Vivir el duelo: cuando no podemos dar vuelta la página

duelo

«Se dice: loco de alegría. También podría decirse: cuerdo de dolor».
—Marguerite Yourcenar.


Vivimos en un mundo rápido, turbulento y lleno de responsabilidades. Un mundo que existía mucho antes de nosotros y seguramente lo hará hasta bastante después de que hayamos desaparecido. Se caracteriza por tener reglas y límites que le definen tanto a él como a nosotros a un punto en que nos es normal que existan situaciones y hechos de la vida cotidiana que en las cuales se espera que seamos de cierta manera y hagamos ciertas cosas en particular. Es lo que llamamos costumbres y no hay parte de la vida que esté libre de esta situación, dominando gran parte de lo que vivimos y somos al punto en que nos impone qué situaciones debiesen pasarnos y cómo debiésemos reaccionar ante ellas. La mayoría del tiempo esto se da con bastante naturalidad, pero, ¿qué sucede ante eventos cruciales como la muerte de un ser querido?

El duelo

Cuando hablamos de duelo solemos referirnos a la muerte de un ser amado o cercano, pero esta palabra se puede usar para dar cuenta de cualquier proceso en que vivamos una pérdida. Ya sea el fin de una relación importante, el despido de un trabajo o incluso un cambio de casa, todo cambio vivido como una pérdida puede desencadenar un proceso que, en la mayoría de los casos, acarrea importante sufrimiento.

Es un hecho que la vida cambia constantemente, ya sea por decisiones de cada uno o por eventos que se nos imponen. Esto significa que vivimos constantemente en proceso de duelo, ya sea de una relación, un cambio laboral o incluso de nosotros mismos con las tan conocidas “crisis de los 30, 40, 50”, cambio de estado civil, entre otros. Hay duelos que son más significativos que otros y ello depende de varios factores como su relevancia en la sociedad, su gravedad, y nuestra historia de vida. Ante esto es importante considerar que hay eventos que, aunque no parezcan importantes para los que le rodean, pueden ser causa de sufrimiento para usted si le es un duelo particularmente difícil de lidiar.

¿Qué debería esperar al vivir un duelo?

El duelo consta de cinco etapas, aunque estas pueden no darse siempre en el mismo orden o completas. Estas se denominan negación, ira, negociación, tristeza y aceptación. Se caracterizan por estar teñidas de ciertas emociones y acciones, además de no tener normalmente un inicio y fin claros antes del paso de cada una de ellas. Algunas pueden durar mucho más que otras, y la intensidad de las mismas va a depender de varios factores, siendo el más importante el apoyo del entorno del paciente.

Una de las características más usuales del duelo es la sensación de exasperación ante la propia emoción y experiencia, siendo muy común la pregunta “¿Cuándo voy dejar de sentirme así? ¿Cómo hago para que se me pase más rápido?” ante esto surge una de las características más esenciales para comprender el duelo, y es que requiere tiempo. ¡Qué importante es respetar el tiempo que necesitamos para vivir nuestro dolor y qué difícil parece eso en este mundo acelerado! Es sorprendente como, en la mayoría de los casos, al hacer el primer paso de aceptarse a uno mismo como un ser sufriente y permitirse el tiempo para sufrir, la angustia inicial disminuye considerablemente.

¿Cuándo es recomendable consultar?

Siempre es bueno pedir ayuda, incluso cuando se tiene la sensación de que el sufrimiento no ha llegado a un punto intolerable, pero se teme llegar al mismo. Una evaluación con ayuda de un profesional puede ayudar a comprender mejor la situación, en qué etapa se encuentra y considerar la calidad de ayuda que requiere para este proceso.

Además de la consulta cuando el evento es reciente, también se considera una consulta por duelo si, ya pasado más de un año o dos, la persona siente que no ha logrado “dar vuelta la página” ante el fallecimiento de un ser querido, lo cual en los casos más graves puede dar cuenta de un duelo patológico que requiere ayuda de un equipo de especialistas en salud mental.

Consideraciones finales

Es importante reiterar que cada persona es única y tiene una forma de vivir el dolor diferente de los demás. Por ende, puede pasar que la persona viva un proceso de duelo de una manera muy diferente a la que ella misma esperaba o a sus seres cercanos, lo muchas veces estará dentro de lo normal.

Además, siempre es beneficioso pedir la ayuda de un experto al sentirse en un estado de sufrimiento y confusión para poder tener una guía adecuada que se ajuste a nuestras necesidades.

Reitero la importancia del tiempo y, con ello, la paciencia. Querer apurar nuestro proceso de duelo suele llevar a que este se complique o cause más sufrimiento. “Tiempo al tiempo” dice el dicho popular que, en este caso, se aplica perfectamente.

En el caso del duelo por la muerte de un ser humano, existen muchas ideas populares y de “sentido común” que muchas veces no aplicarán a lo que realmente necesita cada persona para vivir un duelo sano. Estas ideas también pueden suscitar miedos o creencias que, en su mayoría, no son ciertas. Una de las más importantes es dar cuenta que “dar vuelta la página” y superar la muerte del otro no es lo mismo a “olvidarlo” ni “hacer como que nunca existió”. La terapia puede ser una excelente oportunidad para revisar en conjunto estos miedos y creencias, aliviando considerablemente el proceso de duelo.

Autoestima: ¿Por qué una imágen personal positiva es tan importante?

autoestima

El ensayo a continuación trata sobre cómo se fue gestando mi imagen personal desde la infancia, la transición de la adolescencia hasta el día de hoy, pasando por las distintas creencias e influencias que contribuyeron a su concepción. La imagen personal está fuertemente relacionada a la autoestima, tema que desarrollaré a lo largo del ensayo, ya que, en mi caso personal, es la clave para ir gestando el concepto de mi imagen, que no es rígida, al contrario, ha sufrido cambios radicales y de seguro seguirá cambiando de acuerdo al estilo de vida y entorno en el que me desenvuelvo, un factor clave del cómo me quiero ver tiene relación con el concepto de autoestima. Varios autores ya han hecho prevalecer la creencia que la imagen personal va de la mano a cuanto me quiero, cuanto me valoro, cómo quiero que me vean, o cómo me siento más cómoda, es decir, de acuerdo a los altibajos que presenta la autoestima en las personas.

Desde la década de los 80 y especialmente en esta última década, se puede observar que el concepto de autoestima ha pasado de ser uno de los términos más utilizados, en ámbitos no específicamente psicológicos, si no, también puede hasta determinar el éxito personal del sujeto. En cambio, el autor Daniel Goleman, explica como uno puede comenzar a conocerse, a través, de los propios sentimientos o personalidad, al momento de ponerlos a prueba y como uno va controlando sus emociones a medida que nos vamos conociendo a nosotros mismos. Además, en el cuarto capítulo de su nombrado libro “Inteligencia Emocional”, destaca diversas situaciones cotidianas, en donde, se deja claro que las personas tienen diferentes maneras de percibir la autoestima y como lo demuestran al entorno. “Alexitimia del griego a -, que significa “carencia de”, y de lexis, que significa “palabra” y thymos, que significa “emoción”. Estas personas carecen de palabras para expresar sus sentimientos” (Goleman, 1997, p.72).

¿Cómo se entiende el autoconocimiento desde la Psicología?

