nueva información de si mismas les aportó.

4. ¿qué preguntas les parecieron más relevantes?

5. ¿qué preguntas les parecieron menos aportativas?

6. ¿qué preguntas agregarían o sacarían?.

Los Celos en la Pareja

celos

Culturalmente los celos tienen distintas interpretaciones, hay quienes creen que son una expresión destructiva de la relación de pareja y que es necesario reprimirlos; hay otros que consideran a los celos como una manera de expresar el amor y preocupación por el otro, permitiendo por tanto proteger a la relación de infidelidades y otros riesgos. Hay quienes incluso consideran a los celos como una característica seductora. Los celos son aquellos temores que se transforman en vigilancia y control de un miembro de la pareja hacia el otro y que en casos más complejos desencadenan en intromisiones en la privacidad como revisión del teléfono celular, correo electrónico, llamadas reiteradas, etc. Estas actitudes, como plantea Michelle Scheinkman (2010) tienen a la base algunas vulnerabilidades como “la necesidad de ser reconocido como la persona más especial en la vida de la pareja, los temores al abandono y la traición y el sentimiento de inferioridad, en que la persona se siente poco atractiva o indigna.” En resumen, aquel miembro de la pareja que sufre de celos se siente poco importante para el otro y de eso surgen las inseguridades ante actitudes sospechosas y las fantasías de posibles infidelidades.

¿Es necesario asistir a terapia?

El punto de inflexión se da cuando los celos comienzan a mermar todos los aspectos de la relación, lo que se refleja en faltar explícitamente a los acuerdos y reglas mínimas de convivencia, no respetar de los límites de privacidad de cada uno, ejercer control y persecución de la autonomía del otro. Se pierden entonces la individualidad, la independencia, la libertad de acción y producto de las discusiones los miembros de la pareja comienzan a alejarse el uno del otro, a sentirse o abandonados y traicionados o perseguidos y sofocados. La acentuación de este tipo de conflictivas aumenta en la pareja las frustraciones y el sufrimiento y puede desencadenar en una escalada que genere situaciones de violencia. El miembro celoso de la pareja consume tanta energía diaria en resolver sus dudas con respecto a posibles engaños que le queda poco o nada para resolver el resto de sus asuntos tanto relacionales como laborales y personales, viéndose afectada su vida completa. Mientras que el miembro celado de pareja comienza a sumirse en un estado de desesperación ante la imposibilidad de responder a todas las dudas y fantasías, y de resentimiento por la invasión a su espacio personal y a sus posibilidades de autonomía. Si esa bola de nieve sigue creciendo, lo que en un comienzo eran pequeños atisbos de conductas celosas, luego se transforman en exigencias y al involucrarse ambos comienzan las peleas, amenazas y otros.

El caso hipotético de Fernando y Mariela ejemplifica algunas de estas vivencias; luego de alrededor de un año de relación hubo un momento en que se quebraron las intimidades de cada uno y él comenzó a mostrar una faceta celosa, revisándole a Mariela diariamente el celular, el correo electrónico, pidiéndole fotos de los lugares a los que ella asistía, datos de las personas con las que se reunía, etc. Fue en ese momento que decidieron asistir a terapia de pareja. Al comenzar la terapia Mariela muy angustiada relataba “siento que me estoy volviendo loca, que estoy transgrediendo mis limites y desarmando mi vida por cuidarlo a él… Sus celos me están trayendo problemas en todos los ámbitos, en la oficina, con mi familia, aislarme de mis amigas y contarle cuentos a todos.” Por otro lado Fernando mencionaba “cuando me vienen los celos cambia totalmente mi estado de ánimo, me da paranoia, me enojo, me frustro, incluso a veces me pongo un poco cruel… Creo que es mi forma de canalizar mis angustias, pero me agoto de mi mismo porque estoy todo el día tratando de encontrar el engaño.”

¿Son los celos un problema individual?

Desde la perspectiva terapéutica sistémica los celos se comprenden como un patrón relacional, es decir, ambos miembros de la pareja desarrollan una forma de interactuar que poco a poco va posibilitando la aparición de las actitudes celosas y se descontrolan cuando la pareja se aleja de su funcionamiento normal. Siguiendo con el caso anterior, Mariela expresó durante una sesión “constantemente me cuestiono por qué estoy en esta relación, por qué necesité éste nivel de celos para convencerme de que él me ama.” De sus palabras puede destacarse la implicancia que ambos miembros de la pareja tuvieron en el surgimiento y aumento desmedido de los celos y todos los problemas que eso trajo a la relación. En terapia de pareja hay un trabajo constante entre las temáticas de la relación y las temáticas de cada uno como individuo, pero el foco siempre se pone en lo relacional, es decir, en cómo la pareja como un todo puede trabajar su situación conjuntamente. Quienes asisten a terapia de pareja por problemas de celos suelen hacerlo pensando que la solución es que el otro cambie, “que deje de controlarme tanto”, “que deje de ser tan coqueto”, “que no me revise todo”, “que no me engañe”. El trabajo del terapeuta entonces es transformar la queja inicial de que es el otro quien debe cambiar y redefinir la demanda como una problemática de la relación, para así empoderar a la pareja a trabajar conjuntamente y poder ir desarrollando la relación de pareja que ambos desean tener.

