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Psicoanálisis Infantil: Neoliberalismo e Infancia

Como un reloj la vida se ha programado, las horas de sueño y de vigilia se pautean según los roles que se ejerza, la utilización del tiempo de vida ya ha sido abordada. Así mismo, las relaciones han sido intervenidas, inscritas en un juego de competencia y arribismo. La productividad y la renta como engranajes que configuran la competencia en un sistema que forza los tiempos, que doblega realidades y que sesga de su lineamiento a quien no se acomode a un ideal de rendimiento dentro del mercado, dentro de lo social. La cultura se mimetiza con fenómenos que obedecen a bases capitalistas, como si ya la cultura no hablara de identidad ni historia sino de afiliación a una forma de vida inscrita en los márgenes de la voraz realidad neoliberal, del gran abrazo que este país da a dicho modelo y de la siempre presente y patógena herencia de la dictadura homicida autora de la implementación capitalista (y conejillo de indias norteamericano en tanto a lo mismo).

Cuando un(a) niño (a) no puede ver a su padre o madre hasta entradas las horas de la noche y un resto de apurada convivencia a tempranas horas de la mañana, hablamos entonces de relaciones configuradas por el aparato socioeconómico del régimen capitalista y el imperio de la productividad y competitividad. Cuando el(la) niño(a) se levanta seguido de su banco o no siente mayor atención por alguna materia en particular, lo cual le lleva a mirar desde la ventana lo que quizá resulte mucho más interesante, y debido a ello es inserto y procesado por un dispositivo en pos de alinear a aquel sujeto y forzar su vista al pizarrón, anular sus intereses en pos de “lo que debería de importarle”, hablamos entonces de acomodación forzosa, formación en pos de un mercado de trabajo, de educación intransigente para con la subjetividad. Cuando vemos revuelo en tanto a ideales como solidaridad, empatía, respeto y otros no son más que comodines, fantasmas sobre el deber ser que subyacen a una realidad mucho menos considerada, puesto que estos ideales se realzan ante la carencia de los mismos en las dinámicas por las que el mundo gira y muere. Todo esto es cultura, todo esto es intersubetividad y conocimiento, todo esto son aspectos de Otro; fabulas condenadas a ser decepciones, simbolismos de lo ideal mas no de lo real, elementos sínicos que forman parte de aquella historia que se le cuenta al niño sobre el mundo, sobre como debe procurar ser, engañados por ser niños, mentiras puesto que su discurso es visto como desprovisto de mayor verdad, de ulterior análisis, de elaborada percepción. La patología es un engranaje mas, la violencia con la que se le aborda y lo que culturalmente significa; no hay tiempo para estar enfermos, puesto que estar enfermo y estar en sociedad resultan, en algún punto, inconmensurables ante una dicotomía entre pasividad y productividad, el sujeto debe resolver sus conflictos puertas adentro y a la brevedad.

En relación a la acotada disposición horaria – y energética – que rige las dinámicas familiares podemos ver una suerte de fort-da forzado; esto en el sentido de que él(la) niñx DEBE saber lidiar con aquella separación y acercamientos, lidiar con la ausencia de sus padres en razón de una realidad socioeconómica, en razón de un sustento de proyecto de “vida en familia”.

El neoliberalismo presenta una noción de infancia mermada en tanto a discurso, produce niñxs que ven condicionada su constitución psíquica por los síntomas de una sociedad enferma, que vuelve sus temores en terrores, que los priva de su identidad o los amedrenta por conservarla, que suple la interacción presencial e integra por una maquina que media su relación con el mundo. La sociedad etiqueta, categoriza, coarta, inhibe, conduce, etc., de lo cual la infancia no salva, puesto que es esencial dentro de la conjetura de un mundo ensimismado. Grandes figuras patológicas de lo clínico se afilian a este modelo , puesto que responden a conductas que son vistas como problemáticas en orden de una formación estandarizada que apunta a una inserción idónea dentro de las presentes y futuras dinámicas del sistema. Todas estas figuras y sus consecuencias estigmatizan al sujeto, se le tabula, se le escucha desde su mismo “déficit”, nociones diagnósticas sin consideración mayor de la historicidad u otras determinantes propias del sujeto en cuestión, y si se les considera es solo dentro de un marco de antecedentes en pos de una conclusión resolutiva del cuadro a padecer, de la conducta a extirpar; saber de inquisición y normalización.

La competición como eje qe rige las relaciones, dentro de los muchos efectos, configura una cruda verdad; el(la) niñx se mira a sí mismo en el reflejo del espejo que compondrán sus padres, los cuales podrían desentender a este sujeto de la categoría de “sucesor de calidad” al ser poseedor de algún tipo de déficit, por tanto forzarán la rehabilitación u otras medidas pero, por sobre todo, ensuciará el espejo por el cual el niño se mira para su edificación psíquica. No hay espacio para malestar, por tanto toda condición alternativa a la “normalidad” o “sanidad” implica un obstáculo entre el sujeto y el correcto comercio para con los otros y la sociedad. Así mismo, los resultados de esta lidiar con dichos obstáculos debe ser con celeridad, puesto que no solo no hay espacio sino que no hay tiempo, no hay tiempo para un libre jugar, tiempo para explorar. Y así como la competencia rige las relaciones con los otros, el saber rige la relación para con el mundo, puesto que el conocimiento se acumula en una época de dinero e información, de normalización, donde la versión oficial del saber articula un dispositivo específico respecto a este regulando el cómo el individuo procede, o se procesa, ante una correspondiente situación. Todo esto plantea una noción de sujeto, edifica un tipo de sujeto apto para lo social contemporáneo, un sujeto capaz de producir y de sobrellevar la violencia tanto del proceso productivo como del como está programado el día a día en una sociedad de consumo; este es el mundo con el que se relaciona todx niñx. Mundo que doblega a la infancia a los límites que le dispone, que patologiza toda alternativa al perfil deseado y medicaliza dicha alternativa hasta supuestamente lograr acomodar. No se busca comprender sino acallar, y mientras más ferviente y violento es este intento, más profundas y evidentes son las consecuencias tangibles en la infancia, en lxs niñxs de un mundo siniestro.

Autor: Ramírez Suárez