Otro punto importante, es la estricta relación que existe entre un tema tan personal como es el auto conocerse con la psicología clásica, es decir, desde que se creó la psicología como ciencia, se comenzaron a gestar diversas teorías de cómo las personas van adquiriendo el conocimiento respecto a cómo es el Ser por naturaleza. Si voy un poco más a la historia de la psicología hacia las estructura de los paradigmas, basándonos principalmente en la epistemología podemos señalar que es “Relación entre el sujeto cognoscente y el objeto a conocer. La construcción del conocimiento. El estudio crítico de la ciencia, del conocimiento”  (Montero, 2001).

Aquí el autor menciona que en la epistemología tiene relación entre el mundo en el cual se vive y el individuo, relacionándolo a el tema de la autoestima e imagen personal debido a que a partir del ambiente o mundo en que se vive se puede ir armando el propio conocimiento, es decir, que su estudio está basado en las experiencias entre los individuos como en rasgo de la ansiedad, el autoestima y agresividad y por otro lado ingresa la ética donde da a demostrar cuales son nuestros valores.

Un primer elemento a considerar, es que cada uno comienza por identificarse personalmente desde que somos pequeños en edad, es decir, del cómo comencé a explorar sobre mi propia imagen personal. El concepto de “mi imagen personal” se comenzó a gestar cuando tuve conocimiento de mí apariencia, que fue alrededor de los cinco años, recién había ingresado a la educación pre-escolar, es ahí cuando comencé por experimentar cambios en mi persona. Me gustaba, en particular, elegir lo que iba a vestir en el día, identificar los colores que me parecían atractivos, la música que principalmente tuvo gran influencia en mis gustos, entre otros elementos que comencé a ver, a través, de mi propia perspectiva sin la necesidad de tener a mis padres u otros cercanos indicando que debía usar, debo considerar que, en mi caso personal, siempre tuve la libertad de escoger lo que me hacía sentir más cómoda.

Como hija única no tuve contacto con muchos niños de mi edad, sin embargo, al llegar al sistema educacional, y realizarse actividades extra curriculares, los niños debían asistir con ropa informal -o de calle- como se conoce en la jerga popular escolar, con esto pude observar el esmero de las madres por hace que sus pequeños fuesen ordenados, o bien, con ropa de moda o clásica, cada uno presentaba un estilo muy particular de acuerdo a las creencias e influencias familiares. Muy pocos chicos de esa edad son conscientes de su imagen y se visten como les dicta su núcleo más cercano.

Siendo muy pequeña comprendí el impacto que provoca los cambios que realizamos a nuestra imagen y cómo el entorno está alerta a ellos, ya sea, cambios de estilo, ropa, peinados, etc. Muchas veces, del cómo nos ven, depende cómo se va gestando hasta nuestra personalidad. Por ejemplo, el juicio que realiza la sociedad afecta significativamente nuestras creencias, sentimientos y actitudes. Los niños poseen una honestidad, que muchas veces tachamos de crueldad, si un niño le dice a otro que está gordo, feo, desordenado, despeinados, o bien, utiliza sobre nombres para llamarlo, y el pequeño a quien se realiza estas observaciones es vulnerable a la crítica, le afectará sobre manera, e incluso podría ser motivo para crear desmotivación generalizada en la etapa escolar.

Acá se hace necesario crear las instancias en el sistema educacional actual, que considere en sus ramas, el enseñar desde pequeños a los niños a quererse y apreciarse como son, a buscar la belleza en cada persona, más allá de cómo luzca, a primar sus valores personales y familiares, por sobre el juicio de valor que pueda hacer la sociedad sobre ellos.

En su estudio González (1999) concluye que:

Desde esta definición podemos decir que en la medida en que un sujeto piensa y se valora positivamente, se autoacepta y se siente competente para afrontar retos y responsabilidades que la vida le plantea, su autoestima es alta. Cuando un sujeto se autoevalúa negativamente, se autorrechaza y autodesprecia y se considera incapaz de resolver con éxito cualquier tarea o situación, su autoestima es baja (224).

Ya en mi etapa pre-escolar, pude comprender -como la mayoría de los niños- que soy sensible a la crítica del cómo me ven los demás. Aunque en la mayor parte de las familias los niños pequeños son objeto de críticas relativamente positivas, como: “mi hijo es tan inteligente”, “mi hija es la más linda del curso”, etc., las críticas negativas fuera del círculo familiar siempre existirán. Desde niños la sociedad los va impulsando a tener que enfrentar las observaciones negativas de la mejor forma, para tratar de no dejarse apabullar. Ya transcurrida mi etapa pre-escolar tuve la conciencia que quería tener mi propio estilo, buscaba verme como los artistas que escuchaba, tratando de imitar sus peinados y su forma de vestir, esto me creaba una sensación de bienestar y aceptación de los demás.

Avanzando durante el periodo de pubertad -en la enseñanza básica-, continué considerando que las influencias externas de moda como “Pokemones o Emos” eran la mejor forma construir mi imagen personal, sin embargo, también fue una etapa muy sensible respecto a qué cosas me gustaban o no de mi cara y cuerpo, poniendo en juego el delicado tema de la autoestima, que en mi caso, no fue positiva, ya que, ahora analizando desde la perspectiva, el atravesar por el divorcio de mis padres trajo consigo el conflicto de la creencia errónea que tus padres ya no te quieren, eso caló hondamente en mi autoestima, que dejó sus estragos en la forma de percibir mi imagen y lo que reflejaba a los demás. Para un pre-adolescente es muy difícil entender que los padres se divorcian entre sí, pero no se divorcian de sus hijos.

Mi caso…

Durante mi periodo de adolescencia en la enseñanza media, comencé a desarrollar un estilo totalmente distinto, fue un periodo de rebeldía total, que se reflejó en mi estilo, gustos y apariencia personal. Pasé de una apariencia popular a una radical, influenciada por distintas tribus urbanas, como Punk, Dark y Trash.

Actualmente conservo los gustos musicales de ese periodo, pero mi apariencia personal ha pasado a ser una más clásica, al analizar, considero que este cambio se dio en conjunto a una valoración más positiva de mi autoestima, el creer y sentir que una separación no necesariamente destruye los lazos familiares, al contrario, los puede afianzar y crecer ha generado más confianza en mí misma, y eso, inevitablemente, se refleja hacia el exterior en mi apariencia personal, haciéndola más relajada y cómoda. Ya no siento que deba demostrar nada a nadie constantemente con mi imagen, solo a mí misma, a través de mi propia autoestima siendo la “valoración positiva o negativa que el sujeto hace de su autoconcepto, valoración que se acompaña de sentimientos de valía personal y autoaceptación” (González, 1999, p. 217).

Ya concluyendo el ensayo sobre el cómo se fue construyendo mi imagen personal, puedo determinar he logrado recordar y analizar el cómo me veo en la actualidad, nunca antes consideré importante sentarme a reflexionar sobre el tema. Claramente ha sido un trabajo que me ha dejado con la satisfacción que cada día me conozco un poco más. Quiero mencionar, además, que los talleres del ramo de autoconocimiento, me han ayudado a reflexionar en lo importante que es conocerse a sí mismo, por ejemplo, aprendí a identificar cualidades sobre mi personalidad, que antes no había logrado comprender.