Tareas importantes en el trabajo terapeutico cuando existen problemas de celos

Establecer un equilibrio en los roles de ambos miembros de la pareja, basado en la colaboración mutua pero siempre con posibilidades de autonomía de cada uno. Definir límites aceptables para ambos miembros de la pareja en todos los aspectos de su relación. Profundizar la comunicación efectiva de los problemas, sentimientos y deseos de ambos en la relación. Negociar un equilibro armónico entre la libertad que desea cada uno y la que está dispuesto a aceptar del otro para sentirse seguro en la relación de pareja. Desarrollar estrategias efectivas para manejar las inseguridades personales y las incertidumbres del amor, ya que toda relación amorosa implica abrir el corazón y correr ciertos riesgos, para esto es importante trabajar la confianza en uno mismo, en el otro y en la participación y esfuerzo de ambos en la relación. Como dice Michelle Scheinkman “hacernos cargo de nuestros miedos y vulnerabilidades de forma que no sean perjudiciales para la relación”.

La vida en pareja: Un camino entre igualdad y diferencia

vida en pareja

La idea y motivación para la elaboración de este artículo, nace gracias a la experiencia que, como psicólogo clínico, he venido teniendo en el acompañamiento de parejas que viven tiempos de crisis. Aquí, se pretende invitar a observar, identificar y profundizar en un aspecto central del ser humano: La vivencia de la relación amorosa y sus cambios. ¿Qué es dicha vivencia? ¿Cuáles son sus formas típicas de manifestación y transformación? Y ¿Qué expresa respecto a cada individuo (historia personal, historia parental, etapa vital)?

El encuentro con el otro en función de la relación de pareja, es un proceso que se ha expresado de maneras diferentes a lo largo de la historia occidental. La palabra “pareja”, viene del latín par, paris (igual), que significa asignar, atribuir, dar partes iguales; así mismo, la palabra “encontrar”, viene del latín in contra (en contra). Originalmente se refería a salir al encuentro; más tarde, tomó el significado de hallar.

Es consistente con la experiencia ahondar en cómo los significados de las palabras, que actualmente usamos de forma casi automática, han surgido de un conjunto de vivencias transmitidas y ligadas entre sí históricamente. ¿Acaso el encuentro erótico o de pareja tiene algo que ver con el enfrentamiento (salir al en cuentro/en contra? ¿Y qué tanto, verdaderamente, por partes iguales? Bien es conocida, popularmente, aquella metáfora que alcanza a representar la relación de pareja en conflicto como un campo de batalla.

A este respecto surge una primera reflexión en base a lo que es la relación de pareja y a lo que las parejas traen a consulta como motivo o conflicto. Pareciera que las relaciones de parejas se han concebido tradicionalmente bajo un prisma de significados que develan el deseo de unión de “dos iguales”. Muchos pacientes que están en terapia de pareja se han encontrado enamorados el uno del otro especialmente al sentirse plenos compartiendo cosas juntos; momentos, espacios, intereses, gustos, proyectos y, en definitiva, uno o más hijos.  El conflicto está dado allí dónde bajo cierto encantamiento o expectativa de igualdad, comienza a surgir algo inevitable e inherente a toda relación de pareja: las múltiples diferencias en costumbres, hábitos, decisiones, pautas de educación de los hijos, posicionamiento en la vida en general, entre otras, por parte de cada uno.

La vida en pareja: Un camino entre igualdad y diferencia

Pareciera que entre más aproximación va existiendo entre “dos iguales” va creciendo a la vez una necesidad de distanciamiento y diferenciación, como aspecto compensatorio u opuesto a una sola forma de llevar la relación. Esto conlleva en la experiencia, sentimientos de extrañeza que, comúnmente, son interpretados por las personas que lo viven como “pérdida del amor” o “monotonía en la relación”. Al respecto, las parejas comienzan a querer encontrar una solución pronta a esta dificultad o problemas vinculados ya que no se soporta el sufrimiento que conlleva, siendo la alternativa más directa el literalizar dicho distanciamiento a través del llevar a cabo una separación en lo concreto.

Cuando lo que es complejo vivir, como lo es la vida en pareja, se experimenta mediante una actitud convencional del deber y la apariencia, surge el sufrimiento, ya que las personas involucradas no estimaban lo que podría ser realmente el otro como ser diferente, es decir, con más defectos y vulnerabilidades que lo asumido en el enamoramiento. El llevar una vida en pareja bajo los cánones de la colectividad, donde se ha acostumbrado a representarse la relación y vida familiar como algo próximo al “paraíso”, donde se trata de vivir “bien” y con dificultades fáciles de llevar, ha resultado, en nuestros días, ser utópico y poco asertivo. El deber y la apariencia en este sentido, tienden a suprimir aspectos de la naturaleza masculina y femenina que al no recibir la suficiente atención por ser poco familiares, terminan quedando en el lugar de “las sombras”, generando patología.