Por último las actividades realizadas en cátedra que he tenido hasta el momento en la universidad en el ramo de Taller de Autoconocimiento donde he tenido que compartir muy seguido con mis compañeros, aprendiendo a conocerlos cada día más, una de las actividades que más me ha sido dificultosa es el hecho de realizar el test de autoestima donde me han pedido dibujarme a mí misma y a la vez dibujarme como me ven los demás reconociendo cuales son mis fortalezas y debilidades, estos dos ejercicios me han sido de mayor complejidad debido a que a veces no puedo reconocer lo bueno y lo malo de mi persona lo que tal vez puede delatar que no tengo bien claro sobre mi imagen personal, pero al mismo tiempo el hecho de compartir con mis compañeros he aprendido a demostrar más personalidad frente a ellos.

Salud Mental: Atención en Psicología, distintas especialidades

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La salud mental se puede definir como el equilibrio psico-afectivo que favorece la buena integración propia del ser humano y con su medio social.

Hoy en día Chile según diversos estudios vive una situación difícil en cuanto a salud mental se refiere, en donde gran parte de los que son participes de esta situación son precisamente los jóvenes de la sociedad. Esto es debido a que el apoyo hacia ellos es un tanto lejano con respecto a este tema precisamente.

Es sabido que en la mayoría de los jóvenes que padecen de síntomas depresivos éstos se manifiestan al inicio de la etapa adolescente y aumentan hasta que ésta finaliza. Pero sin embargo, las mujeres son aquellas con mayor predominio a síntomas de estados depresivos que los hombres, lo cual se debería a los cambios propios de la edad como lo son los cambios físicos y psicológicos que van relacionados con desconformidad de su cuerpo, lo que cobra significancia en el descenso de su autoestima.

Dentro de estos efectos negativos en las jóvenes, en la mayoría de las ocasiones suelen tener influencia los modelos sociales femeninos que se promueven mediante los medios de comunicación masivos (principalmente tv), lo cual suele ser un impacto para aquellas adolescentes y jóvenes en general que tienen menos fortalecido su autoestima y su sentido crítico.

Algunos gatillantes de Malestar…

Las características más relevantes que suelen gatillar a estos estados depresivos en los jóvenes son, la baja tolerancia a la frustración y la tendencia a dramatizar las situaciones.

La primera se relaciona bastante con la depresión debido a que los jóvenes con tendencia depresiva son poco tolerantes a no conseguir lo que “necesitan” y es la misma sociedad en la que hoy en día vivimos que muchas veces nos pone en mente necesidades más bien ilusas o innecesarias dicho de cierto modo. Y de ahí viene la auto exigencia de los jóvenes que se plantean demandas fuera de su realidad misma, apelando a la posibilidad de obtener logros de manera fácil y con un mínimo de esfuerzo, pero a medida que transcurre el tiempo y comienzan a notar que estos logros cada vez se alejan más de ellos es cuando se desencadenan las frustraciones para las a su vez no se encuentran preparados de afrontar. Obteniendo como resultado los síntomas depresivos.

La segunda característica tiene relación con cualquier acontecimiento negativo, por muy de poco interés que éste pueda parecer para otra persona, no funciona así en la mente del joven desequilibrado ya que para éste será la situación más desagradable de su vida.

Algunas de estas exageraciones se relacionan con su imagen física, sobre todo en las jóvenes, lo que a su vez conlleva a síntomas de trastornos alimenticios como la bulimia y la anorexia.

También se encuentran las ideas negativas que los jóvenes desarrollan en su mente, como la idea negativa respecto a sí mismos, idea negativa respecto al futuro y la más generalizada de todas, la idea negativa respecto al mundo.

La Influencia  de la mente en el actuar diario

La primera de estas ideas, es la idea negativa respecto de sí mismos, lo cual es muy habitual sobre todo en mujeres que se sienten inferiores por uno o diversos motivos frente a sus pares, esto se comienza a desarrollar alrededor de los catorce años aumentando a medida que avanzan de nivel escolar. Cuando está bordeando los dieciocho años se gatillan los problemas depresivos y de ansiedad en aquellos jóvenes que constantemente se subestiman, sean estos mujeres u hombres.

Ahora contextualizando en la idea negativa respecto a su futuro, se refiere a la creencia de que nada les resultará bien; su carrera o profesión no les gustará, afectivamente serán poco exitosos y por ende la vida no tiene sentido para ellos. Es con respecto a estas ideas que algunos jóvenes suelen tener curiosidad por verse la suerte o consultar a adivinos que pueda presagiar su futuro.

Y la tercera idea negativa, tiene que ver con pensamientos negativos respecto al mundo, lo que los lleva a pensar que nada es suficientemente bueno dentro de éste, que tanto hombres como mujeres suelen ser malos, lo cual bajo sus perspectivas les lleva a adoptar conductas a la defensiva para protegerse de este “mundo cruel” que los embarga.

Estos factores de carácter depresivo, son advertencias de situaciones depresivas futuras en su vida adulta y además de una difícil relación interpersonal/familiar en los años posteriores.

La Importancia de un equilibrio mental desde una temprana edad

Es precisamente en personas que son dominadas fácilmente por ideas como éstas, que generan a su vez síntomas de distorsión a nivel cognitivo y perceptual, por ejemplo aquellos jóvenes que son diagnosticados como depresivos tienen una mayor preponderancia a sufrir alteraciones de la realidad, que aquellos que no padecen de depresión.

Uno de los rasgos frecuentes de la estructura social actual del riesgo son las diversas maneras de vulnerabilidad social que recaen constantemente en los grupos más jóvenes de la sociedad.

Por otra parte se encuentran aquellos jóvenes privados de libertad, que padecen de enfermedades mentales, trastornos del ánimo y de personalidad, ellos al igual que los jóvenes en libertad necesitan el mismo acceso a tratamientos médicos adecuados y con mayor especialidad aún, ya que esto les permitirá a su vez una adecuada reinserción social.
Sin embargo, es necesario que esa brecha pueda ser eliminada pero eso sólo lo pueden determinar las autoridades a cargo de dichos casos o que demuestren un interés social respecto al tema.

A modo de finalización del presente ensayo, mencionaré una de las formas que bajo mi parecer es útil para mantener una salud mental adecuada dentro de los parámetros posibles, me refiero a la educación integral hacia los jóvenes, en donde se tome en cuenta lo relevante que es la tolerancia a frustraciones, y a lo desconocido. Inculcándoles desde temprana edad a mantener un carácter sólido frente a situaciones de moldeamiento social como las anteriormente mencionadas, disciplina en lo que quieren conseguir, valores, pero lo más importante educarlos en el desarrollo de un amor integral hacia sí mismos.

Madurez: ¿Superar la “inmadurez” es un fin digno de perseguir?

Madurez

Las personas debemos enfrentar una enormidad de situaciones complejas durante todo el transcurso de nuestra existencia, muchas de las cuales, escapan completamente a nuestro control y entendimiento. Frente a esto, muchas veces nos comportamos de manera que pronto nos sentimos culpables, nos arrepentimos o nos sentimos tremendamente avergonzados, aún sabiendo que fue lo mejor que pudimos hacer en aquél momento. Sin embargo, me parece que muchas veces aquello es señalado desde el sentido común, con expresiones como: “posee una personalidad muy inmadura”; “él o ella no fue lo suficientemente madura”; “aun le falta madurar”; “aquél hecho me hizo madurar”; “ella o él maduró muy rápido”, etc.  Si es que efectivamente, la madurez en las personas es un elemento indispensable para enfrentar la vida en todas sus dimensiones, si cuando las personas frecuentemente sienten que lo han hecho mal es debido a su inmadurez, por el contrario, cuando sienten que enfrentaron alguna situación difícil satisfactoriamente es debido a su madurez, o sienten que gracias a aquella difícil situación pudieron madurar, entonces ¿es la madurez un fin digno de ser perseguido por los seres humanos?.

Para responder esa amplia pregunta que he propuesto, se hace necesario definir o al menos comprender tal concepto de madurez. Sin embargo, esto no es una tarea fácil, puesto que refiere a una variedad de significados. De modo amplio y desde el sentido común se establece que la madurez corresponde a un estado mental de alguien que se encuentra preparado para enfrentar situaciones complejas en la vida, pudiendo tomar así buenas decisiones. De esta manera, puedo corroborar que mi pregunta inicial ya tiene una posible respuesta, puesto que efectivamente la madurez puede ser un fin propuesto por las personas, es decir, lograr un estado de prudencia, preparación y buen juicio para enfrentar lo que surja en el camino de la vida, tal como un competidor olímpico se entrena para poder enfrentar de buena manera competencias cada vez más difíciles.

¿Podemos decir que la madurez es un fin digno de ser perseguido?

Desafortunadamente, mi experiencia indica que no lo es en ningún caso, puesto que la madurez entendida como lo expuse anteriormente es meramente una ilusión. Me parece, que el establecer que uno puede llegar a estar preparado para tomar buenas decisiones no es posible, por una parte porque me parece que a lo largo de toda nuestra vida, sea cuanto esta dure, nunca dejamos de aprender, es decir, nunca llegamos a un punto culmine de conocimiento respecto a la vida donde nos encontremos totalmente preparados para todo lo que se nos presente, posiblemente algunas situaciones se nos harán más conocidas y por tanto, sentiremos que eso es algo menos difícil, pero lamentablemente nunca una situación es igual a otra, y lo que sirve como solución en unos casos, no lo es para otros. Por otra parte, no es posible porque el futuro siempre es incierto, efectivamente uno puede determinar ciertas cosas, como por ejemplo, determinar el punto final de un proyectil que es lanzado con tal cantidad de fuerza, con una dirección determinada y con una velocidad específica. A pesar de ello, me parece que la vida no funciona así, aunque muchas cosas parezcan estables, no lo son, nadie puede asegurar nada, puede que pase algo que escape a nuestros pronósticos y nos anule todo el conocimiento que antes teníamos. Por último, me parece que tal frase es imposible de cumplir, puesto que el tomar una buena decisión, implica un juicio posterior a la misma.

Desarrollo del Ser Humano

Pues veamos desde un principio, nuestra vida comienza científicamente al menos con la fecundación del óvulo, hasta ese momento, sólo somos una célula en proceso de división y crecimiento que probablemente hasta los 9 meses de embarazo o menos no debamos enfrentar ningún tipo de situación compleja, puesto que todas nuestras necesidades están cubiertas. El problema comienza en el momento en que nacemos, puesto que somos casi literalmente arrojados al mundo, es decir, alguna fuerza desconocida nos tira sin mayor aviso a un lugar completamente extraño, ni siquiera tenemos ideas de qué somos, simplemente arribamos en un sitio que funciona de una determinada manera, donde operan ciertas fuerzas, donde existen limites físicos, donde existen ciertas normas, cierta estructura, ciertas formas de vida, etc.  Desde este postulado, sólo vamos haciendo lo que nuestras posibilidades nos van permitiendo, a medida que vamos creciendo y conociendo el mundo, este se va complejizando, por esta razón me parece que hablar de madurez como fin es una ilusión, por ejemplo, cuando niños probablemente podamos encontrarnos súper cómodos y estables en nuestro hogar, pero basta con que se inicie el primer día de clases para empezar nuevamente desde cero, digo desde cero porque llegamos a un lugar nuevo y desconocido, de hecho, desde mi perspectiva creo que ningún niño está preparado para ello, puesto que ni siquiera sabe qué es el colegio. Además el saberlo no es lo mismo que vivirlo, es decir, aunque en algún momento creamos que somos maduros para enfrentar la vida y podamos decidir satisfactoriamente sobre cosas que estén a nuestro entendimiento, muy probablemente, a medida que crecemos surjan nuevos elementos en otras dimensiones las cuales nos dejan nuevamente sin preparación y desde cero, por ejemplo, el niño que entra el primer día a clases, el joven que pasa a primero medio, que comienza una relación de pareja, que se casa, que tiene hijos, que envejece, que se enferma, etc. En el mismo momento que se va alcanzando la madurez, ésta se escapa de nuestras manos, sorprendiéndonos con otras situaciones en otros planos, y lamentablemente me parece que esto nunca termina.

¿Juzgar a alguien de inmaduro(a)?

De esta manera, me parece preciso cuestionar tajantemente todas aquellas expresiones cotidianas que se escuchan de otros, o que nosotros mismos utilizamos al calificar el comportamiento, la conducta, las reacciones, o respuestas de tal o cual persona como madura o inmadura. Me parece que debemos ser sinceros, realistas al comprender y asumir, que existe un alto porcentaje de nuestro quehacer en la vida que escapa por completo a nuestro control. Creo que en la vida estamos siendo sorprendidos recurrentemente por situaciones que nos muestran nuestra inevitable condición humana, aquella condición que nos hace equivocarnos en nuestros cometidos, que nos hace reaccionar de forma poco apropiada, tomar decisiones sin saber con certeza que nos reportará o tendrá como consecuencias, por lo que es esa la condición que nos recuerda a la seguridad como sólo un ideal. De esta manera, si el concepto de madurez entendido desde lo cotidiano, no es un fin digno de perseguir sencillamente porque no es posible, entonces, me parece necesario preguntarse ¿qué hacer?. Aunque parezca que quedamos de brazos cruzados, creo que existe un camino real, alcanzable y apropiado que podría aportarnos una nueva forma de entender el concepto de madurez. Si efectivamente estamos conscientes de que somos humanos, y por tanto no tenemos el control total, entonces lo primero que creo que tendríamos que hacer es “aceptarlo”, es decir, ser conscientes de que nos equivocamos, no podemos ver el futuro, tenemos límites, fallamos en nuestro andar, cambiamos constantemente en todo ámbito de nuestra vida, entre muchas otras cosas.

Vivir en una sociedad que inculca el tomar resguardos y asegurar el futuro

La sociedad impidie aceptar que nos equivocamos o que las cosas pueden cambiar de un momento a otro, por ejemplo, hoy en día existen muchas empresas que prometen asegurar su salud, su vivienda, su auto, sus hijos, etc. Así también, la educación pareciera ser el lugar en el cual se asegura un futuro prometedor, quizás en parte esto pueda ser cierto, pero no debemos olvidar que aunque tomemos todos los resguardos del mundo, el futuro siempre nos puede jugar una mala pasada. De esta forma, creo que la aceptación es esencial, sin embargo, no es suficiente puesto que si aceptamos todo lo que nos pasa sin ninguna reflexión, el concepto de madurez pierde sentido, y de ser así nila vida merecería la pena vivirla, es por esto que me parece correcto complementar con el concepto de análisis constante, son tantas las dificultades que enfrentamos y probablemente debamos enfrentar hasta el último día de nuestra existencia, que no nos queda otra que filosofar, cuestionarnos sobre la vida, analizar lo que nos pasa y lo que les pasa a otros, incluso si no nos pasara nada relevante, también me parecería sensato preguntarnos ¿por qué?, es decir poner en cuestión todo, y poder así darle una significación amplia, propia y resultante de nuestro análisis, a nuestras vidas, sin importar que tengamos la misma conclusión que otra persona en algún aspecto determinado, lo importante es que sea realmente un análisis que lo sintamos propio y no copiado.