El asumir y validar las diferencias en nuestros tiempos, convoca el dar cabida al dolor, a la de-generación, a la depresión y el sufrimiento a través del trabajo consciente y consistente en aclarar resistencias y defensas que se han vinculado a experiencias individuales y, más profundamente, a experiencias familiares y culturales. Antes que “arrancar” de una relación, sería sensato primero, y mediante una actitud psicológica, ahondar en lo que individualmente no ha podido resolverse y que la pareja –el otro- solo recuerda o gatilla, la mas de las veces, involuntariamente.

En la busqueda vital de sentido y proposito

Por lo general, aquellas personas que se separan de su pareja, ya fuera porque tenían muchos conflictos personales sin resolver, siendo en gran parte responsables de esa separación, o porque no estaban dispuestas a tolerar más las deficiencias y problemas del otro,  se ven más adelante, de alguna u otra forma, repitiendo estos mismos conflictos en nuevas relaciones. ¿Por qué? Quizás porque no se profundizo lo suficiente en qué, de lo que se activó en esa primera –o primeras- relación, tenía que ser elaborado psicológicamente, habiendo quedado más bien nuevamente suprimido o relegado a un olvido, por no profundizar en el sufrimiento legítimo en la búsqueda de verdaderas respuestas.

En terapia de pareja surgen, a través de los contenidos problemáticos, aquellos elementos complejos de cada uno que han sido ignorados o aplazados por décadas, incluso familiares. Mediante un trabajo de “separación” simbólica y síntesis integrativa, que abarca diversas áreas de la vida en pareja como lo pueden ser, la comunicación, el trabajo, la sexualidad, el rol parental, la familia extensa, entre otras, se posibilita el restablecimiento de nuevas formas de significado y toma de decisiones, más que para volver a concurrir en los mismos errores molestos, para avanzar en el proceso de la vida, con sentido y propósito existencial.

De la Seguridad Personal y el Conflicto

seguridad personal

“Sufrir no es una enfermedad,
sino el polo contrario normal de la felicidad.
Un complejo solo se vuelve patológico cuando
una persona dice que no lo tiene”

(Jung, 1946)

De un hilo muy fino depende aquella “certeza” de seguridad personal por la que tanto nos esforzamos en la dimensión de las relaciones. En parte vivimos engañados, engañándonos y engañando para constituirnos como personas en este complejo social en el que se entreteje el drama diario de nuestras vidas.

El engaño corresponde con la maniobra, discurso, acto u obra que conduce a confundir o distorsionar la verdad (1). Cada expresión en sí contiene una verdad, un elemento ineludible que más que corresponder a un esfuerzo de raciocinio, deviene como intuición o sensación significativa. Entrar en el debate de lo absoluto o relativo en relación a la verdad no nos atañe dentro del contexto de este escrito, quedémonos más bien con una noción de verdad que puede variar en tanto sentida por todos sin lugar a dudas, así como vivida por cada uno como “mi verdad” o verdad única, según el sentido que se le quiera dar a la realidad. Viéndolo así por ahora, el engaño conlleva entonces una confusión de la verdad; siendo así, al no poder ser expuesta o representada en su más fina esencia.

Todos sabemos del uso tan extendido que se le da a la palabra aparentar en el discurso común.

Pues bien, incluso la usamos justamente para lo que conlleva como comportamiento, que es “manifestar o dar a entender lo que no es o no hay”. Si estamos viéndonos aquí y ahora, en este momento histórico u época, entonces estamos convocados a participar de todo este juego de apariencias que en gran medida moldean la realidad. Tratar de no aparentar ya es un acto aparente; lo que se condice con que “El medio más fácil para ser engañado es creerse más listo que los demás” (François de La Rochefoucauld (1613-1680) Escritor francés.) (2)

En vista a que la construcción sociocultural define un sinfín de apariencias, representadas primordialmente en las dimensiones estética, ética y moral, resulta de una gran importancia y utilidad el engaño, visto ya aquí como maniobra inteligente para la subsistencia. Llegamos a un mundo dónde exponer la verdad o exponernos, puede hacernos muy vulnerables. Sabemos que el criterio se seguridad personal va ligado a cómo el Otro me representa, siente o imagina, y por lo visto el interés del otro sobre uno no siempre corresponderá a nuestra autenticidad.

Al ser constituidos también como unicidad corpórea y psíquica, nos vemos en el proceso de tenerse que ocultar, disimular o reprimir aspectos de nosotros mismos que resultan en desventaja para la aprobación del Otro y por consiguiente de nosotros mismos.

Esto último es el núcleo proposicional de la función neurótica. “Por lo general, la neurosis es un desarrollo patológicamente unilateral de la personalidad” (Jung, 2006a p. 129). El costo, por llamarlo de alguna manera comprometedora, del desarrollo alcanzado hasta ahora por la civilización occidental, es la neurosis y sus dilemas, la “Ansiedad Cultural” (López Pedraza, 2000).