Conclusiones…

De esta manera, creo que efectivamente la madurez no es un fin digno de ser perseguido, al menos como la idea convencional o mas tradicional que se da desde el sentido común, puesto que a pesar de todo, nuestro futuro siempre es incierto, puesto que incluso con tener mucha experiencia en algo, cada momento, situación, vivencia de la vida es única y tiene sus propia realidad. Sin embargo, creo que se hace necesario re pensar esta idea de madurez, orientada más bien hacia ser consciente de lo que somos, con lo bueno, lo malo, los limites, las equivocaciones, los miedos, etc. Porque finalmente somos humanos, y existen infinitud de cosas que escapan a nuestro control, sumándole que cambiamos a cada instante puesto que tenemos una potencialidad infinita de aprender, y aprender significa cambiar. Es desde ahí, que me parece adecuado vivir, cuestionando constantemente nuestro andar, dándole la mejor interpretación posible, entregándole así, valor y significado a nuestra propia vida. Para finalizar, creo correcto dejar planteada el debate respecto al concepto de madurez, yo al menos dejé trazada mi postura ¿y tú?.

Psicoanálisis Infantil: Neoliberalismo e Infancia

neoliberalismo

Como un reloj la vida se ha programado, las horas de sueño y de vigilia se pautean según los roles que se ejerza, la utilización del tiempo de vida ya ha sido abordada. Así mismo, las relaciones han sido intervenidas, inscritas en un juego de competencia y arribismo. La productividad y la renta como engranajes que configuran la competencia en un sistema que forza los tiempos, que doblega realidades y que sesga de su lineamiento a quien no se acomode a un ideal de rendimiento dentro del mercado, dentro de lo social. La cultura se mimetiza con fenómenos que obedecen a bases capitalistas, como si ya la cultura no hablara de identidad ni historia sino de afiliación a una forma de vida inscrita en los márgenes de la voraz realidad neoliberal, del gran abrazo que este país da a dicho modelo y de la siempre presente y patógena herencia de la dictadura homicida autora de la implementación capitalista (y conejillo de indias norteamericano en tanto a lo mismo).

La influencia del modelo económico en la Infancia

Cuando un(a) niño (a) no puede ver a su padre o madre hasta entradas las horas de la noche y un resto de apurada convivencia a tempranas horas de la mañana, hablamos entonces de relaciones configuradas por el aparato socioeconómico del régimen capitalista y el imperio de la productividad y competitividad. Cuando el(la) niño(a) se levanta seguido de su banco o no siente mayor atención por alguna materia en particular, lo cual le lleva a mirar desde la ventana lo que quizá resulte mucho más interesante, y debido a ello es inserto y procesado por un dispositivo en pos de alinear a aquel sujeto y forzar su vista al pizarrón, anular sus intereses en pos de “lo que debería de importarle”, hablamos entonces de acomodación forzosa, formación en pos de un mercado de trabajo, de educación intransigente para con la subjetividad. Cuando vemos revuelo en tanto a ideales como solidaridad, empatía, respeto y otros no son más que comodines, fantasmas sobre el deber ser que subyacen a una realidad mucho menos considerada, puesto que estos ideales se realzan ante la carencia de los mismos en las dinámicas por las que el mundo gira y muere. Todo esto es cultura, todo esto es intersubetividad y conocimiento, todo esto son aspectos de Otro; fabulas condenadas a ser decepciones, simbolismos de lo ideal mas no de lo real, elementos sínicos que forman parte de aquella historia que se le cuenta al niño sobre el mundo, sobre como debe procurar ser, engañados por ser niños, mentiras puesto que su discurso es visto como desprovisto de mayor verdad, de ulterior análisis, de elaborada percepción. La patología es un engranaje mas, la violencia con la que se le aborda y lo que culturalmente significa; no hay tiempo para estar enfermos, puesto que estar enfermo y estar en sociedad resultan, en algún punto, inconmensurables ante una dicotomía entre pasividad y productividad, el sujeto debe resolver sus conflictos puertas adentro y a la brevedad.

En relación a la acotada disposición horaria – y energética – que rige las dinámicas familiares podemos ver una suerte de fort-da forzado; esto en el sentido de que él(la) niñx DEBE saber lidiar con aquella separación y acercamientos, lidiar con la ausencia de sus padres en razón de una realidad socioeconómica, en razón de un sustento de proyecto de “vida en familia”.

El discurso del Neoliberalismo

El neoliberalismo presenta una noción de infancia mermada en tanto a discurso, produce niñxs que ven condicionada su constitución psíquica por los síntomas de una sociedad enferma, que vuelve sus temores en terrores, que los priva de su identidad o los amedrenta por conservarla, que suple la interacción presencial e integra por una maquina que media su relación con el mundo. La sociedad etiqueta, categoriza, coarta, inhibe, conduce, etc., de lo cual la infancia no salva, puesto que es esencial dentro de la conjetura de un mundo ensimismado. Grandes figuras patológicas de lo clínico se afilian a este modelo , puesto que responden a conductas que son vistas como problemáticas en orden de una formación estandarizada que apunta a una inserción idónea dentro de las presentes y futuras dinámicas del sistema. Todas estas figuras y sus consecuencias estigmatizan al sujeto, se le tabula, se le escucha desde su mismo “déficit”, nociones diagnósticas sin consideración mayor de la historicidad u otras determinantes propias del sujeto en cuestión, y si se les considera es solo dentro de un marco de antecedentes en pos de una conclusión resolutiva del cuadro a padecer, de la conducta a extirpar; saber de inquisición y normalización.

La competición como eje qe rige las relaciones configura una cruda verdad

El(la) niñx se mira a sí mismo en el reflejo del espejo que compondrán sus padres, los cuales podrían desentender a este sujeto de la categoría de “sucesor de calidad” al ser poseedor de algún tipo de déficit, por tanto forzarán la rehabilitación u otras medidas pero, por sobre todo, ensuciará el espejo por el cual el niño se mira para su edificación psíquica. No hay espacio para malestar, por tanto toda condición alternativa a la “normalidad” o “sanidad” implica un obstáculo entre el sujeto y el correcto comercio para con los otros y la sociedad. Así mismo, los resultados de esta lidiar con dichos obstáculos debe ser con celeridad, puesto que no solo no hay espacio sino que no hay tiempo, no hay tiempo para un libre jugar, tiempo para explorar. Y así como la competencia rige las relaciones con los otros, el saber rige la relación para con el mundo, puesto que el conocimiento se acumula en una época de dinero e información, de normalización, donde la versión oficial del saber articula un dispositivo específico respecto a este regulando el cómo el individuo procede, o se procesa, ante una correspondiente situación. Todo esto plantea una noción de sujeto, edifica un tipo de sujeto apto para lo social contemporáneo, un sujeto capaz de producir y de sobrellevar la violencia tanto del proceso productivo como del como está programado el día a día en una sociedad de consumo; este es el mundo con el que se relaciona todx niñx. Mundo que doblega a la infancia a los límites que le dispone, que patologiza toda alternativa al perfil deseado y medicaliza dicha alternativa hasta supuestamente lograr acomodar. No se busca comprender sino acallar, y mientras más ferviente y violento es este intento, más profundas y evidentes son las consecuencias tangibles en la infancia, en lxs niñxs de un mundo siniestro.