Los aspectos de verdad que nos constituyen, pero que nos han llegado o nos podrían llegar a hacer sentir vulnerables o desgraciados, paradójicamente no son nada extraños dentro de todo el espectro de la fenomenología humana; estos aspectos incluso intervienen potencialmente en las formas de configuración del temperamento, carácter, actitud y comportamiento individual, es decir que definen una fórmula personal (Jung, 2006…). El no encajar en un modo aparente o estereotipo familiar y social, puede resultarnos en algo muy desagradable, especialmente en la infancia y la adolescencia, donde se precisa tanto del Otro como referente de identidad.

Despertar a una diferenciación, el llegar a hacerse uno mismo, no es algo que no tenga que ver con la función neurótica, en tanto que la escisión de la personalidad dada en la unilateralidad del desarrollo psicológico, termina de alguna manera mostrándonos que algo amenazante pero vital, necesita ser asumido como parte en el conjunto pleno de la personalidad. Mientras ni siquiera nos cuestionemos de la veracidad y necesaria determinación de los modelos colectivos, estaremos en una lucha entre lo políticamente correcto y lo impulsivamente amenazante desde lo arcaico o instintivo, vivido principalmente como síntoma.

¿Vivimos engañándonos?

Vivir engañándonos es seguir creyéndonos un cuento de nosotros mismos, y por ende de los demás, cuando ya no corresponde debido a la necesidad de integrarnos con elementos potenciales no siempre validados por el destino cultural o la conciencia moral. Incluso en la visión de la vida en pareja por ejemplo, que se da por hecho según preceptos morales, hay un engaño de base, ya que en el momento de afianzar el vínculo conyugal, dejamos al margen características, rasgos y tendencias que no necesariamente se corresponden con lo que queremos y esperamos de nosotros mismos y del otro; esto se ve reflejado en el acto incluso de guardar fidelidad, donde se contiene una idea o verdad secreta de poder transgredir el compromiso, un factor más contundente que los mismos gestos prometeicos por mantener una imagen correcta de pareja y familia.

No podemos prescindir de la neurosis como sí lo podemos hacer de aquellas cosas que a ciencia cierta no confieren sentido o utilidad; pero, lastimosamente así tendemos a hacerlo a merced del enredo frustrante o afectivo inherente a la vida y los vínculos, como algo aprendido para mantener la seguridad personal. Sin darnos cuenta, es ese mismo el núcleo de la neurosis, y es de esta manera que “Todos estamos separados de todos por algún secreto, y los abismos entre las personas están franqueados por los puentes engañosos de las opiniones e ilusiones, sustituto frívolo del puente firme de la confesión” (Jung, 2006b p. 63).

La necesidad de una validación y comprensión anímica como medio de resolución del conflicto neurótico, va más allá del obrar un artefacto lastimero, que en definitiva más que dar cabida a la verdad ineludible del alma, lo que hace es marginarnos a partir de cierta neutralidad cuando no de cierto repudio. Ahí es dónde nos esforzamos por no tomar partido, por juzgar o por conferir al destino y gracia la participación en esta lucha, dónde no nos tengamos que ver afectados.

Curiosamente el estado de ausencia de enfermedad, más que tener que ver con el reforzar las apariencias de un estado saludable, nos compromete es con La Sombra, es decir, con el reconocimiento de los aspectos oscuros de la personalidad como realmente existentes (Jung, 2011 p. 13). Penetrar en este conglomerado de rasgos e incluso de virtudes negadas, precisa la confrontación emocional, ya que son propiamente las emociones y los sentimientos los factores más verídicos, por primarios en la escala de recursos adaptativos, en la definición de un hecho anímico real. Salvaguardar las apariencias a toda costa del torbellino emocional, resulta ser necesario como medio tranquilizador para la persona bien adaptada, más no como fuente de autoconocimiento y transformación psicológica.

Si todo problema conlleva la posibilidad de una mayor ampliación de la consciencia, entonces la seguridad personal tendría que verse útil como medida relativa más no definitiva, es decir, como un medio para vivir de un modo sistémico, flexible y confiable respecto a límites justos y asimilables en la convivencia. La apertura al conflicto es generar una función propositiva ya no en sentido neurótico, sino más bien creativo. Esto conlleva el desafío de tener que contener la incertidumbre y la angustia respecto de lo no aparente pero efectivo en uno mismo y en el otro, más que sellar las experiencias con la acérrima certeza y cumplimiento de un mandato. Así pues, el esfuerzo moral no es menor en este terreno, en el sentido de la vivencia del desprendimiento, del derribo de las estructuras que no permiten avanzar, o en el desvanecimiento de las máscaras y fachadas con las que tanto actuamos al margen de nuestras emociones y sentimientos.