Autor: Ramírez Suárez

TOC: ¿Cómo abordar el Trastorno Obsesivo Compulsivo?

trastorno obsesivo compulsivo toc

trastorno obsesivo compulsivoEl trastorno obsesivo compulsivo es percibido con frecuencia como uno de los trastornos más difíciles de tratar en terapia, esto debido a la aparente complejidad y extravagancia de los síntomas y además que suele confundirse y/o convivir con otros trastornos como la ansiedad social, la esquizofrenia e incluso la depresión.

A continuación una introducción a dicho trastorno para poder identificarlo bien y poder entenderlo, en caso de que alguno de los lectores haya sido diagnosticado con TOC, crea tenerlo, o conozca a alguien que necesite tratamiento.

¿Cómo es el Trastorno Obsesivo Compulsivo?

La característica principal del TOC es la ansiedad que lleva de base, la que se refleja en obsesiones o compulsiones. Son comunes los rituales obsesivos tales como lavarse las manos de forma repetitiva, evitar pisar las líneas entre las baldosas, revisar constantemente si la llave del gas está cortada o si las puertas están bien cerradas en la casa. Un buen ejemplo de este tipo de conductas se pueden observar en la película Mejor Imposible, que tiene a Jack Nicholson como protagonista o en el personaje de Sheldon, personaje de la famosa serie The Big Bang Theory.

Las obsesiones incluso pueden no ser acciones físicas con el entorno, sino que también pueden ser ejercicios mentales, como por ejemplo pensar repetitivamente en ciertas palabras o sonidos, o evitar pensar en ciertos temas por que son de carácter inmoral como por ejemplo la sexualidad o el asesinato (lo cual provoca el efecto contrario, que consiste en sobre pensar en esos temas). Pueden existir también temores obsesivos como la idea de poder hacerles daño a los demás o la idea constante de estar ante un daño inminente (una catástrofe por ejemplo).

Si usted tiene alguno de estos síntomas o conoce a alguien que los tenga, lo más probables es que estemos frente a un TOC.

¿Quienes pueden tener TOC?

El trastorno obsesivo compulsivo puede observarse tanto en hombres como en mujeres, de cualquier edad, sin embargo es más frecuente verlo en hombres entre los 15 y 25 aprox. Aparece con más frecuencia en hijos de padres muy sobreprotectores y en miembros de familias muy aglutinadas.

¿Es necesaria la terapia en el Trastorno Obsesivo Compulsivo?

Si bien una persona puede vivir toda su vida con este trastorno sin sentirlo como un problema, es aconsejable buscar tratamiento cuando los efectos de este se vuelven imposibles de sobrellevar y comienzan a mermar la calidad de vida.

Uno de los efectos más comunes que se pueden observar es la tendencia al aislamiento social, muchas veces provocado por la dificultad de llevar a cabo los rituales en contextos sociales, lo que puede llevar a que la persona deje el trabajo, el colegio o la universidad, con tal de evitar que piensen que es extraño su comportamiento o porque pueden llegar a ser personas con las cuales se es muy difícil convivir o compartir.

El aislamiento lleva muchas veces a la depresión, ya que deja al individuo atrapado en una vida rutinaria y sin contacto con otros, lo que confirma además que el ser humano precisa del contacto social para tener una buena salud mental.

La terapia

Para poder tratar el TOC es necesario que el paciente pueda llegar a comprender el cómo se fue rigidizando a través de los años la sintomatología antes señalada y el cómo su manera de ser juega un rol fundamental en la mantención de esta. Desde mi enfoque terapéutico, pienso el TOC como una consecuencia de altos niveles de angustia y ansiedad, provocados por una percepción de incertidumbre y amenza constante en un mundo que se siente difícil de poder controlar. Es clave por tanto poder encontrar junto al paciente dónde y cómo, aparecen estos altos niveles en su vida diaria y en su historia. Cada paciente con TOC, como cada persona, tiene una historia de vida detrás, por lo tanto una historia única acerca del cómo la necesidad de certeza y la ansiedad que esta produce, se volvieron importantes a la hora de relacionarse con los otros.

Resulta vital, en cuestión, que el paciente en conjunto con el terapeuta puedan hacer un recorrido fidedigno a través de los hechos vitales que den cuenta de su aparición y así comprender su raíz y su funcionamiento.Como señalé anteriormente, los rituales y las obsesiones cumplen una función de dar una sensación de control sobre el entorno. Los síntomas del TOC, por tanto, pueden desaparecer, en la medida que la persona comprenda cómo es que los necesita para no verse abrumado por la incertidumbre. La terapia beneficia en la medida que permite a la persona acogerse, comprenderse, conectarse con la emoción y apropiarse de lo vivido. Una vez logrado esto, se puede dar un gran paso adelante.

Adolescencia: El momento adolescente

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“La adolescencia no es la edad de la venganza, ni de la enemistad, sino de la conmiseración, de la clemencia y de la generosidad” (Rousseau, J)

La adolescencia es un momento y consta tan sólo de unos pares de años, en nuestra cultura occidental sabemos que los adultos son el producto de procesos naturales que parten de la adolescencia y que avanzan hacia delante guiados por las tendencias propias del crecimiento las cuales atraviesan numerosas crisis que ofrecen a su vez un nuevo mundo por descubrir y que se resuelven con el tiempo. Por naturaleza los adolescentes tienden a asilarse, ya que dicho momento crítico puede ser un punto de partida para la culminación de las relaciones entre individuos y de la socialización mediante la integración de gustos compartidos entre pares. En este sentido, la tolerancia es una herramienta básica para los padres con la cual pueden no procurarles dificultades innecesarias.

El adolescente transita en un camino que lo llevará a convertirse en un adulto idealmente responsable y socializado, pero para ello éste debe afrontar sus propios cambios personales que muchas veces se convierten en algo insoportable que pueden ser expresados como formas de su malestar en manifestaciones relacionadas con la violencia, toxicomanías, bullying o conductas de riesgo. Para comprender una parte de aquello el entorno del adolescente desempeña un papel de mucha importancia, ya que dichas dificultades muchas veces provienen de factores ambientales, por lo tanto hay que aproximarse a las relaciones sociales tanto en el marco familiar como también en su entorno, como por ejemplo, la escuela, clubes, etc.

Mientras tanto físicamente el o la adolescente crece y se fortalece día a día, paralelo a ello surgen una seguidillas de necesidades, con las que podríamos suponer un velo de debilidad ya que muchas de aquellas no están resueltas, pero que considerablemente se encuentran en armonía en su condición de humano, por lo tanto podríamos suponer que como hombre adulto es aún frágil, pero como un niño es demasiado fuerte. Lo anterior se convierte en uno de los conflictos más frecuentes que se pueden observar en adolescentes por lo tanto el trabajo terapéutico consiste principalmente en otorgar un espacio en donde el o la adolescente está en condiciones de tolerar una fórmula de transacción.

Pataletas: ¿Qué son y por qué ocurren?

pataletas

Algunos padres se preguntan ¿por qué mi hijo/a reacciona con pataletas?. Es frecuente observar en las calles cómo los padres se ofuscan, se ponen nerviosos, e incluso se desesperan frente a la pataleta de su hijo/a que no cesa de llorar y gritar.

Para empezar, es preciso saber que los niños no generan pataletas para molestar o para manipular a sus cuidadores. Si usted ha llegado a pensar esto, recuerde de inmediato que su hijo/a sólo tiene un par de años de vida y su cerebro todavía inmaduro no es capaz de procesar la frustración de deseos no satisfechos o de expresar emociones de manera asertiva, en definitiva, no poseen las mismas habilidades que los adultos para comunicarse, menos aún para elaborar estrategias “manipuladoras”.

¿Qué son las pataletas?

Las rabietas o pataletas serían una forma de comunicación, y a veces también pueden convertirse en un método para expresar o conseguir algo. Para el niño/a es una iniciativa de comunicación y necesita que los adultos puedan brindarle un espacio, sin que éstos salgan corriendo, ni se descontrolen ante su dificultad de regulación. Al contrario, un niño/a con pataleta está pidiendo a gritos que el adulto sea capaz de mantenerse tranquilo para calmarlo, un niño con pataleta espera que sus cuidadores le otorguen un espacio para tratar esos sentimientos de frustración que le ofuscan (que puede ser desde que no se le compró un dulce, hasta que haya perdido en un juego).

Es justamente en ese espacio que el adulto tiene la responsabilidad de estructurar y brindar orientación al niño/a, reflejarle lo que le está pasando y por ende comprender su emoción: “estás enojado, porque no pudiste ganar, lo cierto es que a veces se gana, y otras veces se pierde, después un rato te podrás calmar para volver a jugar”. Esta acción tiene dos poderes: ayudar al niño/a a “leer” su emoción (y esbozar el camino hacia la autorregulación), y posicionar al adulto como figura de autoridad, retribuyéndole el saber de lo que siente y lo que debe hacer, de esta forma, una vez más calmado, el niño se puede dejar orientar por su cuidador, quien no utilizó un método  coercitivo ni de evitación con su pataleta, sino que fue capaz de acompañarlo en la frustración y orientarle.

Errores de los Adultos…

Un error frecuente en adultos es comenzar a justificarle a los niños un largo argumento de  porqué es que deben hacer las cosas. Lo cierto, es que a un niño menor de 4 años, con largas explicaciones sólo logrará confundirlo, y que pierda la noción de lo que es fundamental versus lo que es debatible. El niño/a necesita de estructura y reglas para poder anticipar su conducta y comprender sus efectos, intente comunicar las reglas en un lenguaje directo y conciso. Es muy importante que las reglas sean consistentes y se mantengan en el tiempo, si el niño/a escucha a sus padres contradecirse, luego pierde poder de anticipación a conflictos, y su mente se confunde. Sea claro, e intente mantener  la mezcla entre firmeza y afecto en la comunicación, sólo es cuestión de tiempo y repetición, para que su hijo comience a reponerse en menos tiempo ante una pataleta, y finalmente logre regularse.

Ps. Valeria Salas Fontecilla

Celos: ¿Por qué surgen? ¿Deben Tratarse?

celos

celos

No se trata sólo de controlar los celos, sino de entender que es un problema que necesita atención profesional y, en algunos casos, un extenso tratamiento. Y es que este problema puede ser muy peligroso cuando no es tratado, pues puede obnubilar a tal punto a una persona que puede llevarla a cometer suicidio o asesinato, tal como últimamente hemos visto en numerosos casos de femicidio en Chile. Y es que los celos no son un problema menor.

Como poco se sabe de este tema, quien enfrenta esta emoción pocas veces comprende de que se trata de un real problema. En un principio, siempre parece haber razones para sentirla, razones que se supone tienen que ver más con nuestra pareja que con nosotros mismos. Creemos que la solución al problema es hacer que nuestra pareja cambie. Pero independientemente que haya o no razones válidas para sospechar de nuestra pareja, los celos tienen mucho más que ver con nosotros mismos que con ella, puesto que el anticiparse continuamente a un acto de infidelidad tiene relación con aquello a lo que más le tememos: el ser defraudados.

Algunas personas nunca habían sido celosas, pero después de una experiencia de infidelidad en una relación anterior o, incluso en la misma relación, las cosas ya no vuelven a ser las mismas. La persona en la que se supone debemos confiar, apoyarnos y querer incondicionalmente, ahora se ve como una persona que también tiene la posibilidad de caerse, más allá de lo que nos pueda decir o incluso de lo que podamos saber de ella. Por otro lado, cuando existen conflictos de pareja, las alertas de que algo ocurra se activan inmediatamente: el sentir que el otro es frío o ya no le motivan las mismas cosas, puede ser leído como un posible engaño, lo cual cambia negativamente nuestra actitud hacia nuestra pareja y hace que nuestra pareja se distancie cada vez más, lo cual se transforma en un círculo vicioso.

¿Controlar sirve para ser menos celosos?

Con el auge de los smartphones, las redes sociales, los dispositivos GPS y varias otras tecnologías, la posibilidad de hacer seguimiento a la pareja en los momentos que no está junto a nosotros es cada vez mayor. Saber cuáles son sus amigos, qué habla con ellos, en que tono son esas conversaciones, etc., nos da una cierta noción de cuán fiel nos puede estar siendo a nuestras espaldas. Muchas personas que llegan a nuestra consulta han comenzado una crisis de pareja tras haber descubierto mensajes por facebook u otras redes sociales de su pareja con alguien más, en un tono romántico.

Ahora bien, ninguna tecnología nos da una completa certeza sobre la otra persona y eso todos lo saben. Primero, porque así como es fácil poder espiar a través de las redes sociales, tambiés es fácil ocultar información (ver fuente). Y segundo, porque el control la mayoría de las veces termina generando más malos entendidos que ayudando, puesto que sólo nos habla de la actitud externa de nuestra pareja y no sobre lo que realmente siente, eso queda a nuestra interpretación. Para conocer realmente las intenciones de la otra persona y qué es lo que siente por nosotros el camino es diferente. La condición básica para esto es saberse comunicar en serio. Comunicarse es el requisito previo para conocerse y conocerse es el requisito previo para confiar. Los celos siempre surgen cuando no se conoce de verdad a la otra persona, aunque creamos que si y aunque pasemos mucho tiempo con ella. Si realmente la conocemos podríamos saber qué puede y qué no puede llegar a hacer en términos de lo que esperamos como fidelidad.

¿Qué se busca con el tratamiento psicológico de los celos?

La terapia de pareja en Chile Psicólogos enfocadada a tratar el problema de los celos busca lograr una comunicación que permita a los miembros de la pareja conocer con certeza qué siente la otra persona y cuál es su grado de compromiso en la relación. Las consecuencias de esto pueden derivar en dos posibles resultados: restablecer una confianza genuina y prescindir del control o bien darse cuenta que nuestra pareja no tiene el mismo nivel de afecto o compromiso por nosotros y tener los elementos suficientes para tomar una decisión de seguir o terminar. Y es que, a fin de cuentas, los celos siempre guardan relación con un estado de temor a la decepción, a la soledad, alimentado por la duda de no saber realmente qué siente nuestra pareja y cuáles son sus intenciones. De este modo, la terapia intenta resolver este punto crucial.