Aquí, podemos decir con Gordon (2013) que “los conflictos aparecen y se confirman en cada etapa; conflictos que se renuevan muchas veces en el curso de una vida, ya sea la vida contra la muerte, la individualidad contra la fusión, la omnipotencia contra la impotencia, la dependencia contra la independencia, el bien absoluto contra el mal absoluto, la realidad contra la imaginación, el egoísmo contra la compasión” (p. 44)

Somos seres inacabados

Poder experimentarnos más allá de las apariencias, nos lleva a asumirnos también como seres inacabados, dónde el resguardo de la intimidad si bien como aspecto adaptativo, puede llegar a ser además el preludio sano de la manifestación de nuestro más puro propósito vital. La importancia de un tercer camino para tal cometido de liberación, no descarta la función del Amor como fuerza vinculante en los procesos psíquicos y relacionales. Desde una posición de afirmación honesta de nuestras debilidades y defectos con plena consciencia, no hace falta tener que aparentar para el otro o esperar a que el Otro se ajuste a mi ilusión sobre él,  de ser así solo estaríamos funcionando de modo condicionado, viéndonos incluso en una confusión en el acto de amar; lo que esto último conlleva es justamente el padecimiento de un alma encarcelada, que lucha contra una verdad.

Es fácil ver como las personas nos enredamos tanto en esto de afrontar la Sombra, descubriéndose todos los mecanismos posibles de defensa y resistencia ante grandes verdades que duelen pero que en definitiva transforman. En este sentido es oportuno y se hace necesario el poder experimentarse junto con otros en contextos de reconocimiento y respeto por lo que cada uno somos en tanto sensibles, diferentes y complejos.

Para esto hace mucha falta una apertura no solo de la mente como forma de mayor conciencia, sino además del corazón, del ánimo y curiosidad por sentir la diversidad del mundo humano, sin ánimo de agravio o desprecio. Un contexto indicado para tal fin se corresponde con el espacio de la psicoterapia, en sus vertientes individual, de pareja, de familia y de grupos. No hay nada más valioso para un individuo humano como el poder sentirse amado de verdad, es decir, en nuestra propia esencia, sin el miedo a ser negados, engañados o traicionados; suficiente tenemos ya con lo que hemos cargado generacional y culturalmente en este sentido.

Invito así pues, una y otra vez al despliegue de nuestra fuerza y poder creativo y curativo, propio de todos como humanidad, concluyendo este escrito con la siguiente idea de Gordon (2013):

“Para la persona creativa, para el artista, el conflicto es una danza. Por otra parte el loco, el tonto [literalmente] se niega a reconocer la complejidad de las realidades, de modo que arriesga perderlas todas y todo. Para él no existe conflicto: lo ha suprimido y abolido. Para quién no es ni tonto ni creador, el conflicto no es más que una batalla [neurótica]” (p. 46)

Referentes Bibliográficos:

Jung, C. G. (1946) Psicoterapia y Cosmovision. En Jung C. G. (2006a) Obra Completa Vol 16: La Práctica de La Psicoterapia. Ed. Trotta, Madrid

Jung, C. G. (1950) Los Problemas de La Psicoterapia Moderna. En Jung C. G. (2006b) Obra Completa Vol 16: La Práctica de La Psicoterapia. Ed. Trotta, Madrid

Jung, C. G. (1948) La Sombra. En Jung C. G. (2011) Obra Completa Vol 9/2: Aion. Contribuciones Al Simbolismo Del Sí-Mismo. Ed. Trotta, Madrid

Gordon R. (1993) Puentes. Metáfora De Los Procesos Psíquicos. Ed. Cuatro Vientos (2013), Santiago de Chile

Rafael López–Pedraza (2000) La Psicología del Sectarismo En Tiempos de Ansiedad. En Ansiedad Cultural Ed. Festina Lente, Caracas

Internet:

  • https://es.wiktionary.org/wiki/enga%C3%B1o
  • http://www.proverbia.net/citastema.asp?tematica=164&page=2

Síndrome de Down y Sexualidad

sindrome de down

La sexualidad es parte del ser humano desde su nacimiento, influye en la manera de comportarnos, sentir y hacer. Tiene relación con los factores biológicos, psicológicos y sociales y ésta tendrá un carácter cambiante según la etapa en la que se encuentre. La etapa de la adolescencia es la que conjuga el desarrollo y la maduración del ser humano, caracterizada por toda serie de cambios biopsicosociales, que provocan una crisis de la imagen y el esquema corporal,  sumado a esto, la falta de información para los jóvenes con Síndrome de Down (S.D.), provoca que su sexualidad esté sometida a toda serie de mitos,  prejuicios y fantasmas que inquietan  a las familias y educadores, pero que no dejan de ser eso; prejuicios. Esta falta de información conlleva conductas inadecuadas sobre su sexualidad; como el afecto exagerado hacia las personas del sexo opuesto o bien, el aislamiento. La persona con Síndrome de Down presenta dificultades en sus relaciones afectivas y en su vida sexual, que posiblemente está más relacionado al trato infantil que recibe que a su propia condición. La educación sexual, es fundamental para desarrollar un adecuado manejo de la propia intimidad y las relaciones interpersonales,  permite delimitar pautas sanas de relación  entre pares y en la construcción de pareja, pues es necesario educar y preparar a estos jóvenes y a sus familias respecto el desarrollo psicosexual de manera amplia y oportuna, para abordarlo y vivirlo plenamente de acuerdo a sus etapas. La condición de la educación sexual en Chile, dista de ser lo requerido para entregar una formación integral, los programas educativos están fuertemente orientados a la prevención de riesgos; embarazos no deseados, abusos, enfermedades, etc., dando espacio a que las conductas restrictivas lideradas por mitos y no por información basada en el conocimiento.

Palabras Claves: Adolescencia – Síndrome de Down – Mitos – Educación Sexual.

Síndrome de Down, Educacion y Sexualidad.

En el pasado, la sexualidad no se consideraba problema para las personas con Síndrome de Down, pues se creía que su condición producía una infancia permanente. Lo cierto es que todas las personas con el síndrome tienen sentimientos sexuales y necesidades íntimas, por lo que prima que las familias y los educadores reconozcan la expresión de estos sentimientos de forma socialmente aceptada y adecuada para la edad.

Los cambios emocionales característicos de la adolescencia, también están presentes en los jóvenes con síndrome de down, los cuales pueden verse intensificados por factores sociales. Cualquier adolescente que viva en la comunidad, asista a la escuela o esté expuesto a los medios de comunicación, inevitablemente desarrolla una conciencia de sexualidad.

Para entregar una educación sexual efectiva, debe ser individualizada y comprensible, poniendo énfasis más allá de los aspectos físicos reproductivos, en la toma de decisiones, las normas culturales, las presiones de los pares, las destrezas y valores personales preparándolos para las responsabilidades de la vida adulta. Es necesario que ellos conozcan y comprendan sus cuerpos, sus emociones, sus conductas y sus relaciones dentro de contexto, que tengan nociones de lo que es público y lo que es privado, que puedan vivir sanamente su intimidad. “La información sobre las relaciones sexuales así como otras expresiones de la vida sexual adulta, deberá ser realista y resaltar la responsabilidad personal, ayudándolos a desarrollar su poder personal, autoestima y comprensión de las relaciones personales para satisfaces su necesidad de intimidad” (Hirsch, 2014).

Aspectos de Personalidad y Socio-afectivos

“En las personas con Síndrome de Down, al igual que con el resto de la población, a la hora de interpretar una conducta o limitación cognitiva, se debe considerar no sólo la alteración sino también los mecanismos psicológicos que utiliza la persona en concreto, la historia de éxitos o de fracasos sucesivos que acumula, los refuerzos que recibe, las expectativas propias que se ha ido creando a partir de los familiares y sociales que ha ido percibiendo hacia su persona” (Arregui, 1997). Dependiendo de la imagen que el entorno le devuelva a partir de esas características, se irá formando la imagen de sí mismo.

“Se suele decir que un rasgo de la personalidad de estas personas es la obstinación, la terquedad, la testarudez, la falta de flexibilidad, la resistencia a los cambios etc., pero tal vez sea interesante analizar estas actitudes también como resultado de un contexto interactivo, teniendo en cuenta que:

–       La mayor parte de la conducta humana es aprendida y una gran parte de ella por imitación.

–       Todo ser humano aprende si le enseña, aunque el nivel de logro o profundización sea cualitativamente individual, personal.

–       Todos los niños y niñas tienen ganas de aprender, este deseo tiende a desaparecer si lo que se le enseña no es significativo para él o ella.

–       Las conductas que se refuerzan tienden a estabilizarse

–       La sobreprotección inhibe la propia acción” (Florez, Sindrome de Down y educación., 1991)

Mantener una postura sobreprotectora enfatiza la dependencia y la deficiencia, construyendo una imagen social e individual de eternos niños, en esta postura quedan privados de intentarlo y equivocarse, pues se les juzga desde la discapacidad como si esta fuese su única característica personal. “La sobreprotección invalida, porque impide afrontar las situaciones negativas, para llegar a ser adulto” (Garvía & Miquel, 2009)

“Puede ser conveniente pensar que la no colaboración, que percibe el profesorado, sea fruto no de la testarudez sino de una falta de audición correcta, de la no comprensión del requerimiento por falta de vocabulario, de una limitación en la interpretación del lenguaje que se le está ofreciendo -por la complejidad de la estructura de las frases, lo complejo del concepto, etc.-

Es preciso cuestionarse no sólo sus limitaciones para aprender, sino las del adulto

para enseñar, para ir acoplando las ayudas a las necesidades” (Florez, 1994)

Desarrollo Psicosexual de Personas con Sindrome de Down

Garvía y Miquel, en 2009 publican un artículo sobre la vida afectiva y sexual de jóvenes con dicho síndrome, afirman; “La pubertad de las personas con el Síndrome, se manifiesta cronológicamente, al igual que en el resto de la población. El cuerpo cambia y aparecen experiencias contradictorias, que causan inseguridad” (…) “La sexualidad de la persona con discapacidad no es una sexualidad especial”.