La Universidad y la Crisis Vocacional

crisis vocacional

Jorge tiene  20 años, es un alumno de tercer año de sociología, durante los primeros dos años fue un alumno destacado, sacaba notas nunca inferiores a 5.5, solía eximirse de la mayoría de los ramos y asistía al 90% de las clases durante cada semestre. Le gustaba mucho asistir a la universidad, porque disfrutaba las clases y porque había creado lazos de amistad muy fuertes.

La carrera hasta este momento a Jorge le había parecido interesante, cada semestre iba formando y moldeando un concepto de cómo iba a ser todo una vez que saliera de la universidad, el siguiente paso, el paso al mundo laboral. Jorge siempre se sintió confiado respecto a sus capacidades, a sus metas y todo parecía indicar que iba por buen camino.

Ya solo queda un mes para terminar el primer semestre y hasta el momento Jorge está reprobando 3 ramos, uno de los cuales le significaría atrasarse un año entero, de pronto se siente desganado, ha asistido a la mayoría de las clases pero siente que no entiende, la confianza y las herramientas de antes parecen haberse ido de sopetón,  con total seguridad sabe que reprobará esos ramos, ya no le gusta su carrera y se siente ajeno a todo lo que está pasando en su vida.

“Está pasando por una crisis vocacional” dice la madre de Jorge, con tono molesto, señalando además que su hijo recién en cuarto año se le ocurre decir que no está seguro con la carrera que está estudiando.

Probablemente Jorge tenga la sensación de que todo lo que sintió antes respecto a su carrera no es real, que no es la persona que pensaba.

¿Cómo podemos explicar el cambio?

Jorge vive con sus padres y su hermana, siempre han sido de una situación económica de clase media, son una familia unida. Sus dos padres son profesionales y siempre han trabajado los dos. La hermana tiene 18 años y se supone que este año salga del colegio. Hace un año que al padre de Jorge lo despiden del trabajo, por lo que la madre tiene que empezar a hacerse cargo económicamente de la familia. El padre va de entrevista en entrevista y en ningún lugar lo contratan por ser ya muy mayor. En un comienzo Jorge no le prestaba atención a la situación, ya que pensaba que  eventualmente su padre encontraría un trabajo y que todo volvería a ser como antes.

Poco a poco Jorge se va dando cuenta que la situación no mejora, que las deudas van en aumento, que el sueldo de la madre no alcanza, que el padre se frustra y ahí está él, sin sentirse capaz de ayudar demasiado. Comienza a pensar en el futuro, se da cuenta que el sueldo que él va a ganar cuando se titule es bastante menor a lo que creía, que eligió una carrera poco rentable a su parecer, que lo más probable es que se tengan que ir a vivir a otra parte, que la hermana no va a poder estudiar después de salir de cuarto medio y el mundo tal como lo conocía lo empieza a poner en aprietos y se comienza a sentir exigido por el entorno a que busque una solución sin que nadie le pida nada.  Ya no se puede concentrar, siente culpa de no estar haciendo nada para ayudar a su familia, se siente egoísta de no buscar un trabajo además de la universidad, deja de estudiar para las pruebas, de ir a clases, comienza a sacarse rojos y a empezar a cuestionarse por qué eligió esa carrera.

Jorge está pasando por una crisis vocacional, ya que no está seguro que la carrera que haya elegido sea la correcta para el futuro que alguna vez planeó antes de que despidieran a su padre y se pregunta si acaso debió poner sus energías en una carrera más “rentable”, pensar más en el futuro y si acaso  fue egoísta en elegir una carrera solo por gusto. Todas estas dudas hacen que su rendimiento baje y que la sensación de derrota sea insoportable.

¿Cómo se presentan las crisis vocacionales?

Las crisis vocacionales pueden ocurrir cuando se tiene que elegir una carrera o cuando ya se está cursando una. Es importante poder analizar las causas detrás de dichas crisis y en qué medida se pueden resolver los factores que la provocan.

El contexto chileno hace muy difícil el poder estudiar una carrera universitaria debido a sus altos aranceles y existe la presión de que si no se le va a acertar a la decisión vocacional difícilmente se podrá volver a decidir, sobre todo si ya se está en los últimos años de una carrera.

La carrera que se estudia y que se elige va acompañada de una visión de cómo va a ser el futuro, de cómo ha sido uno, de cómo es uno hoy y va construyendo una identidad, un sentido del sí mismo en relación a una ocupación laboral.

Durante la universidad las personas van creándose un proyecto de sí mismos de forma más manifiesta que en el colegio. Se hace una aproximación más seria al mundo adulto, a un mundo que fomenta más la independencia, la toma de decisiones y la creación de un proyecto en relación a la sociedad (tener hijos, casa, auto, empleo estable, etc).

La vida se presenta como un camino lleno de obstáculos y de cambios, sin embargo, la sociedad en la que vivimos fomenta la construcción de un personaje en relación a una profesión de por vida, la cual debe mantenerse en función del proyecto óptimo del adulto típico.

Muchas crisis vocacionales o cuestionamientos acerca de las decisiones en relación a la dirección de vida que se va a tomar, ocultan situaciones complejas propias del vivir: problemas familiares, económicos, muertes de un cercano, rompimientos de pareja, embarazos, que por supuesto cambian constantemente  la forma en la que el futuro va a ser. Cuando no se van cumpliendo las metas ideales propuestas en un principio pueden aparecer los cuestionamientos (internos o externos), las dudas acerca de las propias capacidades “para terminar lo que empecé”, los deseos de renunciar, la sensación de no poder con la vida.

Justamente la sobre exigencia puede ignorar que los contextos van cambiando todo el tiempo y que incluso nosotros mismos cambiamos y no siempre tenemos las mismas herramientas y aspiraciones.

¿Si todo va cambiando siempre, entonces cómo se puede elegir una carrera que te va a definir de por vida?

La respuesta a la pregunta anterior me parece que idealmente tiene que ser esta: Buscando la opción que más se asimile a tu propia historia.

Lo que no cambia en la vida es que tu historia es tu historia, que lo que te ha acontecido te ha permitido aprender a resolver ciertos problemas, que lo que has aprendido te ha entregado ciertas herramientas, que lo que proyectas a futuro tiene que ver con algo del pasado que se quiere mejorar, pulir o modificar. O sea siempre se es el uno mismo de hoy, movilizándose hacia el futuro a partir de las experiencias pasadas, comprendiendo, sacando conclusiones y aprendiendo constantemente.

El elegir una carrera no puede ser tomado con liviandad y ligereza, no puede ser tomada por que en el momento era la opción menos mala o porque el resto me lo dijo o exigió,
si no existe una claridad respecto de quién soy yo, por qué quiero estudiar, cómo pretendo ser, las probabilidades de éxito son bastante mínimas.

El poder tener una comprensión acabada de cómo se es, para qué se puede ser bueno, pide tener una comprensión más acabada acerca de la historia vivida, implica tener una seguridad respecto de estar en los propios pies al momento de tomar una decisión lo más coherente posible.

Consultar con un terapeuta puede facilitar el poder reconocerse en esa historia y comprender cual es el camino que merece ser construido.