Con estas afirmaciones podemos acercarnos al tema desmitificando algunos supuestos que no hacen más que dar explicaciones basadas en mitos y no en el conocimiento. Veamos algunos de ellos;

MITOS REALIDAD
Las personas con discapacidad son niños eternos. La mayoría de las personas con discapacidad, reciben y responden a estímulos sexuales y desarrollas sus características sexuales secundarias al igual que las personas sin discapacidad.
Las personas con discapacidad intelectual necesitan vivir en entornos que les restrinja e inhiba su sexualidad, para protegerlos de ellos mismo y de los demás.  Necesitan vivir en entornos que favorezcan el tipo de aprendizaje sobre la sexualidad que se enseña normalmente en nuestra cultura.
No se les debe hablar de sexualidad, ni educarlos en el tema para no despertar su deseo. Necesitan educación sexual por varias razones:

Les ayuda a entender los cambios en su cuerpo y de sus sentimientos y les proporciona habilidades y guía necesaria para asumir sus responsabilidades.

–       Les permite defenderse del abuso.

–       Proporciona pautas de expresión sexual adecuada, con una línea responsable y culturalmente apropiada.

Deben ser esterilizados ya que pueden tener hijos con el síndrome. El 50% de las mujeres con el síndrome se lo heredan a sus hijos.
Las personas con S.D. son  propensas a desarrollar un carácter sexual inusual o desviado. Las personas con S.D. no desarrollan más conductas inadecuadas que el resto de la población, si tienen las oportunidades normales para aprender de su sexualidad. También pueden influir diferentes factores; insuficiente o nula educación sexual, exclusión de las interacciones de grupo, las restricciones familiares en las actividades, etc.
Las personas con S.D. son hipersexualizados. Las conductas hipersexuadas, son precisamente por la falta de educación sobre aspectos como lo público y lo privado, o lo que forma parte de su intimidad.
La mayoría de los niños con S.D. nacen de padres de edad mayor. El 80% de niños nacidos con S.D. nacen de madres menores de 35 años de edad, sin embargo, la incidencia de nacimientos de niños con el síndrome sí aumenta con la edad de la mujer.
Los adultos no pueden formar relaciones que lleven al matrimonio. Tienen citas, socializan y forman relaciones, algunos se casan.
Las personas con S.D. son tiernas y cariñosas. Presentan diferencias individuales en su temperamento y pasan por las mismas etapas de desarrollo de cualquier persona.

Existen muchos mitos acerca de la sexualidad de las personas con síndrome de down, algunos incluso, se contradicen, pero todos consiguen el mismo propósito: colocar la sexualidad fuera de la normalidad.

Como hemos revisado, la sexualidad implica la capacidad para evolucionar hacia una relación en la que en la que se integran distintos aspectos: enamorarse, sentir atracción, desearse, protegerse, compartir intimidad, tener un proyecto de continuidad etc. La autora Beatriz Garvía, en 2009 hace referencia a tres dimensiones en la sexualidad; dimensión reproductora, del placer y afectivo relacional;

Dimensión reproductora: esta indica la autora que es la que genera preocupación en las familias y en los entornos educativos, por parte de las personas con el síndrome, indica que existe una dificultad para comprender la capacidad de reproducirse, siendo absolutamente necesaria la educación sexual, tanto en relación al comportamiento como en la anticoncepción.

Dimensión del placer: hablar del placer que genera el contacto sexual, provoca vergüenza, ansiedad y temor, pues no se educa para hablar de ello. Si bien las personas con discapacidad severa tienen un comportamiento sexual que se limita a la masturbación, como una manera de auto estimulación sin una fantasía sexual que la acompañe, la discapacidad moderada permite atravesar etapas psicosexuales en busca del placer que se reduce a la masturbación sin buscar el coito. Las personas con discapacidad leve en cambio, pueden acceder a una sexualidad plena siempre y cuando reciban educación y se admita que tienen sexualidad.

Dimensión afectivo relacional: esta dimensión de la sexualidad presenta dificultades por la falta de educación en el desarrollo de las relaciones afectivas, y la falta de intimidad, provocando una ambigüedad entro lo que es público y lo que es privado, y su expresión adecuada.

Educacion Activa de la Sexualidad

Según Susan Pick, “la educación sexual es un proceso de conocimiento personal integral (físico, psicológico y sociocultural), que le permite a cada individuo mejorar su calidad de vida, no solamente su salud reproductiva”. De este modo se convierte en una educación más integral y cumple con el propósito de integración de la persona a la familia y a la comunidad.

¿Cómo ayudamos a una persona con síndrome de down para que se desenvuelva de la manera más normal posible en el terreno sexual?

La literatura ofrece diversas aproximaciones, compartiendo las siguientes bases; se debe reconocer la sexualidad en ellos, teniendo en cuenta su edad cronológica; pensando en la persona como un ser en desarrollo, entregando educación que les permita pasar por la diferentes etapas evolutivas sin quedarse pegado en ninguna de ellas, entregándoles información y confianza.

María Jose Miquel y Beatriz Garvía, en 2009 proponen reflexionar sobre algunos aspectos;

El respeto: se debe transmitir que si no nos respetamos no se nos respeta, y que esto no se enseña con la teoría, se enseña con el respeto.

La intimidad:las personas con S.D. reciben excesiva protección, por ejemplo con la ayuda en la higiene, que cuando no es necesaria, genera una intromisión en la intimidad. Cuando no hay conciencia de intimidad  se exteriorizan situaciones que tendrían que ser íntimas en lugares poco adecuados, y esto lo atribuimos erróneamente a su condición.

La privacidad:es una consecuencia de la intimidad.

Terri Couwenhoven, en 2011, publica una serie de recursos y estrategias para educar la sexualidad en personas con S.D.

Utilizar conceptos y vocabulario sencillo: para formar cimientos sólidos, es necesario proporcionar un lenguaje claro conforme la persona vaya madurando, respecto a los cambios físicos y a los órganos genitales.

Enseñanza del cuerpo: hablar del cuerpo y la sexualidad de manera temprana, abierta y en privado, eliminan los sentimientos de vergüenza, culpa y negatividad  que acompañan a los genitales, posibilitando futuras conversaciones conforme vaya creciendo. Se deben enseñar las palabras correctas y hablar de la intimidad debe ser en un contexto de intimidad. En la comprensión de la intimidad debe estar presente el ejercicio de la misma, como la mantención de la higiene personal. A esto se le debe sumar las reglar sociales que le conciernen al cuerpo, por ejemplo; las partes íntimas deben estar cubiertas en lugares públicos, así como también dentro de la casa o el colegio, cuales son los sitios privados. Reforzar de manera natural y cotidiana estos conceptos, ya sea, si se está vistiendo; recordarle que cierre su puerta para respetar su intimidad, o si expone partes intimas del cuerpo en un lugar público, recordarle las reglas relacionadas con la intimidad.

Comprensión de las diferencias de género: este es otro bloque fundamental, la conciencia de las diferencias físicas entre hombre y mujer, suelen ser las primeras curiosidades, por lo que urge una pronta aclaración del tema.

Tocar o estimular partes íntimas: si bien tocar los genitales y masturbarse se usan con frecuencia como sinónimos, hay diferencias. Tocarse los genitales no suele tener una intención ni tiene un objetivo, más bien es parte de la exploración del propio cuerpo. Para algunos jóvenes, tocar sus genitales es un modo de pacificarse, o de calmarse, por ejemplo, antes de dormir o en tiempos de particulares emociones o preocupaciones. El término masturbación se usa cuando la estimulación tiene un propósito más claro, de conseguir pacer sexual u orgasmo. Ante las situaciones donde el joven toque sus genitales en lugares públicos o inapropiados, es preciso dar mensajes claros y directos, si no responde a una orden verbal, se le debe llevar físicamente a su cuarto, evitando expresiones negativas  de castigo. Es necesario mantener una conducta perseverante en este control.

Contacto, afecto y límites: las personas con necesidades especiales, están acostumbrados a que se les viole sus fronteras desde edades muy tempranas. Incluso los programas de intervención temprana para los niños requieren una terapia invasiva, en donde el terapeuta físico manipula el tronco, las piernas, estimulación oral alrededor de la boca etc. Desde la infancia constatan que sus fronteras son repetidamente violadas y por más que sea con la mejor intención, pierden el sentido de lo que es apropiado e inevitablemente empiezan a violar el espacio del los demás. Las reglas sobre contactos y límites, son con frecuencia confusos, cambian en función del contexto y la cultura, por lo que resulta difícil establecer reglas sencillas.

Algunas sugerencias que propone la autora:

–       Respetar el derecho del joven a elegir a quien le muestra afecto, con independencia de quien sea la persona.

–       Enseñar otras maneras de expresar afectos, sin recurrir a los apretones y abrazos, como palabras y frases que podrían utilizar para reflejar sus sentimientos. También ofrecer otras formas de contacto que podrían servirle para reflejar emociones, como suaves apretones de brazos, dar una palmada con la mano abierta, pasar la mano sobre la espalda, etc.

–       – Pedirles permiso antes de tocar, con esto se les entrega un sentimiento de propiedad.

Conclusiones

La sexualidad abarca la autoestima de un individuo, las relaciones interpersonales y las experiencias sociales relacionadas con las citas, las relaciones de parejas y los aspectos físicos del sexo. Una educación sexual adecuada para el nivel de desarrollo intelectual de las personas con el síndrome, suma a la calidad de vida, reduce el riesgo de abuso sexual, evita malos entendidos de índole sexual, previene la transmisión de enfermedades, previene los embarazos no deseados.

Las personas con el síndrome, tienen, sienten y pueden practicar su sexualidad. Son personas con dignidad que requieren apoyo y acompañamiento para realizarse como seres humanos y vivir de la manera más plena posible.

Los profesionales y padres deben estar educados para captar sus necesidades, escucharlos y atenderlos de acuerdo a lo que requieran.

El objetivo de esta educación, es que lleguen a ser adultos y se integren en la sociedad, y como miembros de la sociedad, puedan vivir, disfrutar y cumplir con sus derechos y deberes. Uno de esos derechos es el de formar pareja y tener una vida sexual.